lunes, 18 de junio de 2012

Mariana Díaz, María Urtubey, Maruja Bustamante y Felicitas Kamien: Los derechos de la salud, Los insolados, Trabajo para lobos y El cisne




Cuatro directoras en sintonía con los problemas sociales

Ocurre muchas veces en el mundo artístico: varias obras tocan un tema en común, quizás producto del inconsciente colectivo. Actualmente hay cuatro piezas que tratan temas relacionados con la reciente ley.

H ablaban de lo mismo y no lo sabían. Sin ser conscientes que en el Senado y por el pedido histórico de cientos de familias se estaba por aprobar la ley de muerte digna, es decir, una legislación que le permite a pacientes y familiares limitar el tratamiento médico en caso de enfermedades terminales o irreversibles, un grupo de escritoras y directoras de teatro estrenaban sus obras sobre estos temas. Como muchas veces pasa en los escenarios, los artistas están en sintonía con los problemas sociales y los vuelven ficción.
Tiempo Argentino se reunió con las cuatro directoras que tienen en cartel obras de teatro que se refieren a la muerte digna. Sin darse cuenta, sus historias hablan de la angustia de los familiares y la dificultad de tomar semejante decisión. Los mismos miedos que plantearon las familias que impulsaron la ley. Los espectáculos en cuestión son: Los derechos de la salud (texto de Florencio Sánchez que dirige Mariana Díaz), Los insolados (pieza de Hernán Moran, que dirige junto a María Urtubey), Trabajo para lobos (de Maruja Bustamante) y El cisne (opera prima de Felicitas Kamien). Juntas, las directoras cuentan lo que significa escribir y actuar la muerte y cómo cambió la relación con el público cuando se aprobó esta ley.

LAS HISTORIAS. Los derechos de la salud es una obra que escribió Florencio Sánchez en 1907. En la historia, la familia de Luisa intenta ocultarle que está enferma de tuberculosis, en complicidad con su médico. El espectáculo funciona como un melodrama sobre los derechos de los enfermos terminales y las repercusiones en su círculo íntimo. “Luisa se la pasa tratando de averiguar qué callan sus familiares. Además, la convivencia forzada entre su hermana y su marido genera una historia pasional entre ellos”, cuenta Mariana Díaz, la directora.
Los insolados está escrita por Hernán Morán a partir de diez personajes de los cuentos más célebres de Horacio Quiroga. El argumento ubica a Alicia, que padece una enfermedad misteriosa. Su marido, Jordán, no quiere que la vean más médicos y decide llevársela al monte junto a su hermano menor y sus criados. “La obra plantea la negación del marido sobre su enfermedad, mientras que Alicia trata de reconciliarse con todas las cosas que la rodean para tratar de irse de la mejor manera posible”, dice María Urtubey.
Trabajo para lobos, el último espectáculo de Maruja Bustamante, reúne a tres hermanos y una madre adicta a los psicofármacos que se encuentran en la casa de crianza para llevar adelante la voluntad del padre antes de entrar en coma vegetativo: practicarle la eutanasia. “Los personajes justamente niegan toda el tiempo que esa persona ya no está, que su estado no le permite vivir ni compartir nada. Ellos están más preocupados por sus propios trapitos, que por el padre que está en la cama”, explica Bustamante.
En El cisne, Felicitas Kamien recurre al mito “del canto del cisne” para contar su relato. Bellos y largos, los cisnes no emiten sonido durante toda la vida. Sólo rompen la mudez cuando están a punto de morir. En ese mismo instante, cantan de una manera armoniosa y casi mágica. Dice Kamien: “En la obra, tres hermanas y una madre están conviviendo hace muchos años con un padre enfermo. El está en coma hace tiempo, hasta que en un momento, después de idas, peleas y trámites, deciden desenchufarlo, para dejarlo ir. La obra arranca con esa decisión, pero tiene un giro extraordinario y es que el padre se despierta.”

–En todas las historias se hace hincapié en cómo afecta al entorno familiar el hecho de una muerte cercana. ¿Por qué decidieron hablar de eso?
Mariana Díaz: –Justamente el dilema de una persona moribunda es el dilema que se le presenta a sí misma y lo que pasa con su entorno. No colapsa sólo ella, sino los que la rodean. Más aun si la persona pierde las riendas de su vida, pasa a ser un problema del entorno.
Felicitas Kamien: –Mi obra está atravesada por lo fantástico y lo extraordinario. El enfermo tiene un estado bastante onírico, no tiene una conciencia muy clara de lo que le está sucediendo. Entonces, el relato más afectivo tiene que ver con su entorno. El mundo que cuenta la obra tiene que ver con la familia y sus vínculos; el enfermo es un objeto. El concepto de muerte está mucho más ligado al entorno que a quien lo vive.
Maruja Bustamante: –Yo siempre me uno a mis vivencias para escribir. Nunca tuve una muerte cercana en mi familia. Mi bisabuela se murió a los 99 años y cuando se estaba por morir le dijo a mi papá: “¿Vas a traer el mate?”. Y él le dijo: “Sí, pero andá preparándote porque ya vienen los extraterrestres a buscarte”. Ellos jugaban a que los iban a buscar los extraterrestres y se iban a ir a otro planeta. Mi familia es así. Nuestras obras hablan de negar la muerte y en mi familia pasa lo mismo.
María Urtubey: –Es interesante plantear la aceptación de cada persona con respecto a la muerte. En pos de defender al enfermo, uno llega a hacer cosas, a veces, siniestras. En Los insolados, el esposo se propone cuidar a su mujer con plantas de la selva. Pero ella se muere y sabe lo que va a pasar. La obra plantea que es el resto el que no sabe qué hacer con la muerte.
–¿Es difícil tratar la muerte en el teatro?
MD: –Para nosotros es un tabú enorme hablar de la muerte. En mi caso, Florencio Sánchez, a principios del siglo pasado, escribió un texto que sigue absolutamente vigente. La ley de muerte digna logró, además, instalar el tema: en la peluquería la gente habla de la eutanasia. Lo digo porque en otras sociedades no hay una negación tan grande con la muerte, como pasa en nuestro caso.
FK: –Desde que el ser humano tiene conciencia de la muerte, toda su existencia está determinada por la idea de que se va a morir. El concepto de tiempo y de la vida está ligado a la muerte, todo tiene que ver con la conciencia de finitud.
MU: –Si hay dos cosas que no vamos a controlar nunca son el amor y la muerte. Nunca te vas a enamorar del que te conviene y la muerte no la podemos evitar.
–¿Sus obras plantean un dilema moral sobre dejar morir a una persona?
FK: –Estamos tan atravesados por eso. En El cisne hay muchos planos emocionales. Si se piensa en el otro, si veo a los demás reventados y el otro que no tiene ni conciencia de lo que está pasando. ¿Si se entera que lo desenchufé?
MU: –Siempre hablamos de que toma la decisión el que está sano, pero cuando el que está enfermo decide morir, ¿cuántas veces estamos dispuestos a aceptarlo? En mi caso, Jordán, el personaje de su marido, se siente traicionado por el hecho de que su esposa se deja morir. También hay que plantearse hasta qué punto se sostiene la vida artificialmente.
FK: –Pareciera que es la obligación de vivir, no el derecho de vivir.
–¿Qué valor le da la nueva ley de muerte digna a sus obras?
MB: –No puedo creer que apareciera el tema de la ley de muerte digna, porque es algo que tengo en la cabeza desde 2008. Tardé mucho en hacer esta obra. Yo siempre voy a la astróloga para preguntarle cuándo me conviene estrenar y ella me dijo que yo soy portadora de mensajes, y cuando aparece la ley, me pegó muy fuerte. La gente hace mucha catarsis en esta obra. Es un espectáculo que no tiene ternura, sí momentos lúdicos, mi lado infantil, pero es un poco más áspera y eso me daba miedo. Hay gente que se tensa, otros que lloran mucho.
MD: –El texto de Florencio Sánchez está atravesado por un discurso médico totalmente actual: el discurso de la medicina que prolonga a costa de todo, que trata al paciente como un diagnóstico.  Es muy loco pensar que pasaron 104 años y que estamos hablando de lo mismo. Eso repercute con la nueva ley.
MU: –Yo pensaba en la madre que fue la impulsora de esta ley y todo el calvario que tuvo que sufrir, de por sí, con su hija. Ella está hablando de la dignidad de su hija, es muy feo perder la dignidad. En un hospital te van degradando minuto a minuto, te van invadiendo el cuerpo. Es terrible encontrarse en la situación de decir: “Ojalá que se muera, porque es lo mejor que le puede pasar.”
MB: –Mi papá cuando yo era chica, decía al aire: “Dios, si me estoy por quedar lelo, dame diez minutos que me pego un tiro.” Gritaba eso a la mañana y se iba trabajar.  <

Felicitas Kamien
Es directora, dramaturga y actriz. Se formó como actriz con Agustín Alezzo, Ricardo Bartís y Alejandro Catalán. Paralelamente, se recibió de Licenciada en Sociología (UBA) en 2004.
Desde 2006 entrena “expresión del movimiento” con Ana Frenkel. Es autora de Ojalá que no y El cisne. Esta última es la más reciente ganadora del premio TBK 2010 y obtuvo una mención de honor en el concurso Obras Inéditas de Teatro FNA 2010.
En 2001, trabajó en La tintorería, bajo la dirección de Martín Kahan, dentro del espectáculo Revoque Grueso, en el Sportivo Teatral. En 2003, actuó en la obra de Bernardo Cappa, Coágulo, bajo la dirección de Fabián Politis, con la que participaron en el Festival de Oriente en Venezuela; y en 2005 en Me dio lástima decirte que no, de y dirigida por Bernardo Cappa.

María Urtubey
Estudió en 2009 en la Ecole Florent de París. Se preparó en dirección con Ciro Zorzoli, teatro clásico con Franklin Caicedo, e improvisación junto a Fabio “Mosquito” Sancineto. Además, completó la carrera de formación actoral de Beatriz Urtubey.
Entre sus trabajos, se ocupó de la dirección de actores en Urdinarrain, de Hernán Moran y como actriz en Quetren, de Yamila Grandi. Fue asistente de dirección de varias de las obras de José María Muscari y asistente artística de los ciclos de biodrama del Teatro General San Martín.

Maruja Bustamante
Nació en Buenos Aires en 1978. Dice que quería ser vedette, a los ocho años se probó una estola de plumas y dejó su curso de danzas clásicas. Pero el cuerpo no le dio y escribió poemas al respecto, que su maestra de séptimo grado perdió y gracias a este accidente se recibió de la primaria con el premio a mejor alumna en Lengua y Literatura. Es actriz, performer y directora. Escribe teatro y estudió cine en la Universidad del Cine.
Participó en 28 obras en los últimos diez años, alternando los roles. Entre sus obras más destacadas se encuentran: Adela está cazando patos, Mayoría y Paraná Porá (Beca de Creación del Fondo Nacional de las artes).
Se ha formado con maestros como Helena Tritek, Mauricio Kartun, Ariel Barchilon y Ricardo Bartis.

Mariana Díaz
Egresó de la carrera de Actuación de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD). Desde 2006 hasta 2011 fue alumna de dirección, de Juan Carlos Gené. También estudió con Lorenzo Quinteros y Ricardo Bartis.
Tomó clases de clown con Raquel Socolowicz, Gabriel Chamé y Hernán Gené, y dramaturgia con Mauricio Kartun y Ariel Barchilón. Como actriz, participó en diversas producciones independientes bajo la dirección de Jaime Kogan, Diego Kogan, Adrián Canale, Fernando Fagnani, Carlos De Matteis y Paco Redondo, entre otros.
Estrenó Las neurosis sexuales de nuestros padres de Lukas Bärfuss, El enemigo de M. Cardozo y En alta mar de S. Mrozek.

Fuente: Tiempo Argentino

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