martes, 7 de agosto de 2018

Ojalá las paredes gritaran


Más Hamlet, por favor

Por Hernán Salcedo

¿Otra vez Hamlet? ¿Hasta cuándo? Hay una nueva versión del clásico de William Shakespeare en Buenos Aires. Es un ensayo, pero eso no es motivo para perder la categoría de obra de teatro. En los últimos años el workshop se ha transformado en un recurso estético atractivo y hasta se podría decir que se trata de un género en sí mismo. Son obras en proceso, investigaciones en las que se le abre la puerta al espectador para espiar.

Existen numerosas obras de teatro que se estrenan aunque sus responsables deberían aceptar que permanecen en instancia de ensayo y dorarse un poco más al horno. No es el caso de “Ojalá las paredes gritaran”, esta nueva versión basada en el clásico más influyente de la literatura inglesa al que muchos estrenos teatrales deberían mirar con admiración.

Esta propuesta, de alto nivel creativo, es de esas experiencias que no podés dejar de vivir si te gusta el teatro. Salís amando el teatro por lo que tiene de pasión, de provocación, de fuerza y de riesgo. Salís con la sensación de haber sido testigo de la caída en picada de una familia hoy, a metros de sus gritos, sus dolores, sus transpiraciones. Salís tenso por haber sufrido la acción junto al elenco, por haber visto de cerca el filo del cuchillo.

En esta nueva versión todo sorprende. Pensá en una historia entonada con sonidos actuales pero con una partitura escrita hace más de 400 años. Pensá en un príncipe Hamlet adolescente, irreverente, desesperado. Pensalo millennial y no prejuzgues. Ese es el desafío y hay que aceptar el juego. Así es la propuesta de este talentoso grupo de actores dirigidos con inteligencia y destreza por Paola Lusardi, asistida por Leila Martínez.

No es un teatro. La puesta es en una vieja casa restaurada del barrio porteño de Colegiales. Te abre la puerta Polonio, aunque todavía no sepas quién es. Entrás a un patio y te convidan guiso de lentejas y vino. Hay música en el ambiente. Claudio, de entrecasa, reina en la mesada de la cocina entre ollas y especias. De un lado a otro salta un joven abstraído en una especie de fiesta electrónica en el living de la casa. Es el príncipe Hamlet, aunque todavía no lo sepas. Dan sala. Te sientan en unas gradas. Empieza el drama.

A veces somos ese niño que quiere escuchar el mismo cuento antes de dormir. Por eso vamos a ver un clásico al teatro. Y si es un clásico es porque hoy es posible. En el caso de “Ojalá las paredes gritaran” lo demuestra una dramaturgia impecable en la que las palabras de Shakespeare se mezclan con diálogos actuales sin quiebres, en un tejido prolijo, como una traducción permanente. En definitiva todo arte es traducción.


Se abre el telón que no está. El príncipe y su amigo Horacio llenan la casa de música. El volumen es ensordecedor. Gertrudis intenta callarlos pero no puede. Los dos jóvenes insisten hasta que la orden vence, los adultos reprimen y se impone el silencio.

Justamente en esta obra de Shakespeare el silencio es el gran personaje. Hay muchas cosas en esa familia que no se pueden decir. El fantasma está.

La historia la conocemos. No me interesa distraer con eso, existe Wikipedia. Lo que sí me interesa es destacar las actuaciones. Martín Gallo arma un Claudio desagradable, machista, obsceno. El actor hace de su fisonomía su trono y de su voz resacosa su espada para dominar y mantener el statu quo. La Gertrudis de Antonella Querzoli es contradictoria, sensible, sensual, autoritaria y esclava a la vez. Augusto Ghirardelli como Polonio es elegante, intenta que no se rompa la familia, limpia la mugre, sonríe y cambia de tema cuando las palabras duelen. Mariana Mayoraz es Ofelia. Liviana, delicada, frágil, es el fuego adolescente que sólo puede apagar la locura o el agua. Santiago Cortina, como Horacio, está al servicio del montaje. No es de la familia, es casi un espectador más como nosotros. Será el testigo pasivo de la tragedia. Y finalmente el Hamlet de esta versión es grito, queja, irreverencia. Como actor, Julián Ponce Campos se da entero, se expone, desafía a todos. Se contorsiona ante el espectro del padre, ríe, llora, teme. Pone el cuerpo al borde de la herida. A veces la única forma de hacer frente a la mentira y al poder es poner el cuerpo hasta lastimarse. Y el arte, además de expresión, es herida.

Vuelvo a la pregunta inicial. ¿Otra vez Hamlet? Sí, por favor. Se agradecen las miradas renovadas y se aplauden las nuevas voces. ¿Hasta cuándo? Mientras siga existiendo el teatro será necesario releer las grandes obras, entender por qué son lo que son. Y sobre todo será valioso poder acercarse a ellas con la mirada de los tiempos actuales, para entender por qué son grandes obras y para entender el presente que habitamos.

“Ojalá las paredes gritaran” es una experiencia única. Imperdible.

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sábado, 14 de julio de 2018

Gonzalo Amor y Daniel Casablanca: Sencillo complicado

Sencillo complicado

“Sencillo complicado” y el humor frente a situaciones difíciles

Gonzalo Amor es actor, clown y cantante. El fin de semana pasado estrenó un unipersonal bajo la dirección de Daniel Casablanca. Actor y director hablaron con Blog Teatro sobre esta obra que gira en torno a la búsqueda del amor y al problema de encajar o no en la sociedad. Domingos a las 18, a la gorra, en El Método Kairós.

Por Hernán Salcedo

Están los que no saben qué hacer con su vida y están los que toman los problemas de su vida, se ríen de ellos, y los ponen en escena. A este segundo grupo parece pertenecer Gonzalo Amor, el actor que acaba de estrenar “Sencillo complicado”, en El Método Kairós, bajo la dirección de Daniel Casablanca, integrante y fundador del emblemático grupo teatral “Los Macocos”.

“Este espectáculo nace con la idea de contar cosas que venían ocurriendo en mi vida y que venía hablando con mi psicóloga. Sabiendo que ella es escritora, le pedí que me empezara a escribir cosas. Las leí y a partir de eso empecé a hacer una versión libre, ayudado por el director, que generaba más contenido a partir de flashes, pequeñas imágenes que yo le iba llevando”, cuenta Amor.

Es una comedia dramática que recurre a la técnica del clown, pero sin nariz de payaso. “Lo sencillo, lo simple, lo común, lo minimalista al mismo tiempo del clown, es con lo que cualquiera se siente identificado”, explica el director.

Daniel Casablanca

“La obra trata de esos momentos que nos pasan a todos en que todo se complica: cuando la cosa se pone complicada parece que se pone complicada en todos lados, cuando todo en la vida se complica y de repente pareciera que todo se da vuelta y todo se simplifica”, señala Casablanca.

El director destaca que la obra es muy sencilla. “Es poder mostrar una vida rutinaria de una persona que todos los días vuelve a su casa y que las cosas le empiezan a salir mal -explica-. En su propia casa se le hace difícil estar. En el trabajo le es difícil estar. Va al psicólogo, es difícil con el psicólogo. Busca hacer citas, no sale bien. Busca la iglesia evangélica, tampoco. Y cuando parece todo perdido alguna solución puede haber”.

¿Cómo definirían o describirían a Sencillo, el personaje de la obra?

Amor: Sencillo es una persona fiel, amiguera. Es un personaje divertido, le gustan los amigos. A todo dice que sí y se mete en problemas por ello. Si fuese un animal, sería un perro labrador. Y, ante todo, es una buena persona. Busca estar bien en los lugares donde se encuentra. Le gusta la unión, juntar a diferentes grupos. Y básicamente busca el amor.

Casablanca: Es una persona de rasgos simples como para que cualquier espectador también sienta rápidamente la empatía y la similitud. El personaje está en el mismo camino que la obra.

Sencillo es divertido, se mete en problemas por decirle que sí a todo. ¿En eso se parece al actor? 

Amor: Claramente sí, veo cosas muy parecidas. Si mi persona está al 10 por ciento, Sencillo es todo al 70, 100 por ciento. Está todo agrandado, por supuesto. Yo, Gonzalo, por decir que sí me meto en problemas.

¿Dónde se puso especial atención a la hora de dirigir?

Casablanca: En este espectáculo lo que hubo que hacer es poner la lupa en las pequeñas cositas. Es un espectáculo de cámara, chiquito, minimal. El tiempo cuenta, es importante. La narración, el paso del tiempo, instalar al espectáculo en un ritmo en un principio íntimo de una persona en su casa. Y al mismo tiempo empieza a jugar el humor para contar una situación dramática con el humor como herramienta y como puente con el espectador para contar algo terrible. La vida de sencillo es complicada, como todas nuestras vidas

¿Qué es el humor para ustedes y qué significa en sus vidas?

Amor: El humor es la herramienta más importante que podemos tener para llevar adelante situaciones difíciles. Y es una herramienta que nos puede sacar de situaciones difíciles, que puede romper con lo que está pasando y ver la vida de otra manera.

Casablanca: Muchas veces el humor es el resultado, otras el humor solamente es la herramienta para contar lo que a veces solemnemente es muy difícil de que llegue. También es una filosofía de vida tomar las cosas más terribles con humor. El humor es poesía también. Es un recurso y al mismo tiempo puede ser todo.

Amor: Creo que en mi caso me ha servido mucho. El humor es una energía, una onda que se respira, que está en el cuerpo.

Sencillo complicado

La obra puede verse los domingos, a las 18, en El Método Kairós, ubicado en El Salvador 4530, CABA. Entrada a la gorra.

Sencillo complicado
Comedia dramática apta todo público
Autores: Gonzalo Amor, Daniel Casablanca, Cristina Salvatierra
Realización y edición de sonido: Marcelo Ceraolo - Bulsara Records
Dirección de arte: Analía Cristina Morales
Asistencia artística y en escena: Luciana Maquez
Producción: Amor - Bervih.
Asistencia de dirección: Guadalupe Bervih
Voz en off: Gerardo Ingaramo.
Fotografía: Triana Penna


El actor
Gonzalo Amor se formó con Helena Tritek, Daniel Casablanca, Mauricio Kartun, Osqui Guzmán, Gabriel “Chame” Buendía, entre otros maestros. Trabajó en obras como "El burgués gentilhombre", "Robin Hood", "La tempestad" y "Soñar no cuesta nada".

El director
Daniel Casablanca es actor, director, autor y docente teatral. Es uno de los fundadores de la Banda de Teatro “Los Macocos”, con más de 15 espectáculos en 30 años de trayectoria y giras por el país y el exterior. Participó como actor de la gira de Les Luthiers 2008/9. Protagonizó en el Teatro San Martín los clásicos “Cyrano”, “La tempestad”, “Sueño de una noche de verano” y “Arlequín, servidor de dos patrones”. Dirigió y trabajó en la autoría y/o versión de las multipremiadas “Forever Young”, “Casi Diva”, “Bigote Argentino” y “Muertos de Risa”. Dirigió a los grupos El Descueve, Improcrash, El Choque Urbano, Cuatro Vientos, y Sutottos. A lo largo de su carrera recibió los premios María Guerrero, Trinidad Guevara, Teatros del Mundo, Pepino el 88, ACE, Florencio Sánchez, Premio Getea a la trayectoria y Premio María Guerrero a la excelencia.