martes, 21 de octubre de 2014

Judit Gutiérrez: BUM 19-75

Una obra de teatro que surge entre interrogantes

JUDIT GUTIÉRREZ, AUTORA Y DIRECTORA DE BUM 19-75

–¿De qué trata la obra?
–Son tres mujeres muy distintas, vinculadas por un hombre y la vida cotidiana en un pueblo en el que se desata una persecución de la que ignoran sus razones. Ellas aceptan ser encerradas en el sótano de una antigua casa con la promesa de ser liberadas, pero el tiempo pasa y no tienen noticias del exterior.
–¿Cómo surgió la idea?
–Fui convocada por las tres actrices que se reunían a entrenar y a investigar corporalmente acerca de “la mujer en la guerra”. Ellas me mostraron una serie de imágenes sobre las que trabajaban y les interesaba que la obra lo profundizara.
–¿En qué te apoyaste para darle contenido?
–En textos históricos y periodísticos, acerca de la provincia de Tucumán, que funcionó como un laboratorio de experimentos políticos, económicos y sociales que sucedieron en la Argentina. El eje imaginario es un hecho histórico, el Operativo Independencia, que no es más que el corolario de un proceso social iniciado décadas atrás.
–¿Cómo es el despliegue?
–Empezamos a trabajar con una serie de preguntas: ¿Cómo hago partícipe del encierro al espectador? ¿Cómo consigo mejor la ilusión del mundo compartido? ¿Cómo concentro sus miradas? Partiendo desde ahí el espectador tiene mucho para ver. La obra cambia según el punto de vista desde el que se la mire.

BUM 19-75 se presenta domingos a las 20hs., en el Teatro La Nave, Lavalle 3636.

Fuente: Tiempo Argentino

viernes, 17 de octubre de 2014

Marcelo Mazzarello: Mazzarello no chilla


Mazzarello, el hombre al que le gusta hacer reír

El actor de Viudas e hijos del rock &roll estrenó una obra de autogestión en la que hace lo que más le gusta: divertir

Antes de dedicarse a la actuación, Marcelo Mazzarello hizo un poco de todo. Dio clases de manejo, fue paseador de perros, estudiante de veterinaria, despachante de aduana en el puerto y asistente de fotografía en la revista Playboy. "Fue fantástico rememora con la mirada en lontananza. Era el crédito del barrio. Mis amigos me decían «sos un fenómeno, contame cómo es ese mundo». Yo bajaba fondos, ponía luces, asistía al fotógrafo, cambiaba los rollos. Fue hermoso, era Gardel", recuerda con ojos soñadores.

En cualquier caso, la constante era escaparles a los trabajos convencionales, de oficina, con distintos rebusques. Luego se fue a vivir una temporada a El Bolsón, en medio de la montaña, con su hermana. "Hicimos una experiencia comunitaria y estuvimos una buena temporada autoabasteciéndonos con una huerta y trabajos compartidos." Descubrió su vocación de comediante a los 17 años, cuando hizo su primera obra de teatro en el colegio secundario. Se ofreció como actor porque le permitían salir de las horas de literatura. Ahí cayó en la cuenta de que era gracioso, al menos el público se reía. A los veinte terminó haciendo unos cursos con Norman Briski. "Me gustaba hacer reír, aunque no entendía muy bien de qué se reían. Tampoco me veía estudiando actuación, me parecía raro todo eso del arte dramático. Hasta que hice ese curso de comicidad con Norman y descubrí que era eso lo que quería hacer. Es que el comediante es una especie diferente al actor convencional. Es una cosa rara. Nosotros estábamos tratando de entendernos a nosotros mismos y experimentar con el mundo", sigue Mazzarello con los ojos abiertos como platos, la nariz prominente y dos hoyuelos en las mejillas que conforman esa suerte de caricatura gestual que lo catapultó como un gran comediante.

Hoy, con una amplia trayectoria en cine, teatro y televisión, se lo puede ver en Viudas e hijos del rock & roll, la exitosa tira de Underground por la pantalla de Telefé. Allí se pone en la piel de El Polaco, un profesor de gimnasia que vino de Rusia, fanático del culto del cuerpo y la buena alimentación. Pero además, acaba de estrenar Mazzarello no chilla, unipersonal creado y dirigido por él mismo en el emblemático Teatro El Picadero. "El unipersonal tiene mucho de trabajo artesanal. Como cuando vivía en El Bolsón, creo que hay algo de nobleza en esa artesanía. Me gustan esas raíces, las del oficio más que de la profesión. Eso sí: cuando te metés detrás del telón antes de cada función, te quedás solo como Bonavena arriba del ring. Es una experiencia inigualable", asegura Mazzarello.

Y concluye: "Como actor, siempre trato de correr mis límites y los que impone la mirada del otro. Elijo el humor porque me parece una manera de reflexionar que apela a la inteligencia. La risa invita a encontrarle una vuelta más a la realidad, a aquello que nos está sucediendo. Pero el humor no es algo que manejás del todo. A veces la gente se ríe y no entiendo qué le causa tanta gracia Es como si me hubiesen regalado una nave espacial y nunca sé bien qué botones tengo que apretar para salir volando".

MAZZARELLO NO CHILLA

De Marcelo Mazzarello

Viernes, a las 23.

El Picadero, Pje. E. S. Discépolo 1847.

EN EL DIVÁN

De muy pequeño, le hicieron un psicodiagnóstico de hipersensibilidad y, con el paso del tiempo, descubrió que es un componente de su personalidad. "Creo que en nuestra sociedad hay demasiado de psicoanálisis y psicología. Pero a mí no me agarran más."

Fuente: La Nación

El banco


Una reflexión sobre lo absurdo del poder

El banco, de Reinhold Massag, es una pieza reciente del teatro alemán (1995) escrita en forma de monólogo. Así comienza y así culmina, con un soliloquio, esta adaptación de Daniel Teveles, quien decidió que en su versión los personajes que aparecen en el libro sean materializados a través de actores. Este esfuerzo desde la dirección y la puesta (en un escenario pequeño se construye la estación de tren, un granero, un comedor y otros ambientes) resulta un acierto. De este modo el espectador puede construir de modo instantáneo un mosaico con distintas voces y almas que habitaban Alemania antes y durante el nazismo. Así asoman un ama de casa, el oficial de carrera ascendente, una mujer de dudosa reputación y un adolescente, entre otros personajes.

Dominikus Schmeinta es un anciano enfermo cuya vida gira en torno a ver pasar los trenes en una estación. Un día su banco preferido, al que visitó diariamente durante 20 años, amanece con un cartel: "Sólo para judíos". Schmeinta afronta un dilema ante esta norma ridícula: ¿Obedecer o continuar con su rutina haciendo caso omiso a ese cartel? Negador y ciego, por momentos y, en otros, lúcido e intrépido, el protagonista analiza convertirse al judaísmo, y así, regresar a su armonía original sin incumplir la ley. El banco es una reflexión profunda sobre la discriminación y sobre lo absurdo del poder, sus órdenes y sus consecuencias.

Éste es un destacado trabajo de Néstor Villa, quien compone a Schmeinta, una exigente tarea, desde la postura física y el desplazamiento con la discapacidad de esta criatura, y su dicción con acento alemán (el resto del elenco no adopta este acento, algo que quizá genera cierto ruido en el espectador). Villa logra una gran complicidad con el público, a quien mira a menudo cuando piensa o comete una picardía. Carolina Luaces y Sergio Faya, ambos con dos personajes diametralmente opuestos sobre sus hombros, Pablo Spigardi, y una gran interpretación de Juan Cruz Ruax pueblan a El banco con todo su talento.

Fuente: La Nación

Sala: El Tinglado (Mario Bravo 948) / Funciones: viernes, a las 23.15
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