lunes, 27 de agosto de 2018

Lucía Schaab y Rodolfo Frangella: Caput


Caput: vivir la muerte como un clown

Por Hernán Salcedo

Cuando nos reímos nos sentimos vivos. Y si nos reímos de la muerte, esa vitalidad se siente todavía mejor. En “Caput”, la nueva producción de la Escuela de Clown Espacio Aguirre, trece payasos salen a escena a cuestionar con humor el aspecto más oscuro y doloroso de la muerte.

Con música en vivo, una sucesión desopilante de números le dan forma a esta propuesta teatral de diversión garantizada. Lucía Schaab y Rodolfo Frangella, directores de la obra, hablaron con Blog Teatro sobre este espectáculo.

¿Cómo fue este desafío de jugar con el tema de la muerte?

Rodolfo Frangella: Automáticamente uno piensa en golpes bajos, pero jugarlo es alucinante. Lo que queremos es reírnos de la muerte. Es el destino final de todos. Después del sufrimiento que es la vida, no queremos que sea un bajón la muerte, queremos que sea distinta.

Lucía Schaab: Cuando elegimos el tema yo estaba obsesionada con la muerte. Fue una mezcla entre mi primera muerte cercana, la de mi madrina, y mi trabajo como payasa en hospitales -es miembro de una ONG de payasos de hospital-. En lugar de que la muerte sea un bajón, que lo es, también puede llevar a valorar más la vida.
Te llega la noticia de que te vas a morir en tres meses y ahí empezás a viajar, a gastar la plata que tenés, a verte con gente, a disfrutar. ¿Para qué esperar a eso si igual ya sabemos que nos vamos a morir? Se me volvió necesario meter eso en el arte para encontrarle sentido, y otras maneras, otras miradas que no sean el velorio y el llorar. Hay mucha cultura del dolor en relación a la muerte. Está bueno abrir el juego para ver qué otras opciones hay.

¿Y cómo fue el momento de poner en acción a los payasos con todo este universo?

Schaab: El clown no tiene problema con eso, es lo más normal del mundo. Como para los chicos: jugar el amor y la muerte, me caso con vos, te mato y al otro día jugamos a no sé qué. Es todo juego.

Frangella: El payaso puede jugar las distintas maneras de morir. Durante el proceso creativo de la obra estallamos de risa. Mientras esté vivo el payaso es genial.

Schaab: Se puede jugar y está bueno jugar con la muerte. El clown da unas libertades y posibilidades con un código común muy claro que abre muchas posibilidades..


¿Qué definición del clown hay detrás de esta obra?

Frangella: El clown está vivo en el escenario, está abierto a lo que sucede, sabe reír, sabe llorar. Pero sobre todo está presente.

Schaab: Es estar ahí sin ninguna máscara social que te proteja. Estar con toda tu humanidad, con lo más visceral y descarnado de lo que somos. Por eso es interesante para tratar este tema, porque no existen los tabús, no existen los prejuicios, no existe tanta inteligencia como la que las personas creemos tener. Es de mucha más simpleza. Para este tema el clown es ideal.



Caput
Actúan: Ary Ratowiecki, Constanza Logares, Elvira Soumastre, Fernando De Simone, Gabriel Martínez, Gustavo Streger, Luis Cagnacci, Machi Barthaburu, Majo Heredia, Marina Molina, Natalia Oroz, Nayla Micek y Rodrigo Lupercio.
Música original en vivo: Alejandro Salvo, Ana Sevilla, Julián Del Valle
Escenografía, utilería y vestuario: Gabi Muñoz
Coreografías: Gustavo Zunino
Colaboración creativa musical: Federico Rigoni
Diseño de luces: Verónica Lanza
Operación técnica: Valentin Carrión, Javier Doncel Palacios
Diseño gráfico: Romina Salerno
Fotos: Carla Policella
Asistencia de dirección / producción: Micaela Martínez
Producción ejecutiva: Daniel Herrera
Colaboración creativa: Gastón Jeger, Javier Nichela, Marcelo Katz.
Dirección: Lucía Schaab y Rodolfo Frangella

Las funciones son los sábados, a las 19, en Espacio Aguirre (Aguirre 1270, CABA). Entradas por Alternativa Teatral.

lunes, 20 de agosto de 2018

Julián Rodríguez Rona: Lo lindo de calzarse es pisar en cualquier lado


Julián Rodríguez Rona y la libertad de estar a la deriva emocional

Por Hernán Salcedo

Una pareja va a pasar el día al Tigre. Jugando, entran en una casa abandonada y quedan atrapados por la subida del río. En medio de la noche aparece un lugareño que les ofrece llevarlos. Juntos, entran a un territorio habitado por sueños, recuerdos y fantasmas propios y ajenos.

Se trata de la obra “Lo lindo de calzarse es pisar en cualquier lado”, escrita y dirigida por Julián Rodríguez Rona, que terminó hace unos días su segunda temporada en El Portón de Sánchez. Protagonizada por Eugenia Blanc, Andrés Caminos y Mauricio Minetti, en su primera temporada obtuvo la Mención Honorífica del Premio Artei a la Producción de Teatro Independiente. Ahora, habrá una función especial el viernes 31 de agosto en el CIC - Centro de Investigación Cinematográfica.

“Siento que tengo una relación con las emociones muy parecidas al río. Uno no decide cuándo pasan las cosas. De repente sube el agua, inunda todo, después se va. Queda todo afectado por el paso del agua. Y pasa muy fuera del control de la voluntad. Sucede, como con la naturaleza”, señala Rodríguez Rona en una entrevista con Blog Teatro.

Cualquiera que haya pisado el Delta del Tigre comprenderá a qué se refiere el director. El agua y las islas ponen sus leyes en cuanto uno embarca hacia el descanso. La naturaleza es la que manda. Y todo parece estar teñido por su lógica. Con una escenografía simple pero de gran potencia poética, la obra lleva al espectador de una realidad a otra, en medio de un clima onírico, y con saltos temporales, como si el misterio del Tigre hubiera inundado toda la platea.

Esta puesta se destaca por su singularidad. “Hay algo de lo genuino que el espectáculo plantea, que no pretende ser otra cosa que lo que es en su forma -dice el director-. Para mí tiene todo lo que me gusta ver. El tratamiento de la palabra en términos poéticos, del sonido y la música, y de lo visual. La escenografía es parte de la narración. Es un espectáculo que busca ser genuino y transmite desde su singularidad una mirada sobre el arte y lo humano”.


¿Cómo nació la idea de montar este espectáculo?

La obra surge a partir de la escritura, de un texto que escribí en 2015 con el objetivo de montarlo. Fue un material que me interesó particularmente porque sentía que representaba algunas cosas que yo estaba atravesando en ese momento. Y había algo del juego que me interesaba llevar adelante.
La escribí como se escucha en la función. En 2016 convoqué a los actores. El primer elenco fue con Iván Moschner y este año se incorporó Mauricio Minetti.

¿El relato te llevó al Tigre o la idea del Delta como escenario te llevó a crear ese relato?

Las dos cosas surgen de manera simbiótica. Hay algo de la pareja que viaja al Tigre a pasar el día que es como el germen del relato. Y al mismo tiempo el paisaje del Tigre viene a ser como un catalizador de la acción, es el entorno pero también es el paisaje emocional que está en juego. Funciona como un territorio donde los movimientos emocionales están muy ligados a los de la naturaleza. Temáticas de la obra como el amor, la soledad, la muerte, hacen sentido en ciertas reglas del Tigre: sube el agua de repente, se va, se seca el río, aparecen los mosquitos, hace calor, hace frío, esos cambios intempestivos de las fuerzas de la naturaleza.

De los paisajes de la naturaleza, el del Delta tiene una fuerza particular

El espacio del Tigre tiene una fuerza muy contundente. Es un territorio muy poblado de cosas. La naturaleza está muy presente y las personas están muy a merced de la naturaleza. El cuerpo está muy intervenido, estar ahí ya te interviene: cómo te desplazás, o si estás sentado mirando el río ya está pasando algo.

Eso se ve al inicio de la obra, con la pareja sentada en el muelle

Se cruzan los dos universos, lo que les está pasando a ellos con esta idea del paisaje. Una especie de simbiosis. Esa intensidad en la quietud que uno puede observar de este espacio medio selvático que es el Tigre. El paisaje y los personajes vienen a ser el derecho y el revés de lo mismo.

¿Cuál es el tema principal de la obra?

La obra se pregunta sobre el amor, la muerte y la soledad. No tiene un relato aristotélico, no cuenta una historia donde los personajes aprenden algo, descubren algo. Es más una deriva sobre estas cosas.

El río aparece como una metáfora

Tiene que ver con cómo se da un relato en los sueños, en donde una cosa pasa a otra por pequeños afluentes. Así aparece la música, estás en el Delta del Paraná y la música es del Misisipi. Yo escribí escuchando esa música y pasó a formar parte de esa obra. Es esa libertad de estar a la deriva emocional. Entrar al monte es entrar a ese territorio y perderse en los sueños, las fantasías y los fantasmas propios y ajenos. Perderse en el relato del otro, perderse en el otro.

Materiales simples, para una historia simple. ¿Tenés alguna valoración artística especial de lo simple frente a lo complejo o lo saturado a la hora de escribir o pensar una historia?

En algún punto sí. Siento que me representa más la síntesis. Lo simple a veces está subvalorado. Lo que a mí me interesa es lo múltiple de los elementos en sí. Son elementos medio esenciales en algún punto.
En la síntesis tengo la oportunidad de abrir sentidos. El cartón de la escenografía es cartón, no está intervenido plásticamente. Está presentado. Es cartón pero a la vez es monte, barro, es sonido que está presentado. Los actores también están presentados, son ellos. Ellos son las personas que después salen a saludar al público pero también son los personajes. Y también en la obra los personajes hacen de otros personajes.
Hay algo de ese borde entre la representación y lo mágico porque el presente de la sala es como ineludible. Uno puede tratar de eliminarlo pero a mí me parece más evidenciarlo y que se haga el truco, no negarlo. Para mí el teatro es un poco magia, uno sabe que es un truco que de tan bien hecho te hace creer. Eso tienen los materiales simples. La simpleza es frágil y vulnerable.

¿Qué lugar tiene lo musical a la hora de contar esta historia?

Yo soy músico también. Hace muchos años que laburo en teatro haciendo música para teatro, como actor músico, como músico en escena, además de por fuera. Me di cuenta de que el texto de la obra estaba escrito de manera musical. El ritmo, la palabra, los silencios. La poesía tiene mucho silencio, espacio, la misma hoja cuando la ves te propone un ritmo. Yo escribí sin ser plenamente consciente de eso. Las mejores funciones son cuando la obra puede manifestarse sonoramente. El tiempo, que es muy musical, hace que la obra tenga unidad. El material llega a sus puntos más altos cuando tiene una unidad rítmica musical, los momentos musicales son muy importantes para mí.

¿Hay algo autobiográfico en el relato?

Toda obra es autobiográfica. Hay un montón de elementos que hacen ancla en historias, vivencias. Yo tenía la sensación de que estaba mostrando mucha intimidad antes de estrenarla. Después, al ver la obra, todo se convierte en elementos poéticos y dejan de pertenecerme. Ya desde el punto en donde se plantea la puesta, que es no representar el Tigre en forma literal, la historia aparece en el terreno poético. Cada uno ve su Tigre, su pareja, su manera de ser lugareño, extranjero, estar atrapado en un lugar. Empieza a funcionar como espejo.

¿Por qué creés que la gente tiene que ver esta obra?

Es un espectáculo que se destaca por su singularidad. Hay algo de lo genuino que el espectáculo plantea, que no pretende ser otra cosa que lo que es en su forma, en su propuesta.Para mí tiene todo lo que me gusta ver. El tratamiento de la palabra en términos poéticos, del sonido y la música, y de lo visual. La escenografía es parte de la narración. Vale la pena ver un espectáculo que busca ser genuino y transmite desde su singularidad una mirada sobre el arte y lo humano.


Lo lindo de calzarse es pisar en cualquier lado
Actuación: Andrés Caminos, Eugenia Blanc y Mauricio Minetti
Diseño de vestuario y escenografía: Cecilia Zuvialde
Diseño de iluminación: Matías Sendón
Música: Brian Zditowski y Julián Rodríquez Rona
Realización escenográfica: Nicolás Botte
Asesoramiento coreográfico: Luciano Rosso
Diseño gráfico: Lucia Vanin
Fotografía: Nicolás Levín y Martín Berra
Asistencia de dirección y producción: Julia Sánchez
Dramaturgia y dirección: Julián Rodríguez Rona

La próxima función es el viernes 31 de agosto en el CIC - Centro de Investigación Cinematográfica, ubicado en Tte. Benjamín Matienzo 2571, CABA. Localidades: $250 (estudiantes y jubilados: $200)