jueves, 23 de marzo de 2017

Andrés Balazzo: Los sirvientes y Todas las rayuelas


Dos miradas sobre los años de plomo

Andrés Balazzo dirige "Los sirvientes" de Adriana Tursi y "Todas las rayuelas" de Carlos La Casa. Cada una aborda un momento diferente del período más oscuro de la historia argentina reciente.

El próximo viernes 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, se conmemoran en el país 41 años de la última dictadura militar. Actualmente, el dramaturgo, director y maestro teatral Andrés Bazzalo, de larga y reconocida trayectoria, presenta dos trabajos que abordan este periodo políticosocial desde un enfoque y un contexto muy distinto en ambos casos.

Mientras que en Los sirvientes, de Adriana Tursi, (Teatro Del Pueblo, Av. Roque Saénz Peña 943) aparece la “antesala” del horror, puesto que la pieza narra la convivencia ficcional del personal de la casa presidencial en el momento exacto en que muere el General Perón y toma el poder su mujer Isabel; en Todas las Rayuelas, de Carlos La Casa(en Multiteatro, Av.Corrientes 1283) se pone en juego una de las tantas consecuencias que aún continúan abriendo la herida: cuenta la historia de un escritor argentino autoexiliado que regresa al país, tres décadas después, para saldar deudas tanto afectivas como existenciales.

Tiempo Argentino conversó con Bazzalo sobre este puente, vigente y necesario, entre el quehacer teatral y el derecho cívico de resguardar la memoria.

-Participaste, entre muchos acontecimientos teatrales, en lo que fue el movimiento de Teatro Abierto ¿Cuáles son hoy tus recuerdos de aquellos momentos? ¿Se puso en juego parte de toda esa experiencia pasada a la hora de generar estos dos nuevos espectáculos?

-Teatro Abierto fue un movimiento de resistencia cultural a la dictadura cívico-militar y sus materiales producidos para el caso, de barricada. Fueron varios años de intensos, fructíferos y apasionados encuentros e intercambios entre una gran cantidad de diferentes hacedores del teatro, de mucha producción escénica frente a un enemigo implacable. Ahora estamos en democracia, aunque el gobierno parece tender a procederes autoritarios e interesados en relativizar el pasado. Pero el pasado está allí, inexorable, condicionando nuestro presente. Siempre es interesante reflexionar acerca de nuestras experiencias como Nación. Entonces, me interesa pensar la vida y, dentro de lo posible, evitar caer en los mismos errores una y otra vez. Los que estuvimos en Teatro Abierto no podremos nunca olvidar esa experiencia tan vital, tan interesante y formativa. Estas obras: Los sirvientes y Todas las rayuelas, son producto de esta época, de las inquietudes de sus autores, pero no responden a una convocatoria, como aquella experiencia. De cualquier manera todo lo que uno ha producido o experimentado está presente en cada nuevo espectáculo.

-Desde tu rol como docente, cómo percibís  la conciencia actual de los más jóvenes sobre nuestro pasado?

-El peligro del autoritarismo suele olvidarse con facilidad. Por eso Alemania, a pesar de los 70 años transcurridos desde el fin de la Segunda Guerra, sigue siempre tan interesada en la educación y en la expresión de su cultura en no olvidar la experiencia del nazismo. Siempre están produciendo materiales muy interesantes sobre el tema. Me parece que los adultos, los educadores, los políticos, los artistas debemos mantener encendida la llama de la memoria. Los autoritarismos acallan a la cultura, reprimen a educadores, investigadores y artistas. La imposición del “realismo socialista” en el gobierno de Stalin en la URSS y la persecución por “formalistas” a grandes artistas, entre ellos Meyerhold, o el nazismo y el “Arte degenerado”, o la censura en nuestras dictaduras, por ejemplo. Se acalla la expresión del individuo. Se teme a la libre expresión del pueblo. Es fundamental visitar esas épocas con los jóvenes. Es nuestro deber como educadores. Muchos están informados, otros se sorprenden o intentan considerar extinguidos esos peligros. Pero no, educar la libertad, la tolerancia y recordar las experiencias es indispensable. Muchos jóvenes están distraídos o confundidos por los medios hegemónicos. Pero los que se acercan al teatro, en general, vienen a buscar un canal de expresión y están dispuestos a la apertura, si no lo han experimentado ya en sus hogares.

-Respecto de tu trabajo en Los sirvientes declaraste “hablar de nosotros, de las consecuencias públicas o privadas de nuestros actos, de la presencia insoslayable del poder y de la política en nuestras vidas, del ejercicio mismo del poder que un individuo puede ejercer sobre otros, por pequeño, irrelevante o insignificante que pueda ser, es desde hace años central en mi interés artístico” ¿Cuáles son, desde tu punto de vista, los posibles y diversos vínculos entre el teatro y la política?

-Creo que todo teatro (todo arte) es político: expresa una ideología, una escala de valores, más allá de las intenciones. Creo que son legítimas muchas expresiones artísticas, diversas. Creo que está muy bien divertir a la gente u ofrecer un pasatiempo. Pero todas esas expresiones tendrán su propio sesgo ideológico, por ejemplo: si una obra presenta una mirada sobre la mujer estereotipada, machista, está expresando una opinión que busca su adhesión en la platea.

En el caso de Todas las Rayuelas aparece un lenguaje poco frecuente en el terreno teatral para abordar esta temática que es el humor. ¿Cuáles pensás que son las potencias de lo cómico para reflexionar en torno a la ferocidad de lo acontecido?

-Me parece maravilloso el humor como medio de comunicación. Pero es difícil escribir buenas comedias. Tuve el privilegio de adaptar Ubu de A. Jarry, una farsa tan desopilante como feroz sobre el poder, justamente. Todas las rayuelas tiene un humor sin chistes, producto de situaciones y personajes reconocibles. Está bueno el humor y tiene una gran llegada al público, que lo agradece. Y no tiene límites. Depende de cómo se aborda. El humor necesita ser inteligente además de filoso.

-¿En ambas piezas, qué fue lo que más te atrajo del texto y por qué? ¿Cuáles son las reacciones del público frente a los dos relatos?

-Son dos obras muy diferentes. Los sirvientes, es una obra de sutilezas, de claroscuros, de ironía. El público sigue con gran interés la trama, recuerda aquellos momentos o los imagina, se ríe, a veces, de la ironía de la pieza. Sale reflexivo de ver la obra. Todas las rayuelas es una comedia sencilla, pero honda, con personajes reconocibles y entrañables. El público se ríe mucho y se emociona. Aplaude de pie siempre y sale, lo dicen, reconciliados con la vida por un rato. Las elegí porque las dos, a su manera, hablan de nosotros. Y nos podemos reconocer en ellas. Ninguna de las dos es admonitoria o baja línea sino que, por el contrario, se sitúan del lado de la comprensión de los personajes, del lado de la certeza de que la vida es compleja. A su manera son humanistas. Como yo.

Fuente: Tiempo Argentino

lunes, 20 de marzo de 2017

Ciertas Petunias: ¡Qué hermosa kermesse!


“Nos reímos de nosotras mismas”

¡Qué hermosa kermesse!, el espectáculo que vienen mostrando con gran éxito, ya tiene disco propio. Ellas se mueven entre la música y el teatro, con el humor como guía.

¡Qué hermosa kermesse!, dicen las Ciertas Petunias mientras van atravesando diferentes “destrezas musicales” en un pueblo que podría ser todos o ninguno, o el pueblo interior de cualquier gran ciudad o grupo humano. Así se llama el espectáculo que vienen mostrando desde hace ya un tiempo con gran éxito, y que ahora ha dado un paso más: tiene disco propio. Lo presentan en el ciclo que comenzaron el lunes pasado a sala llena en el Teatro Picadero (Pasaje Santos Discépolo 1857), y que continúa hoy y el próximo 27 de marzo, siempre a las 21.

Entre la música y el teatro, y con el humor como guía y sostén, lo que hacen las Ciertas Petunias es bien propio y diferente; un estilo que a esta altura las define y que han ido puliendo a lo largo de doce años de trabajo. Hay un gran trabajo y técnica vocal (de hecho, varias se conocieron integrando coros), arreglos propios, un humor que puede remitir a Les Luthiers o Hugo Midón como referencias válidas, y un despliegue teatral y coreográfico muy aceitado. En este último punto, para este espectáculo, sumaron la dirección artística de Gabi Goldberg, quien aportó “la mirada de afuera” y con quien, cuentan, enseguida establecieron un código común.    

“Cinco femeninas cantantes interpretando sus propios arreglos musicales de canciones de diversos géneros, con un fresco toque de humor”, se presentan. Son Magdalena Barla, Lucía Braude, Camila Campodónico, Jessica Dinzelbacher y Natalia Guevara, más la “Petunia comodín” Tania Valsecchi, que estará en estas dos próximas funciones. A sus voces suman guitarra, bajo, percusión y accesorios (tabla de lavar, cucharas), más otros recursos e instrumentos que, cuentan, fueron aprendiendo a tocar a medida que los espectáculos lo demandaban.

Todo comienza con un concurso en una kermesse de pueblo. “Para ganar la cucarda” hay que demostrar habilidades en diferentes categorías que un locutor va anunciando con grandilocuencia: “Música clásica nacional”, “Danza poética”, “Aria chica con charango”, “Canción folklórica con moraleja”, “Destreza lingüística”, “Swing latino”, “Canción con contenido ecológico”. Cuando, fuera de programa, aparece la categoría “Artista solista”, las Petunias se alzan con un potente hip hop de protesta en el que se plantan y rapean: “No me pidas imposibles, somos indivisibles… Yo soy lista, no solista… Nuestras voces unidas suenan más aguerridas”.

A medida que avanza el concurso, como un juego de postas hacia la deseada “Cucarda de Oro”, van sonando bolero, swing, rap, cumbia, chacarera, en temas de autoría propia. O en versiones muy propias como las de la vidala “Canto en la rama”, recopilada por Leda Valladares, o la apasionada y pegajosa “Fuego de noche, nieve de día”, aquella que hiciera archi famosa Ricky Martin. También pueden ser “Es que te quiero tanto”, de Gilda, y enseguida el aria de la ópera Vaga Luna, Che Inargenti, de Vicenzo Bellini. Todas van desfilando mientras se suceden diferentes situaciones muy divertidas, siempre con el locutor detrás de escena cargado de lugares comunes.  Y hasta puede ocurrir que haya que sumar a último momento a “la esposa del intendente”, y suba como invitada Ligia Piro, como sucedió en la última fecha.

Mientras atraviesan este abanico de estilos musicales, cada uno con su coreografía, y ponen en juego “todo su potencial”, “dando lo mejor de sí”, se van poniendo en escena también las propias inquietudes, desequilibrios emocionales y conflictos grupales. Todo, con el telón de fondo de un pueblo y su kermesse, el locutor en off disparando clishés y, por momentos, metiéndose de más y generando también enredos.

“Nos gustó situarlo en un pueblo, y en todo este universo de la kermesse, que era muy afín al espíritu autogestivo del grupo”, explican  las Ciertas Petunias a PáginaI12. “Porque en todos estos años, nos hemos encontrado muchas veces maquillándonos todas juntas en un baño, o cambiándonos en un cuartito de material, y otras veces en un lugar espectacular donde nos traen sanguchitos de jamón crudo y vino caro. De una u otra manera, cuando llega el momento salimos como unas divas a hacer el show, y ahí están la brillantina y los banderines de la kermesse”, analizan. Y amplían: “Con esta idea también podemos mostrar cómo es para un grupo independiente trasladarse de un lugar al otro, mientras nos vamos acomodando con distintas cosas: hay que llevar a los chicos de acá para allá, conseguir niñera, ensayar en horarios difíciles... Todo eso, lo ubicamos en una kermesse de pueblo”.

Doce años atrás, cinco actrices y músicas (con más experiencia en otra disciplina, según los casos), se juntaron en el altillo de una de ellas, “para ver qué salía”. “Se dieron cuenta de que sonaban bien juntas, y el humor fue surgiendo espontáneamente de esas juntadas. El humor estaba presente sin buscarlo, pero era parte de la cuestión”, comienza a contar la historia Lucía Braude, tal como se la contaron, porque ella entró en 2010, reemplazando a una ex integrante y para quedarse. De allí surgió el primer espectáculo, FraudulentasPorSimilitudConfusionista, que, tras presentar en la Expo Les Luthiers, sumó un apoyo decisivo a aquella primer etapa del grupo, el de Jorge Maronna.

–¿Cómo fue aquella primera etapa del grupo?

Magdalena Barla: –En 2007 presentamos material para participar de la expo Les Luthiers, que se hacía para celebrar los 40 años del grupo. Quedamos seleccionadas y participamos en la carpa que se hizo en el Centro Cultural Recoleta. Nos vieron Maronna y Carlos Núñez Cortés, les gustó mucho, unos días después nos llamó Lino Patalano para que estuviéramos en la cena de cierre de la expo, como regalo para Les Luthiers. Para nosotras, una locura. Ah conocimos también a Daniel Samper Pizano, él es colombiano y junto con Maronna habían compuesto las canciones de una vieja telenovela colombiana, ¡que se llamaba Leche! Como en esa época hacíamos todos covers, les había parecido que iban bien para nosotras.

Natalia Guevara: –Y así fue, eran geniales, no había desperdicio y de ahí salieron ocho de los temas de nuestro segundo espectáculo, Flor de viaje, donde ya empezamos a meter composiciones nuestras. Después Maronna se transformó en nuestro asesor musical, vino muchas veces a los ensayos, nos marcó cosas muy importantes y fue un gran empuje.

– ¿Qué aprendieron de él y, por extensión, de Les Luthiers?  

M. B.: –Lo que aprendimos de Jorge y que entendimos porque veíamos en Les Luthiers, fue sobre todo cómo comunicar el humor para que se entienda, para que no quede en algo interno. Porque lo que hacemos siempre tiene que ver con lo que nos causa gracia a nosotras, pero, ¿cómo contárselo al otro para que lo reciba, por más que sea algo muy propio? En ese sentido, de Les Luthiers rescatamos lo claros y lo efectivos que son para que contar lo que quieren contar: por ahí hacen humor con algo que es muy técnico, del mundo interno de la música, pero lo entiende todo el mundo. Jorge también fue importante a nivel musical, por supuesto, porque es un concertista de guitarra increíble y es un groso, la tiene clarísima con los arreglos.

–En 2010 cambió una integrante, ¿cómo fue ese ingreso?

Lucía Braude: –Yo iba a ver Ciertas Petunias a todos lados, me parecía una mezcla distinta de música, teatro, humor y mucha frescura. ¡Era fan de Petunias! Y además siempre vi algo muy profesional de afuera, mucho trabajo. Me conocían porque había compartido un elenco con Camila, y cuando se fue Mariana, me llamaron. En un mes había que hacer un Ateneo. Me aprendí en ese tiempo todo Flor de viaje, y me metí de cabeza a Ciertas Petunias.

– ¿Cómo arman los espectáculos? 

N. G.: –Cada una trae una propuesta, lo tira arriba de la mesa y entre todas lo desarmamos, lo desarmamos, le damos otra forma y, al final, esa primera idea queda distinta, potenciada. Todo en cada espectáculo, desde su construcción, es muy autogestivo y muy fresco.

L. B.: –Es un trabajo muy en equipo, y una compañía estable desde hace muchos años. Y ahí, a nivel creativo, Petunias me da la posibilidad de explorar cualquier cosa: puedo llevar, de verdad, cualquier cosa que tenga en la cabeza en el cuerpo, para que se mire de todos lados y se vea si se puede hacer algo con eso. Eso en general en la vida es muy difícil, y en un equipo tan grande de trabajo, más aún. Otra cosa que está buenísima es que generamos espacios de aprendizaje dentro del equipo: hacemos clowns las cinco juntas, canto o teatro con varias docentes, también juntas, es un espacio especial de formación profesional que nos preocupamos por sostener.

–¿Cómo manejan la idea de “humor femenino”? 

Jessica Dinzelbacher: –No creemos que lo que hacemos sea “humor femenino”, es algo más universal. Por supuesto, somos cinco mujeres y todo lo que hacemos es desde nosotras, y seguramente hay cuestiones más específicas del género que se cuelan. Pero no es que nos propongamos hacer “humor de mujeres” o “humor para mujeres”. Y como, justamente, jugamos con lo más universal, comprobamos que podemos dar una función en Buenos Aires, en Salta o en Chile, y al público le llegue de la misma manera.

M. B.: – Nos reímos de nosotras mismas y de lo que nos sucede. De nuestras dificultades y de nuestras diferencias, externas, físicas, e internas. Lo que hacemos es traer un poco nuestra vida a escena a través del personaje de cada una. Obviamente, está atravesado por lo femenino, pero no pensamos las cosas desde ese lugar. Por eso quizás no hay nada referido específicamente a lo femenino, sino a cómo vivimos nosotras, que somos mujeres, distintas situaciones.

– ¿De qué se enorgullecen, hoy?

J. D.: –Creo que lo más valioso de Ciertas Petunias es nuestra capacidad para durar en el tiempo, y eso está dado por el trabajo del vínculo, todo el tiempo. Somos muy consientes de que es muy importante trabajar nuestro vínculo para que funcione el grupo. En doce años nos han pasado un montón de cosas, a cada una en lo personal, y como grupo también, y siempre supimos que, más allá de cualquier circunstancia, había que cuidar el grupo para poder trabajar. Porque esto es como un matrimonio: hay momentos mágicos, pero otros en los que tenés que ceder, entender el momento particular por el que está pasando cada una… Aprendimos a lo largo del tiempo a escucharnos, a aceptar que a veces la propuesta de una no entra y entra la de otra, y en definitiva queda muy desdibujada la autoría. A veces nos preguntan: ¿Y ésta, quién la compuso? ¡Todas! Porque es tan colectivo el trabajo, que por ahí la génesis es de una, pero una vez volcada al grupo, es del grupo.

Camila Campodónico:  –Yo me enorgullezco de la persistencia del trabajo artístico independiente, ese laburo de hormiga de mejorar algo cada vez, dedicándole mucho tiempo y esfuerzo. Y de la originalidad que logramos: como dijeron las chicas, este es un humor hecho por mujeres (inevitablemente), pero no creo que caigamos en ningún lugar típico del humor hecho por mujeres. Es un humor más universal, no nos paramos en la idea de “humor femenino”, no destacamos eso en nuestros shows. Pero sí hay algo de la construcción colectiva entre mujeres que por supuesto defendemos, o en todo caso somos el resultado o la demostración de que puede ser muy efectiva. Hay varones que cumplen otros roles, aunque no se suben al escenario. Pero claro, las que gestamos las ideas somos nosotras. Y es algo que está bastante bastardeado desde cierto sentido común. Mil veces nos han preguntado: ¿Cómo hacen para ponerse de acuerdo cinco mujeres juntas? No debería tener nada de particular, pero es algo que se sigue preguntando. Y bueno, si quieren saber cómo hacemos… ¡vengan a vernos!

Fuente: Página/12

La mirada de afuera