lunes, 20 de enero de 2020

Como si pasara un tren


Un bello viaje entre sonrisas y emociones

Por Hernán Salcedo

El campo frente a la ciudad. Los padres frente a los hijos. El condicionamiento social frente a la libertad individual. De esto y de mucho más habla Lorena Romanin en “Como si pasara un tren”, una obra que ya va por su sexta temporada, fue montada por compañías teatrales de otros países, y ahora puede verse en el Teatro Picadero, en pleno circuito comercial de la calle Corrientes.

Una historia emotiva, actuaciones maravillosas y una dirección cuidada dan forma a esta comedia dramática bella de la que no se sale indiferente.

La obra transcurre en una casa en un pueblo en algún lugar del país. Un joven (Guido Botto Fiora) vive al abrigo extremo de una madre (Silvia Villazur) sobreprotectora. Llega desde la ciudad una prima (Luciana Grasso), enviada como castigo a pasar unos días a la casa de su tía. La irrupción de este personaje dibuja el triángulo teatral que desordena la supuesta normalidad de esa familia de dos, acompañando las preguntas de su primo y haciéndole frente a las formas de su tía.

La madre, autoritaria y temerosa, cree que la manera de cuidar a su hijo es tratar esa casa donde viven como un refugio a salvo del peligro del exterior. El joven tiene a la vez su propio refugio: un tren eléctrico de juguete en el que permanentemente se sumerge a pasar el tiempo. Y ese tren, ese juego, es metáfora de su sueño de viajar, abrirse al mundo, ser, mientras revisa su pasado y trata de encontrar la respuesta a un vacío que protagonizó su infancia.

Romanin, como escritora y directora, no crea personajes en su mente desde una distancia intelectual. No los ve desde lejos. Se sienta al lado de ellos, los acompaña en la intimidad, los escucha respirar, los huele. Y, sobre todo, como guiada por un instinto maternal, los reta cuando se equivocan, los contiene cuando la sensibilidad los desborda. Los abraza. Todo esto se percibe con claridad en la manera en que los personajes de la obra viven lo cotidiano, atraviesan el espacio, eligen las palabras al hablar.

Párrafo aparte merece la hermosa actuación de Botto Fiora. Hipnotiza con sus movimientos, su cara, su forma de hablar. Su cuerpo expresa todo aquello que no es posible decir. Con sus manos, en un gesto infantil, pasa de atraer, pedir amor, a expulsar, alejar, quitarse de encima la realidad que rechaza. Y cada uno de esos gestos hace que el espectador entre y salga de la cabeza y el corazón de ese personaje.

El hallazgo de esta puesta está en hacer convivir lo simple y lo profundo, en desarrollar una historia que llega a todos los públicos y que al mismo tiempo reflexiona sobre la autoridad de los padres, el camino personal de los hijos, el dolor de la ausencia. Una obra para reír y dejarse conmover.


Las funciones son los sábados a las 22, durante enero, y a las 20 en febrero. En el Teatro Picadero, ubicado en Enrique Santos Discépolo 1857, CABA. Localidades: $750. Entradas en venta por Plateanet y Boletería del teatro.

Como si pasara un tren
Elenco: Silvia Villazur, Guido Botto Fiora y Luciana Grasso
Escenografía y vestuario: Isabel Gual
Coreografía: Juan Branca
Diseño de iluminación: Damián Monzón
Diseño gráfico: Fermín Vissio y Santiago Fraccaroli
Fotos: Male&Dapa fotos, Diego Mares
Producción: Pablo López
Asistencia de dirección: Mariano Mandetta
Prensa: Romina Pomponio
Dramaturgia y dirección: Lorena Romanin
Duración: 80 minutos

jueves, 12 de diciembre de 2019

Chaco arde


Locura y amor en una road movie escénica

Por Hernán Salcedo

Dos cuerpos de mujeres que parecen uno. Están en el piso, enredadas. No se entiende de quién es cada brazo ni cada pierna. Una aplasta a la otra. Ahí están ellas en escena. Se quejan, compiten, gritan. Al entrar a la sala los espectadores se encuentran con la puesta en escena de un final. ¿Por qué están ahí, asfixiándose mutuamente, intentando una vencer a la otra? ¿Por qué están vestidas de fiesta? ¿Cuál fue la fiesta? ¿Dónde están los hombres? ¿Cuál es el dolor?

"Chaco arde", el "melodrama queer musical" creado por Belén Amada, Micaela Fariña y Gonzalo Quintana, cuenta una historia trágica, con humor y drama, esos dos territorios de la teatralidad que podrían no ser parte de lo mismo aunque en este caso necesariamente lo son. La provincia de Chaco es el destino de una especie de road movie teatral, un viaje de calor donde lo agobiante es la propia locura de las protagonistas. Una locura que arde y quema.

Sandra Díaz y Alejandra Gorriti fueron juntas al colegio secundario. Ahora se dirigen al casamiento de una de sus compañeras con la idea fija de vengarse de aquellos días de bullying. Se apoderaron de la ruta y, de algún modo, de sus propias vidas. Es la posibilidad de quitar las espinas incrustadas en la piel desde la adolescencia, de limpiar el alma de amores no correspondidos. ¿Hasta dónde se puede llegar por venganza? ¿Hasta dónde por lograr el amor de otro?

Fariña y Amada interpretan con intensidad a estos personajes al borde de lo irracional. Lo dan todo. Con el foco en los detalles, en la exageración, en el goce de lo absurdo, estas jóvenes actrices se constituyen como las piezas de una maquinaria teatral simple, elemental, de escenografía minimalista y una puesta de luces acorde, para edificar un melodrama disparatado. Convierten sus cuerpos en superficies de amor, locura y muerte. Hacen de la violencia y el grotesco teatral un recurso cotidiano. Le dan todo el cuerpo y toda la voz a sus personajes porque, siguiendo la urgencia del relato, llegó la hora de hacerlo. Y porque sobre todo el teatro es también ruido, explosión, escape de lo real.

La dramaturgia de esta obra es acertada. Los personajes van y vienen de una escena a otra, con un ritmo ágil y voluntario, para que el relato exista. Así como esos cuerpos que al comienzo de la obra están atados, pegados entre sí y luego se desprenden, la acción vive su propia desintegración, se va desovillando para mostrar qué ocurrió en el pasado y qué está pasando hoy.

Quintana, desde la dirección, logró sacarle todo el jugo a las potencialidades de las actrices sin quitar la vista de las necesidades de la narración.

Por su parte, la música es un recurso poderoso en la obra. Canciones con letras apasionadas le dan descanso a la trama y a la vez la impulsan. En "Chaco arde" la voz lastima pero alivia, tensiona pero abraza, aleja y a la vez acerca. La voz es el filo de un cuchillo que cuenta y canta.


La obra se despide este viernes, 13 de diciembre, a las 23, en El Método Kairós, ubicado en El Salvador 4530, CABA. La obra vuelve el 6 de marzo, en mismo horario y misma sala.

Chaco arde
Actuación: Belén Amada; Micaela Fariña
Coreografía y asesoría de movimientos: Sebastián Villagra
Diseño de luces: Samir Carrillo y Caio Senicato
Diseño de escenografía: Lula Rojo
Diseño de vestuario: Mailen Calvo
Fotos: Gastón Marín
Visuales: Eliana Agüero
Diseño gráfico: Roy Cifre
Asistencia de dirección: Kika Monte
Dramaturgia: Belén Amada, Micaela Fariña y Gonzalo Quintana
Dirección: Gonzalo Quintana