miércoles, 20 de mayo de 2015

La mala fe


Una huelga en tiempos de divisiones políticas

La obra de Leonel Giacometto es injustamente poco conocida en la cartelera teatral porteña. Las razones no atañen a cuestiones estrictamente teatrales sino más bien a ese cerco que nos distancia de lo que se produce más allá de la Avenida General Paz, y que, en casos como este, se vuelve francamente una pérdida. Giacometto es un autor que tiene una fina sensibilidad narrativa, que cuenta historias que sin volverse crípticas son sutilmente poéticas y nunca del todo realistas, y dueño de un humor tan singular como, por momentos, irreverente.

La mala fe reúne todos esos ingredientes. Cuenta una historia anclada en el año 1951 de una Argentina atravesada por conflictos, enfrentamientos y divisiones. Los obreros ferroviarios le han iniciado una huelga al entonces presidente Perón y en el tren donde transcurre la acción las divisiones están a la orden del día. Pero más que divisiones como ámbitos existenciales en los que el ser se realiza, en la obra de Giacometto esas divisiones son tan reales como ficticias. Los personajes juegan permanentemente con sus rostros y sus máscaras de manera tan perfecta que a la larga poco sabremos de ellos. A medida que la obra avanza y los secretos se revelan algo se va enturbiando. Y ese es el talento de este autor.

En lo que respecta al trabajo de Ullúa, por un lado, en lo que hace estrictamente a la utilización del espacio y el tratamiento visual, no hay un esfuerzo demasiado logrado. Los materiales, los colores y las formas por momentos atentan contra el material poético y dramático. Pero sí se observa que su esfuerzo estuvo puesto en la dirección de actores. Allí se ve que por un lado el casting funciona de manera impecable y cada uno de los tres actores emprende su tarea con absoluta idoneidad. Pero unas palabras aparte merece el trabajo de Lorena Vega y no en desmedro de sus compañeros. Sucede que esta actriz es tan descomunal en lo que hace arriba del escenario que merece un aparte. Es una de esas intérpretes que tiene el poder de desdoblarse en la escena y jugar angeladamente con zonas tremendamente oscuras. Es una actriz enigmática y que desde esa magia captura al que mira. Y en el personaje que tiene a su cargo esas características son más que apropiadas.

Fuente: La Nación

Teatro: Cultural San Martín / Funciones: miércoles, a las 21

Eric Dinzel: Tango Negro

“El tango está entre mis primeros recuerdos ”

ERIC DINZEL, BAILARÍN Y ACTOR.

–¿Cuál es la propuesta de Tango Negro?
–Tango Negro está basado en una mirada distinta de establecer el vínculo del hombre y la mujer en el tango desde distintas técnicas teatrales. Entre ellas, el teatro negro de Praga y la técnica de cine mudo, por ejemplo Chaplin.
–¿Qué textos de Oliveiro Girondo se toman?
–Los textos de Girondo del libro: Poemas para ser leídos en el tranvía. Entre ellos se destacan poema N° 12, “No se me importa un pito”, “Llorar a lágrima viva”, entre otros.
–¿Cómo es la transición entre baile y soporte dramático?
–Se busca a través de la parte coreográfica que no haya una separación entre lo musical y los sentimientos de los personajes. También se incluyen escenas no bailadas en las que los personajes se vinculan a través de textos de letras de tango de distintos poetas.
–¿A qué edad empezaste a bailar? ¿Tus canciones de cuna fueron tangos?
–Mi contacto con el tango es desde mis primeros recuerdos. Si bien no lo bailé en mi infancia, me la pasé entre miles de clases y teatros con mis padres. En el final de la secundaria empecé a darme cuenta de que el tango era parte de mi vida, y desde ahí descubrí mi vocación de bailar y enseñar. El día que nací, y la primera vez que mi padre me tuvo en sus brazos me canto el Himno de Boca. Y el tango “Volver” de Carlos Gardel. Pasiones que se marcaron en mi piel.

Tango Negro se presenta los sábados a las 23 hs., en el teatro La Mueca, Cabrera 4255

Fuente: Tiempo Argentino