viernes, 14 de junio de 2013

Ricardo Jarne, Rubens Correa, Maruja Bustamante y Román Podolsky: Teatros ejemplares


El siglo XXI lee a un clásico

Teatros ejemplares comenzará hoy y se extenderá hasta el 18 de agosto. Siete dramaturgos y directores argentinos adaptaron libremente una de las novelas de Miguel de Cervantes Saavedra y mostrarán el resultado de forma gratuita en la Sala Luisa Vehil.

Este año se cumplen cuatrocientos de la publicación de las Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento, de Miguel de Cervantes Saavedra, y el aniversario no pasará inadvertido en Buenos Aires. Unidos para homenajearlo, el Centro Cultural de España en Buenos Aires (Cceba) y el Teatro Nacional Cervantes organizaron el ciclo de teatro semimontado Teatros ejemplares, que comenzará hoy y se extenderá hasta el 18 de agosto. Siete destacados dramaturgos y directores argentinos adaptaron libremente una de las novelas del escritor barroco a elección y durante este tiempo mostrarán el resultado de forma gratuita en la Sala Luisa Vehil del Cervantes. Paralelamente, cinco de los más importantes autores españoles del momento harán lo propio con los textos restantes. De todos los trabajos surgirá una publicación llamada igual que el ciclo, que se presentará en las instituciones vinculadas con Cervantes en todo el mundo.

La idea del proyecto era que las obras no respetaran el lenguaje ni los procedimientos de la época de Cervantes, cosa que venía sucediendo en las versiones teatrales de estos textos, sino que fueran trabajos de mucha actualidad. “Les pedimos a los dramaturgos que construyeran sus obras con absoluta libertad. Una vez que cada uno había elegido su novela de base, les recalcamos que no era necesario que siguieran la línea argumental, sino que simplemente la tuvieran como influencia”, cuenta Ricardo Jarne, director del Cceba. Para él era importante que el público pudiera reconocer en las obras la presencia de Cervantes, pero que lo que viera no fuera una copia de su universo. “De esa idea se desprendió la de que fueran dramaturgos jóvenes quienes adaptaran las novelas. Ellos son menos respetuosos, por suerte, y de este modo podían poner a prueba la vigencia que hoy en día tienen esas novelas”, agrega Rubens Correa, que dirige el Cervantes.

Maruja Bustamante y Román Podolsky fueron dos de los elegidos para esa tarea y serán los primeros en estrenar sus producciones. En charla con Página/12, los dramaturgos aseguraron que el proyecto implica a la vez un de-safío y una responsabilidad. “Al principio me daba miedo hacer algo que no gustara, pero después de una charla con los demás directores me di cuenta de que tenía que hacer lo que se me diera la gana y lo que me quedara cómodo a mí porque, si no, iba a sufrir muchísimo”, dice la actriz, que hoy abre el ciclo con su versión libre de La gitanilla a la que tituló América latina. Cuenta que es la primera vez que adapta un texto y que para hacerlo seleccionó tres escenas de la novela e hizo “una especie de remake” dentro del mundo que había imaginado. Podolsky, por su parte, trabajó sobre la novela La señora Cornelia y estrenará La reina de Castelar el fin de semana próximo. Para él, “la mejor manera de homenajear a Cervantes es mostrando lo que a cada uno le pasa con su obra”, y por eso tomó el fragmento de la novela en el cual la protagonista tiene un bebé y armó una nueva historia basada en la relación de esa madre y ese hijo cuarenta años después. “Hice un recorte y después pegué un salto en el tiempo, porque lo que se ve en escena tiene lugar en el momento actual”, adelanta. Completan la lista de dramaturgos los reconocidos Santiago Loza, Luis Cano, Diego Faturos y Yozka Lázaro, español radicado en la Argentina.

El ciclo tendrá una particularidad: los de los directores no serán espectáculos terminados sino obras semimontadas, es decir en proceso. Así es probable que en más de una los actores no sepan los parlamentos y los lean, y que los vestuarios o las escenografías no sean los que finalmente se usarían para un estreno oficial. Esta decisión responde en parte al tiempo, relativamente escaso, que los realizadores tuvieron para escribir y montar, pero también simboliza un proceso de trabajo que consta de distintas etapas. En esta dirección, Jarne apunta que “los semimontajes permiten comprobar si el texto tiene algún problema una vez que se dice sobre el escenario”, y asegura que esa modalidad hará que el libro que reúna a todas las obras quede “impecable y corregido”.

Teatros ejemplares surge en un contexto favorable para las relaciones artísticas entre la Argentina y España, y por eso los organizadores aseguran que su realización no fue forzada, sino que surgió naturalmente. “Hoy, la conexión entre los dos países es mejor que nunca. En España, la mitad de las compañías tiene actores argentinos y vas a Madrid y podés ver todas las obras de Veronese, de Tolcachir, de Spregelburd y de Daulte. Lo mismo en la Argentina, donde todo el tiempo hay obras de Lorca o de Juan Mayorga, entre otros”, ilustra Jarne, que también es español. “Hay una verdadera autopista de ida y vuelta por la cual cruzan proyectos y coproducciones todo el tiempo”, asegura. Correa coincide y dice que no podría no haber participado del proyecto porque el Teatro Nacional Cervantes está vinculado con España desde su concepción (fue fundado por la actriz española María Guerrero y la fachada es una copia de la de la Universidad de Alcalá de Henares, donde estudió el escritor).

“La gloria inmensa del Quijote oscureció las otras producciones de Cervantes. Sin embargo, estas novelas fueron muy renovadoras en la época de su publicación y trajeron aires nuevos a la novelística. Con este proyecto las vamos a poder rescatar del olvido”, destaca el director del teatro sobre el ciclo que ya prepara sus versiones en Uruguay, México y Perú. “Ojalá esto sirva para tender un puente entre el público contemporáneo que está acostumbrado a ver teatro independiente y un material que para la mayoría es desconocido”, sueña Podolsky. Material que fue ni más ni menos que una de las principales fuentes de inspiración para los dramaturgos isabelinos y que hoy se puede ver en Buenos Aires de manera gratuita para todo tipo de público.

Fuente: Página/12

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