martes, 4 de junio de 2013

Les Luthiers


La memorabilia de Les Luthiers en un libro y una muestra de risa

El grupo acaba de editar las fotografías que Gerardo Horovitz les tomó durante 25 años. Son doscientas imágenes que se exhibirán en julio en el Centro Cultural

La palabra “memorabilia” está de moda, pese a que la Real Academia Española la ignora; es la traducción literal del latin “memorabilis”: aquello que es digno de ser recordado. Es la “memorabilia” lo que impulsó a Les Luthiers a inventar un libro que celebra la amistad que tuvieron, durante más de 25 años, con el fotógrafo Gerardo “Zoilo” Horovitz, aquel reportero de ojo certero, famoso en su papel de fotógrafo oficial de estos artistas, reconocidos en todo el mundo mundial, como diría Mafalda.

Es un registro histórico inédito:más de 200 imágenes cuidadosamente seleccionadas y reunidas. Horovitz fue, sobre todo, un reportero deportivo excepcional, pero también capturó instantes inolvidables de la vida artística de Les Luthiers, que por estos días se presentan en el Gran Rex.

Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Carlos López Puccio, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich presentaron el libro que lleva el nombre del grupo cómico musical, y que fue editado por Lino Patalano Ediciones y diseñado por Raúl Shakespear y Cecilia Veigas, con la curaduría de Maronna, semanas atrás, en El Ateneo Grand Splendid.

Al hablar de “Zoilo”, fallecido en 2009, los cinco se ríen recordando momentos compartidos con aquel reportero, fanático de los aviones, que les proponía tomas divertidas. Durante la charla contaron algunas anécdotas.

“Era como un primo querido, un personaje de la familia que aparecía todo el tiempo, con o sin permiso. Siempre tenía las puertas abiertas y le gustaba documentar todo”, sintetizan los cinco.

“Tenía un ojo preciso y sabía elegir el momento justo”, agrega Mundstock. López Puccio suma: “En un final de espectáculo, mientras saludábamos al público y caían papelitos, nos hizo dar la vuelta y saludar a una cámara que había escondido. Lo disfrutaba mucho”.

Una ojeada al libro hace soltar carcajadas al imaginar lo bien que se lo habrán pasado. “Este es nuestro álbum de familia, si quieren lo miran. Mejor dicho, si nos quieren, lo miran”.

La selección llevó tiempo, cuenta Maronna: “Era un material desordenado, abundante; fue complicado elegir las fotos y además, tuvimos que buscar material en la familia. Nuestro aporte estuvo en los epígrafes y la ubicación de las circunstancias en que se tomaron las fotos”.

¿Hubo diversión o nostalgia buscando el material?, preguntó a López Puccio. “Hubo asombro, responde, uno no siempre se reconoce en las fotos de antes”.

Nuñez Cortés y Rabinovich cuentan que Horovitz viajó mucho tiempo con ellos, en sus giras por España y América latina. “Fue un amigo con una sensibilidad especial para la fotografía”, coinciden.

Rabinovich agrega que compartieron el amor por la familia y la fotografía, la pasión por el fútbol, los aviones y el campo. “Aunque hacer fotos es siempre una tarea pesada para el artista, con él era divertido. Quisimos homenajearlo porque lo extrañamos mucho”, expresa.

Nuñez Cortés destaca: “Todos opinamos sobre las imágenes, estuvimos de acuerdo; fue hermoso rescatar el material y bucear en nuestras casas buscando fotos”.

Horovitz inventó una cámara a la que llamó “Igor”. La dejaba en uno de los arcos de la cancha y la disparaba por control remoto. Su amigo Rabinovich recuerda que su entusiasmo por el aeromodelismo lo llevó a diseñar avioncitos a control remoto a los que cargaba con varias cámaras Nikon. “Más de una vez se le hicieron pelota, pero hizo fotos increíbles de campos, fabricas… era de una creatividad increíble”, comenta emocionado.

En julio, las imágenes de “Zoilo” Horovitz se convertirán en una muestra en el Centro Cultural Recoleta, “La muestra va a estar un mes. En lugar de verlas sentada, las vas a ver caminando”, dice Mundstock y uno se echa a reír por la ocurrencia.

Fuente: Revista Ñ

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