domingo, 19 de mayo de 2013

Ciclo TeatroSolo


Una experiencia única e irrepetible

Hay una máxima teatral -romántica, casi siempre impracticable- que señala que un solo espectador basta para que un grupo de actores salga a escena. El ciclo TeatroSolo, creado por Matías Umpiérrez, hace culto a esta afirmación: no sólo permite que cada función se lleve adelante con un público compuesto por una única persona, sino que encuentra en esta circunstancia casi siempre indeseada la única manera posible de existir. Las escenas performático-teatrales que componen la serie (cinco en total, cada una montada en un espacio distinto de la ciudad de Buenos Aires) son unipersonales en un sentido distinto del que se suele asociar a este término: no se trata de los actores, sino del público. Porque, si bien los intérpretes trabajan alejados de su espacio habitual (el escenario), el gesto disruptivo reside en el tratamiento de los espectadores, que asisten sin compañía a la cita-función y son despojados de la butaca y de la protectora oscuridad a las que están acostumbrados. Inmersos en una situación entre real y ficcional, deberán exponerse a los acontecimientos que la escena y los intérpretes propongan para construir, junto con ellos, un relato.

Tal vez sea por esta instalación de situaciones ficcionales construidas en escenarios reales que TeatroSolo genera una sensación cinematográfica. La creación de un mundo ilusorio, pero concreto y existente, es una posibilidad que el dispositivo teatral -donde manda el artificio- no brinda. Habitualmente, lo que vemos en escena es, somos conscientes, un engaño. En TeatroSolo ocurre algo de otro orden: ¿dónde está el límite? ¿Qué pasa cuando uno tiene el poder de modificar, aunque sea de manera sutil, los acontecimientos de la historia?

Como en cualquier juego (de eso se trata) hay reglas específicas. El espectador debe comprar su entrada para asistir a la cita un día, en un espacio y un horario pactados. El encuentro se dará en alguno de los cinco puntos en los que se desarrolla la propuesta: el Malba, el Teatro Presidente Alvear, la Casa de la Cultura, una estación de subte o un departamento privado. En cada uno de estos sitios, una historia distinta espera ser contada. El espectador recibirá por mail las instrucciones específicas para encontrarse con el actor. Una vez que haya dado con él, no habrá más remedio que dejarse llevar.

Quien haya visto Usted está aquí o las intervenciones de Ciudades paralelas, de Lola Arias, encontrará algún parentesco en los procedimientos de aquellas intervenciones y esta experiencia. Y si bien el esqueleto de cada pieza es la dramaturgia -y no existe ninguna voluntad de esconder que se trata de experiencias guionadas-, lo que se cuenta es lo de menos: el cómo ocupa el centro de la escena. Habrá quienes puedan desenvolverse plácidamente en la interacción con actores que miran a los ojos e interpelan de manera directa, habrá quienes maldigan el momento en que decidieron participar de la propuesta; difícilmente alguien logre salir intacto de una experiencia que, por sus características, lleva al extremo la idea de que cada función es única e irrepetible.

Fuente: La Nación


Funciones : sábados y domingos de este mes; sábado 1° y domingo 2 de junio

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