viernes, 26 de abril de 2013

La vida es sueño


Aplaudida versión de "La vida es sueño" por un elenco español

La madrileña Compañía Nacional de Teatro Clásico deslumbró anoche en el Teatro San Martín con la obra de Pedro Calderón de la Barca que, en versión de Juan Mayorga y con dirección de Helena Pimenta, recibió al final una ovación pocas veces presenciada.

El espectáculo, auspiciado por la Oficina Cultural de la Embajada de España y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de ese país, sólo se repetirá hoy y mañana a las 20 en el complejo de Corrientes 1530.

Tiene el protagónico de Blanca Portillo en el papel masculino del príncipe Segismundo, a quien su padre Basilio, rey de una hipotética Polonia del siglo XVII, mantiene en prisión por alguna oscura razón, y es un ejemplo de ese travestismo que en el teatro ejercen los grandes intérpretes al apoderarse de grandes personajes.

La española Portillo deslumbró hace nueve años en el mismo escenario cuando interpretó "La hija del aire", también de Calderón y con dirección del argentino Jorge Lavelli, trabajó en películas de Jorge Carnevale ("Elsa y Fred") y Pedro Almodóvar ("Volver", "Los abrazos rotos") y su rostro es conocido a través de varias miniseries.

Todos esos lauros convierten a Portillo en una actriz de profunda comunión con la platea que hace de su Segismundo un ser desolado y contemporáneo, que pasa de la brutalidad con la que fue criado a momentos de especulación filosófica que la versión de Mayorga prioriza sobre la trama palaciega.

A su alrededor aparecen el rey Basilio (Joaquín Notario), la inteligente Rosaura (Marta Poveda), una feminista de su tiempo que juega con la ambiguedad de género, Astolfo (Rafa Castejón), un villano con ansias de poder, el tortuoso Clotaldo (Fernando Sansegundo), la casadera Estrella (Pepa Pedroche) y, sobre todo, el escudero Clarín (David Lorente).

A diferencia de lo que hizo el también español Calixto Bieito, que montó en 2010 una versión local con Joaquín Furriel, Muriel Santa Ana y Patricio Contreras, con fuerte acento trágico e incluso épico, aquí las cosas adquieren un tono más de comedia y tienen en Clarín un relator gracioso y entrometido.

La joven directora Helena Pimenta aprovecha el tono juguetón propuesto por Mayorga y levanta un espectáculo lleno de visualidad, casi cinematográfico, con un elenco desparejo pero con picos de potencia y con verdaderos prodigios de iluminación (Juan Gómez Cornejo), escenografía (Alejandro Andújar) y coreografía (Nuria Castejón).

El texto reduce los tres actos del original de 1635 a poco más de dos horas, moderniza muchas expresiones verbales, enfatiza el monólogo de Segismundo -"que toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son"- y suaviza un famoso ataque de furia de Rosaura. Eso da un espectáculo refinado y a la vez seductor, en el que el protagonista busca el conocimiento y la palabra y donde curiosamente Dios es el gran ausente, y en el que la trama de poderes se codea con escenas bélicas de gran belleza, resueltas de un modo ejemplar.

Nada sería lo mismo, empero, sin la presencia de Blanca Portillo, alguien que deja la sangre en el personaje que interpreta, dotándolo de una humanidad creciente, y hace olvidar que ese hombre sufriente, curioso y astutamente justiciero es interpretado por una mujer.

Fuente: Télam

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