sábado, 30 de junio de 2012

Walter Jakob Dramaturgo


Un artista todoterreno

Entrevista Walter Jakob Dramaturgo, director y actor, habla de su trabajo en “Elefante blanco”. Hoy tiene dos obras en cartel: “Los talentos” y “La edad de oro”.

Ubicar cada tarea en el podio del trabajo para Walter Jakob (se pronuncia Valter porque la familia de Jakob tiene raíces germanas) no es tarea sencilla. Dramaturgo, director y actor son profesiones que va alternando, e incluso superponiendo, según las circunstancias. Vive un momento extraordinario como dramaturgo y director (comparte dos obras en cartel junto a su compañero y amigo Agustín Mendilaharzu, Los talentos y La edad de oro , en donde hará el reemplazo de uno de los protagonistas) y es una de las figuras del nuevo opus de Pablo Trapero, Elefante blanco , filme que tras un mes en cartel superó los 700 mil espectadores.

Allí interpreta a Lisandro, un cura tercermundista que mantiene la capilla de la villa junto a Julián (Darín) y Nicolás (Jeremie Renier, actor fetiche de los hermanos Dardenne). “Con Trapero tengo un mundo muy cercano porque tenemos amigos en común. También conozco a sus guionistas”.

¿Cómo viviste trabajar con Darín y Renier?
Muy bien. La experiencia fue buenísima. Disfruté de trabajar con Darín, que es un gran actor. Es sólido, es interesante verlo trabajar: es notable su economía de recursos y su confianza frente a la cámara. Un actor de cine es alguien que sabe trabajar con una cámara, eso se ve claramente con él. Con Renier me pasó algo curioso, es un actor ponderado por sus trabajos en los filmes de los Dardenne, pero yo no había visto ninguna película de ellos. Me dijeron: ¡tenés que verlas! Pero no vi sus trabajos hasta después de terminar el rodaje, a ver si era tan genial y me achicaba (risas). La verdad que Jeremie es genial. Dominó como pudo su español y fue muy interesante trabajar con él. Nunca trabajé con semejante infraestructura, es un modelo de producción inédito para mí. Era enorme y estaba un poco perdido ahí, sin tener demasiado control de lo que se podía hacer. Son trabajos donde tu deseo no se puede poner en primer plano porque hay cien cosas más importantes. Hay que encontrar el modo de nadar en medio de ese torbellino.

Pero vos actuaste en “Historias extraordinarias”, de Mariano Llinás, un filme de más de cuatro horas con escenas en Africa.

Sí, pero es de otra magnitud, su forma de producción es absolutamente distinta. Si bien Mariano tenía un guión que conducía, había un modo de filmar a lo guerrillero. Es decir: una cámara, un trípode y a andar por los campos a ver dónde ponía la cámara. “Deberías pasar por ahí”. “¡No, acá hay un lodazal, no se puede pasar!”. “Bueno, deberías pasar igual”, me decía él. Fuimos a filmar tres planos de mi personaje, Zeta, a Mozambique sin saber muy bien qué íbamos a hacer. Fueron los grandes condimentos de la película.

Hitchcock decía que no había nada más aburrido que presenciar los rodajes, que quien viera sólo eso sin saber nada de su cine pensaría que sus películas eran de lo más tediosas, ¿es así el rodaje?
Es cierto. Hitchcock pensaba todo a partir del story-board . El actor es un instrumento más de la narración, tanto como un encuadre. Es parte de la orquestación, digamos, de la puesta en escena. Sin dudas que hay algo que está tan resuelto en la planificación de una película que en el rodaje se convierte en un trámite y sabemos lo aburrido que son los trámites. Es algo no tan gozoso (risas).

Fuente: Clarín

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