viernes, 8 de junio de 2012

Popigami

Popigami

Popi busca calmar su ansiedad ante la inminente salida a su primer campamento. La noche previa, el niño abre las páginas de un libro, una experiencia que le es más familiar, para adentrarse en las vicisitudes que podrían presentarle los paisajes de la aventura. En la silla, junto a su cama, está ya preparada la mochila con todos los elementos: la cantimplora, la linterna... Leyendo se duerme. Las páginas se transforman en sueños.

Hojeando el libro se despliegan troquelados los escenarios de la naturaleza. La titiritera dispone sobre la mesa frente a ella lagos y montañas, bosques y llanuras. Popi deberá enfrentar las situaciones a pesar de sus temores. También disfrutando de experiencias que lo llenan de asombro. Carolina Erlich, la titiritera que actúa a la vista, pone de manifiesto su capacidad de dirigir el foco de la acción en el títere sin necesidad de ocultar su propia presencia. Es más, a la vez se alegra junto al personaje y lo acompaña con algún guiño, crea un entorno de empatía, pero siempre sin sacar el eje de la acción del títere.

Popigami, la nueva puesta en escena del grupo de titiriteros El Bavastel, combina la técnica del pop-up, el plegado de papel que permite el despliegue en tres dimensiones de las páginas de libros, con el ancestral origami japonés para la realización de algunos de los animales que surcan los sueños de Popi. El resultado no es sólo original y sorprendente, sino que apunta a un delicado tono intimista, de obra de cámara, en una sala que alberga apenas 40 butacas. La titiritera puede darse el gusto de cantar sin necesidad de la mediación de un micrófono, la intensidad dramática del relato no decae en las breves pausas en que se acomodan nuevas escenas. La madre de Popi y el hermano mayor se incluyen, a pesar de sus breves apariciones, en un tono de familiaridad cómplice de la que termina participando el mismo espectador.

Planteada para los más pequeños desde la lógica del desarrollo de la trama, no por ello se resigna la puesta dirigida por Sandra Antman a simplificaciones. La historia es clara y transparente, a la vez que compleja y sutil. Como lo es la mente de cualquier niño en los últimos años del jardín de infantes.

Fuente: La Nación

Sala: pan y teatro / Funciones: domingos, a las 17 

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