martes, 19 de junio de 2012

Paul Desvaux: Sallinger




El teatro clásico en la trituradora

Por primera vez, el San Martín monta una pieza del francés Bernard-Marie Koltès, autor de una poética salvaje.

Los textos de Bernard-Marie Koltès (Francia, 1948-1989) encierran una música despiadada, sus personajes a veces  son lúcidos, otras disparatados. Hablan para tratar de domar un conflicto que los supera y que seguirá su curso sin ellos, aplastándolos. En Sallinger, de reciente estreno en el Teatro San Martín bajo dirección del francés Paul Desvaux, Koltés se encuentra con J. D. Salinger, el escritor norteamericano ermitaño y se apropia de su universo, se inspira en su literatura irónicamente triste para cuestionar al imperio. Para decir que los Estados Unidos es el culpable de la cacería de jóvenes que corren como presas en la noche.

“Partimos del texto de Koltès y cada uno eligió libremente leer o no la obra de Salinger”, dice Desvaux acerca del modo en que planteó su puesta en la Argentina “Lo más importante para mí, el centro del trabajo era el Sallinger de Koltès. Buscar cómo los actores se relacionaban entre ellos. Es a propósito que digo los actores y no los personajes. En su texto preliminar Koltès interroga la noción de personaje y la obra misma cuestiona esa noción todo el tiempo en sus vaivenes entre la ficción y los discursos directos. Se trata de entender cómo decir el texto y qué impacto tiene la palabra sobre uno y sobre los demás. O como dice el propio Koltès: ‘Es casi un lenguaje que hay que descubrir y del cual los actores tienen que ser investidos’.”

Oscuridad en escena

La digresión se convierte en la clave para entender la acción dramática en Koltès. Los personajes podrán tener un objetivo, pero lo pierden en el camino y se desvían, se distraen con otra cosa. Los largos monólogos podrían funcionar como un recurso que detiene la acción, pero la dirección de Desvaux consigue un ritmo que potencia la belleza de los textos y la fuerte presencia de los actores que encienden su oscuridad en escena. Porque si bien el propio Koltès se encarga en aclarar que su Sallinger (ese Salinger que logra parir a su imagen y semejanza y al que le incrusta otra ele para diferenciarlo del original) es un texto literario, para nada teatral, manifiesta, pese a todo, una variedad de conflictos en la desesperación, en la excitación de esos cuerpos que buscan lo que ese sistema no puede darles porque, como señala Ana, “Nada más que nosotros somos la causa de nuestro fin, todo el resto funciona bien, América está en orden, somos nosotros, pobres idiotas, quienes francamente hacemos tonterías.”

Escrita a mediados de los 70, Sallinger es una de las primeras piezas de Koltès que comienzan a separar la palabra de la acción, como un modo de opinar sobre lo real. Por un lado, existen situaciones que condicionan a los sujetos, pero al convertirse en seres que han perdido la capacidad de intervenir sobre su entorno se refugian en las palabras para instaurar otro mundo que, tal vez, logre reemplazar al anterior.

De este modo el autor establece una fisura en la dramaturgia e influencia notablemente a la generación de autores argentinos de los años 90, al dejar en penumbras la objetividad de los hechos y estructurar su trama en el relato que los sujetos implicados realizan de las situaciones. Es una estética de la subjetividad que no abandona lo político, sino que lo aprisiona en los cuerpos, en las voces como en una novela donde la percepción del narrador lo contiene todo.

Espectros

“El principio dramatúrgico de la obra está en los monólogos”, sostiene Desvaux. “La muerte de El Colo, uno de los personajes, provoca ese conjunto de confesiones, de reflexiones. Podemos decir, entonces, que la acción es palabra. El hecho de decir es una acción suave o violenta, pero es definitivamente una acción que revela los movimientos internos de esos seres. Para mí eso es lo más apasionante del teatro: seres que vienen a confiarse a un público y que, interrogándose, logran interrogar al mundo. Las palabras tienen la capacidad de cambiar el espacio y el tiempo en el teatro pero también el poder de transformar, trastornar al actor en el buen sentido. Si hay una acción fundadora, en el significado clásico del término, es la muerte de El Colo.”

Koltès tritura el teatro clásico al recurrir a un estilo similar al drama griego, donde los hechos eran contados y pocas veces ocurrían a los ojos del espectador, y recupera también la figura del espectro hamletiano. El fantasma del hermano muerto que oprime a los vivos con su recuerdo de ser excepcional, pero que no pide venganza sino olvido. La guerra ha perdido su carácter épico, es una maquinaria que vacía de sentido las vidas, que las deja en “esa edad imbécil donde conviene disfrazarse para intentar agradar, y donde todo lo que conviene hacer me desagrada soberanamente.”

FICHA
“Sallinger”, Bernard-Marie Koltès, por Paul Desvaux

Lugar: Teatro San Martín (Avda. Corrientes 1530)
Días y horarios: miér. a sáb. a las 20; dom. a las 19.
Localidades: $ 70

Fuente: Clarín

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