Roberto Carnaghi: Mateo

"Uno quiere ser el mejor del mundo"
Entrevista. Roberto Carnaghi. Actor de talento incuestionable, reconoce que a veces querer no es poder. Estrena “Mateo”, de Armando Discépolo, en el Cervantes, recuerda épocas mejores y habla de la televisión de hoy en día.
Llega apurado, paraguas en mano, apenas cinco minutos después de la hora acordada. Entra disculpándose y comenta: “Tengo que caminar más por Tribunales, nunca me habían saludado tanto en una calle, todos hombres de corbata, abogados, debe ser por lo que hicimos con Tato Bores”. Lanza esto y pide un peine antes de la sesión de fotos. Así de locuaz y campechano resultó Carnaghi, un entrañable del público, que no se la cree y siempre recuerda sus duros comienzos: “Yo empecé con Carlos Gandolfo y dejé mi trabajo fijo como contador para dedicarme sólo al teatro. Tenía un hijo de un año y no me quedaba tiempo para laburar. Fue una época dura en la que vivimos de los libros que vendí y de las joyas de mi mujer. Eso le pasó a montones de actores aunque no lo cuentan”, recuerda.
Cuando la popularidad le llega a través de la televisión, Roberto Carnaghi ya tenía un extenso recorrido en el teatro. Sus años en el Conservatorio de arte dramático le evocan una época de ilusiones y largas noches porteñas. “Estudié con Ulises Dumont, Gasalla, Perciavalle, nos juntábamos y salíamos a comer, hablábamos de teatro, de nuestros sueños. Después venían los músicos y nos quedábamos hasta las 7 de la mañana. Era un Buenos Aires más tranquilo”. Y agrega: “Cuando hacíamos El pan de la locura , de Gorostiza, íbamos a la panadería de la calle Corrientes y Libertad y les explicábamos la obra, veíamos cómo hacían el pan toda la madrugada, había una onda. Eso ahora cambió”.
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