Daniel Veronese: Un tranvía llamado deseo


Cien años de soledad

En el año del centenario del nacimiento de Tennessee Williams, y mientras se suceden homenajes y se realizan puestas de sus obras en todo el mundo, aquí en Buenos Aires es el turno de una nueva versión de Un tranvía llamado deseo. Con dirección de Daniel Veronese y las actuaciones de Diego Peretti y Erica Rivas, vuelve la obra emblema de Williams, con el mito a cuestas de Marlon Brando como Kowalski y la gran creación femenina en el personaje de Blanche Dubois, la trágica dama sureña que se debate entre la locura y la decadencia.

Al final de la primavera de 1947, en una cabaña cerca de la playa Cape Cod, Tennessee Williams escribió las palabras por la que iba a ser recordado siempre. Hacía más de un año que venía trabajando en ellas, pero fue en esa pequeña casa de madera al borde del Atlántico donde escribió la más famosa línea de diálogo, de la más famosa de sus obras, la más irónica, sensible, dramática y hermosa que su teatro dio y es mucho decir. Es el último mutis de Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo y dice: “Siempre he confiado en la amabilidad de los desconocidos”, algo que como cuenta en sus Memorias le pasaba mucho a Tennessee: “En realidad era cierto. Yo había confiado siempre en esa amabilidad, y rara vez me había defraudado. De hecho, me atrevería a decir que los desconocidos, las amistades fortuitas, me han demostrado más generosidad que los amigos... lo cual no dice mucho en mi favor”.

¿Cómo decir esa frase nuevamente? ¿Cómo después de sesenta y cuatro años de haber sido escrita y primero dicha por Jessica Tandy en un escenario y luego por Vivian Leigh en una pantalla? De esas repeticiones está hecho el teatro y con esos problemas hay que enfrentarse siempre, pero no deja de ser un desafío. En este renovado desafío se embarcaron Erica Rivas y Diego Peretti, bajo la mirada de Daniel Veronese hace algunos meses: realizar una nueva versión de Un tranvía llamado deseo. Una de esas obras que a pesar de encarnar un realismo de antaño, son dueñas de una poesía y unos personajes tan vibrantes que resisten las nieves del tiempo como si tal cosa. Uno sabe que en algún suburbio de Nueva Orleans, en un departamento oscuro y desordenado, están Stanley Kowalski y Stella, y que pronto llegará Blanche y que todo terminará yéndose al demonio.

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