Chacovachi, Mario Pérez y Gerardo Hochman: Festival Internacional de Circo


“La proeza en el circo es la excusa para estar en escena”

Durante doce días, quince elencos de la Argentina y de diversos países le darán vida a este encuentro que se desarrollará en el predio Buenos Aires Polo Circo. Tres referentes locales –Chacovachi, Mario Pérez y Gerardo Hochman– analizan el presente de la disciplina.

Pocos ejemplares quedan de aquellos circos de familias trashumantes que recorrían los terrenos baldíos con una oferta de malabares, acrobacias y magia. Cada vez más, circo es un arte escénico apto para otros espacios distintos de la tradicional carpa, cada vez menos adopta su otrora intrínseco carácter itinerante, con la salvedad de las enormes producciones del Cirque Du Soleil, entre otras compañías con zona de cobertura global. En este marco, la tercera edición del Festival Internacional de Circo, que se desarrollará desde hoy hasta el 9 de mayo, se impregna de romanticismo y se convierte en un espacio para la nostalgia de los que conocieron al viejo y el descubrimiento de los neófitos: sólo la imponente presencia de las carpas montadas en el predio Buenos Aires Polo Circo (Av. Juan de Garay y Combate de los Pozos) hace a la evocación de las antiguas tropas nómades.

Doce días, quince elencos, dieciocho espectáculos y sesenta funciones son algunos de los números de esta propuesta del gobierno porteño que contará con visitas de los conjuntos BAM, Carpe Diem, Akoreacro, Sacékripa, Non Nova y Toron Blues, de Francia; Les Improduits, de Canadá; Les Main Sales, de Bélgica, y Cirque Mandingue, de Nueva Guinea, todos con entradas económicas (entre 20 y 50 pesos). Además, habrá shows de los grupos locales de la Universidad Tres de Febrero, Alegría Intensiva, La Arena y de la Convención Argentina de Circo, Payasos y Espectáculos Callejeros, presentaciones con entradas gratuitas para fomentar la asistencia. Respecto de las ediciones anteriores, y a pesar de que la proposición sea de variados formatos, estilos y temas, esta tercera edición no contendrá otra representación latinoamericana que la de los anfitriones. Tampoco habrá talleres y conferencias pero sí un escenario al aire libre con shows gratuitos.

A contramano del grueso de la propuesta, que es claramente foránea, Página/12 reunió a tres referentes disímiles del circo vernáculo y participantes de este maratón: el payaso Chacovachi, que brindará su unipersonal ¡Cuidado! Un payaso malo puede arruinar tu vida (el sábado 7 a las 21); el acróbata, malabarista y director de la escuela El Coreto, Mario Pérez, que dirigirá la pieza Casual (debuta el próximo viernes a las 19), y el actor, acróbata y director de la escuela La Arena, Gerardo Hochman, que hará lo propio con Tiempos que corren (próximos domingo y lunes a las 20).

–¿Hay un circo propiamente argentino?

Gerardo Hochman: –El circo argentino es el hecho por argentinos. Esos argentinos bebieron circos de fuentes nacionales o extranjeras. No hay un manifiesto sobre el circo argentino con sus variables. Es sano que así sea, porque un sello nacional sobre una producción artística es muy empobrecedor.

Chacovachi: –El artista es el reflejo de la sociedad para la cual trabaja. Yo soy payaso y hay una identidad de payaso argentino y sudamericano. Un trabajador del arte primero tiene que aprender el oficio: entretener, divertir, asombrar. Pero para convertirse en artista debe aprender a criticar, denunciar, delirar. Cada vez que me comparo con otros payasos del mundo, en cada uno veo algo personal. Los payasos populares representan una idiosincrasia popular, así que yo creo que sí hay un payaso argentino, y que no es lo mismo el rosarino que el porteño. Con respecto al circo argentino, tal vez lo que lo marque sea el humor.

Mario Pérez: –Por muchos años, de los ’70 al ’85, el circo argentino tuvo que crecer para adentro de nuestro país. Era muy difícil viajar al exterior. Todo pasaba afuera y teníamos poca información. Cada año teníamos que renovar para sostener un nivel. Porque, en ese momento, la esperanza era ir afuera, y eso dependía del nivel local. Los empresarios venían muy espaciadamente y había que estar listo. Afuera podías abrir el horizonte. Si no, programabas un truco pensando que ibas a matar, y llegabas a Estados Unidos y ya se había hecho.

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Una nueva dimensión artística

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