Eloy González y Pablo Lapadula: Necrodrama

“Esto es un acto de amor y de vida”
El director Eloy González abordó el caso de la víctima de gatillo fácil Sergio Schiavini, y su colega Pablo Lapadula el de María Soledad Morales. En ambas obras participan las madres de los asesinados, para hacer más evidente el reclamo de justicia.
El teatro puede surgir del terreno pedregoso de la injusticia, de los crímenes malditos, de la impunidad. Puede partir de la muerte joven, de la memoria y del reclamo. Puede, como esta cuarta temporada del ciclo Necrodramas, nacer de casos emblemáticos, como el de la joven catamarqueña María Soledad Morales, o el bonaerense víctima del gatillo fácil Sergio Schiavini. Necrodrama lleva a escena la muerte de personas jóvenes como medio de reflexión. Este año, el ciclo comenzó el 19 de noviembre con una puesta dedicada a la poetisa brasileña Ana Cristina Cesar y continuará en diciembre con una suerte de “cambio de carátula” que lo llevará al formato “pedido de justicia”. Para ello, Eloy González tomó el caso de Schiavini y Pablo Lapadula el de María Soledad. Ambos directores proponen un acercamiento intenso a los temas, de corte performático, y en el que se destacan la participación de las madres de ambos chicos (una en escena, la otra desde el video). La mártir del valle, dedicado a Morales, se podrá ver el viernes 3 de diciembre a las 23 en La Fábrica (Av. Corrientes 6131, Capital Federal), y luego partirá a presentarse en Catamarca. Cuando todo está quieto, en torno del asesinato de Schiavini, subirá a escena el viernes 10 de diciembre a las 20.30 en la Casa de la Lectura (Lavalleja 924, Capital Federal), en una función gratuita coincidente con el Día Internacional de los Derechos Humanos.
–¿Por qué este cambio de enfoque en el ciclo?
Eloy González: –El año pasado me interesó un caso de Longchamps en que se supone que a un chico lo mataron unos ladrones, pero hay policías involucrados, con amenazas de por medio. Tenía ganas de hacer algo con el tema y me puse a investigarlo. Así me topé con el caso de Schiavini. Al mismo tiempo, Pablo me propuso hacer algo con María Soledad. Me interesó esto de que los pedidos de justicia están en la calle, que es un lugar donde no se singularizan demasiado. Llevarlos al teatro era una forma de hacerlos diferentes y que recibieran atención.
–¿Cómo se aborda cada caso para llevarlo a escena? ¿Toman la causa? ¿Cuentan la historia?
Pablo Lapadula: –Empecé una investigación cuando me enteré de que se cumplían veinte años del caso y que los asesinos estaban libres. Además había otros implicados en el caso, que no se sabe quiénes son y con quienes jamás pasó nada. Pero elegí investigar sobre la vida de Sole, más que sobre el caso, del que ya se escribió y se dijo mucho. Fui a Catamarca a charlar con la gente, donde el caso sigue siendo importante y el pedido de justicia es primordial. Acá intentamos darle espacio a la gente, que el público pueda intervenir preguntando, comentando, o viendo todo el material de la investigación. En ese sentido, es una instalación preparada para que la gente participe, que no sólo mire.
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