Julieta y Julieta


Sangre de amor correspondido

Si Romeo y Julieta es una obra casi de dimensión mítica, esa perfección la vuelve tentadora y a la vez peligrosa para cualquier adaptación a otras épocas y otros ámbitos. Pero la versión de Lorena Romanin la convierte en una historia lésbica y callejera que se adapta a la perfección al presente y a la tragedia amorosa de estos tiempos.

Por varias razones que muchos críticos se esmeraron en explicar en infinidad de estudios especializados, Romeo y Julieta es una de esas obras teatrales que la humanidad nunca olvidará. Es también una de las obras más populares de Shakespeare, sólo superada por Hamlet en cuanto a número de representaciones. Pero Romeo y Julieta, como núcleo temático, va más allá de Shakespeare, del teatro Isabelino, del teatro en sí, porque es el símbolo perfecto del amor idealizado, perfecto, casi irreal. Es la historia de amor más emblemática que uno pueda imaginar. El baile de máscaras, el amor prohibido, el balcón, la huida en la noche, el suicidio compartido pero con mal timing son escenas que están talladas en la memoria como si hubieran sido escritas directamente ahí. ¿Es todo esto muy obvio? Lo sería si fuéramos a hablar de otra versión, una nueva, de este clásico eterno, aunque fuera algo tan bello y raro como el filme que Baz Luhrmann hizo a mediados de la década del ‘90. Pero no. Esta vez la versión de la pieza es tan distinta que cambia inclusive de título: ahora estamos frente a Julieta y Julieta.

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Julieta y Julieta se puede ver los jueves a las 21 en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960. Entrada: $ 40.

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