Marcelo Katz: Tempo


Un viaje onírico y divertido

Uno de los referentes del teatro de clown local invita a internarse por un rato en un mundo de relojes, metrónomos, calendarios, apuros, retrasos, recuerdos, destiempos y proyecciones. Katz juega con las dos formas de percibir el tiempo: la concreta y la abstracta.

¿Se pueden abordar los temas más diversos y profundos desde la mirada ingenua y franca del clown? Marcelo Katz, uno de los referentes centrales del teatro de clown local, no lo duda. Y tal vez por ello, desde que se alejó de la Trup –la compañía que fundó con Gerardo Hochman y con la que sentó las bases del nuevo circo porteño– creó espectáculos hipnóticos sobre diferentes temas y materiales, desde textos clásicos hasta cuestiones como las ilusiones, el amor, el agua, el aire o la tierra. Obras con una trama o estructuradas como una serie de números breves sobre un mismo eje temático, las creaciones de este artista son un viaje a un mundo disparatado y onírico donde todo es posible y donde la risa surge a través de distintos recursos. Un coctel hecho de juegos de palabras, torpezas y situaciones ingeniosas en las que se cruzan lenguajes artísticos, que tocan al espectador desde la simpleza, pero que dejan la sensación de haber dado en el blanco de una fibra emotiva muy íntima. Simple y a la vez profunda.

A comienzos de este año, Katz desempolvó una obra sobre las relaciones amorosas y sexuales en Ciudad Cultural Konex (Amargo Dulzor). Desde este fin de semana, el director presenta Tempo (los vienes y sábados a las 20 en el Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543), una invitación a un mundo de relojes, metrónomos, calendarios, apuros, retrasos, recuerdos, destiempos, desfasajes y proyecciones. Cinco personajes adorables en una suerte de limbo abstracto en el que se suceden escenas insólitas, musicalizadas por un pianista en vivo y un vestuario que combina elementos antiguos y modernos. Tiempos externos e internos, concretos y abstractos para el disfrute de grandes y chicos no tan chicos.

–¿Cómo surgió la idea de trabajar a partir de la noción del tiempo?

–Hay algunos temas que son inmensamente amplios, y cuando pienso por dónde abordarlos me siento envuelto en una marejada de imágenes tan diversas que me pierdo. Esa es una de las condiciones para que sea un buen tema para mí: que me desborde y me apabulle de imágenes. Así fue que llegamos con Javier Pomposiello, con quien de-sarrollamos la idea original, a elegir el tema.

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