Rubens Correa: Una mañana sin sol

“Estos son seres descolocados”
El titular del Teatro Cervantes vuelve a la dirección con una obra que retrata a dos militantes de los ’70 que perdieron el rumbo frente al aluvión neoliberal de los ’90: “Siempre ocupados del futuro, no supieron querer ni quererse”.
El encuentro entre la actriz y su director sucede durante una madrugada, en un teatro independiente. El insiste en realizar una puesta de La señorita Julia, de Strindberg, en gran medida para ayudarla a ella a abandonar la depresión y el alcohol. Hay una historia de amor trunca entre ambos y muchos recuerdos compartidos. Una mañana sin sol, de Héctor Oliboni, plantea un encuentro entre dos personas que han perdido la esperanza. Representada en Perú, México y Cuba, esta pieza recibió una mención de honor en el concurso Atahualpa del Cioppo, organizado por la Municipalidad de Montevideo y el Teatro El Galpón para celebrar los 50 años de la fundación del Teatro. Estrenada en Buenos Aires sólo en la modalidad del semimontado, la obra acaba de subir a escena en el Teatro del Pueblo (Av. Roque Sáenz Peña 943) bajo la dirección de Rubens Correa.
“Son seres tiernos, solidarios, tímidos, débiles, tenaces”, opina el director en la entrevista con Página/12, al caracterizar a unos personajes que aluden a la militancia en los ’70, que “siempre tuvieron grandes objetivos y esperanzas, pero que se quemaron en el altar de las grandes ilusiones”. Y continúa: “Cuando las ilusiones cayeron, quedaron descolocados con los cambios que trajo la invasión del pragmatismo triunfal: mal preparados para la lucha individual, no encontraron dónde ponerse y quedaron sin lugar”. Andrea Juliá y Luis Campos interpretan a estos personajes que no aciertan a inaugurar una nueva etapa en sus vidas, porque no se animan a realizar lo que no pudieron llevar a cabo ni a dejar atrás lo que no pudo ser: “Siempre ocupados del futuro, no pudieron conocer sus verdaderos sentimientos. No supieron querer ni quererse”, resume Correa, desde hace dos años director del teatro Cervantes. Sin dudar, afirma que aceptó la dirección de esta obra porque sólo eran dos personajes: “Es más fácil ponerse de acuerdo para ensayar, y como el riesgo del Cervantes es que me absorba totalmente, encontré en este proyecto una posibilidad de fuga”, se ríe.
–Una mañana sin sol es una obra que presenta, más que un conflicto, un clima de insatisfacción...
–Sí, es una obra íntima y chiquita, pero no lo digo en forma despectiva. Me atrajo porque trata de personajes que conozco bien, de los que hablé más de una vez. Pertenecen a una generación más joven que la mía, aunque yo estaba entre los mayores de aquella gente convencida de que había que luchar por un mundo más justo. Me gusta esa manera que tuvieron de ver el mundo, con tanta generosidad social y política. La obra toma a esos personajes y parece preguntar acerca de lo que les pasó a ellos en la vida.
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