Pepe Cibrián


“No hay mayor reconocimiento que el de mi gente”

El artista, que ayer fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, asegura que esto lo supera y que sus padres estarían orgullosos si lo vieran. Recuerda su defensa del matrimonio igualitario, celebra la adopción de Flor de la V y asegura que nunca se va a retirar.

Sentado en una silla de plástico, en una de las aulas de un colegio católico de Palermo, Pepe Cibrián les habla a sus alumnos, que están tirados en el piso. Las chicas flacas, con calzas y peinados que buscan parecer espontáneos, escuchan al renovador de la comedia musical en la Argentina, con el sueño de volverse, en algún momento, la imbatible Lucy que en la obra Drácula tiene un encuentro erótico con el vampiro y unas intensas escenas que a cualquier joven actriz la harían sentirse una artista gloriosa, aunque sólo sea por cinco minutos.
“Hagan este ejercicio cambiando roles”, les propone Pepe y sus alumnos se juntan en parejas y empiezan a hablarse, hasta que la conversación se vuelve más fuerte y todos terminan a los gritos. “Me conmueven estos chicos, veo la libertad que tienen, que no viene de la idiotez brutal de Tinelli, viene de los cambios del mundo. Tienen una libertad que nosotros no teníamos. Usábamos metáforas, como ‘la parte donde se une el hombro con el brazo’, para decir teta. ¡Y ahora dicen teta lo más tranquilos!”, piensa Pepe, que hace unas semanas llegó de unas vacaciones por Europa, estaba aburrido y se sumó un taller gratuito para un grupo de alumnos preseleccionados de comedia musical. El artista se encuentra en un momento de su carrera en el cual ya no tiene ni un motivo para quejarse: ayer lo declararon Ciudadano Ilustre y dice que esta distinción ya es algo que lo supera. En esta entrevista con Tiempo Argentino, Cibrián reflexiona sobre su aparición mediática, hace más de un año, para defender el matrimonio igualitario y opina sobre la decisión de ser madre de Florencia de la V, habla de política, explica por qué nunca podrá retirarse e imagina qué dirían sus padres si vieran el reconocimiento que le otorgó la Ciudad de Buenos Aires.

–Además del lenguaje, ¿en qué aspectos sentís que los jóvenes son más libres que los de tu generación?
–Ellos no han vivido la censura. Yo no fui perseguido ni me tuve que exiliar durante la dictadura, pero sí he vivido la censura. A los militares nos les gustaba que mis trabajos fueran siempre en grupo. No toleran lo colectivo. Y ahora están todos presos. Yo digo: “¡Bravo que esto suceda, hijos de la re mil puta!” Y por suerte algunos son jóvenes, van a estar bastante tiempo en la cárcel, no la van a pasar bien. No sé si estos chicos pueden entender el valor de esa escena en la película Cinema Paradiso, cuando Alfredo le junta a Totó todos los besos que habían sido recortados de las películas. ¡Cómo lloré con esa película!
–¿Qué es lo que no te gusta de Tinelli?
–Yo no lo veo, no veo nada de televisión. Tal vez me pierdo otras cosas que deben ser muy buenas. No hay que meter todo en la misma bolsa, sería como estar en contra de Discépolo, y Discépolo era un genio. Pero donde prendés hablan de lo mismo. Creo que hacen un gran daño a la cultura. Desde los ’90 empezó una cultura donde ser traga es ser un boludo. Hay una desculturización total. Mis alumnos no saben qué pasó el 20 de junio. Es culpa de un mundo que quiere que esto pase para dominarnos.
–¿Qué dirían tus padres si te vieran reconocido como Ciudadano Ilustre?
–Mis padres estarían orgullosos, sentirían que sus hijos los superaron. Mi padre fue un buen maestro y quería que su hijo lo supere. Me formó en la ética, en la coherencia, en la honestidad, en la pasión. Mi madre me formó en el delirio, en el humor, en ser un inconsciente. Mi padre era lo opuesto: un gran luchador, pero mucho más centrado, no tenía esa impronta que tenía mi madre. Yo creo que los dos estarían de la misma manera que estuvieron cuando su hijo estrenó Drácula, que logró esa cosa monumental. No el éxito, que tiene que ver con lo económico, sino cuando vieron la calidad artística. Necesito creer que mis padres van a estar cuando me muera y que estarían felices. Necesito creer que me voy a encontrar con todos cuando me muera. ¡Con mis perros! ¿A dónde van los perros? Los perros tienen alma, si es que hay un paraíso, tiene que tener perros y plantas. Ser ciudadano ilustre es algo que me supera. Quiere decir que me declaran perteneciente a un espacio. Es algo que nunca en mi vida pensé. Además, yo siempre me he quejado de que no me reconocen lo suficiente, pero ahora ya no puedo más, me jodieron. Siento que no hay mayor reconocimiento que el de mi gente.
–¿Quiénes son las personas que no te reconocían?
–Es que siempre estoy nervioso. Cuando estreno, por ejemplo, pienso que no va a ir nadie, pero no porque sea pesimista, sino porque siempre pienso que tengo 17 años, cuando no iba nadie a mis espectáculos. Siempre tuve el apoyo de la gente, incluso de los medios. Pero bueno, uno tiene que cumplir un mandato, la crítica, a veces, es un poco sangrienta, destructiva. Eso no sirve para construir. Pero esto me superó. Mi psiquiatra me dice: “Vos Pepe trascendés tus obras”, porque me ve el portero, el taxista, el del camión y todos me saludan. Ellos no han visto mis obras, pero algo les ha llegado de mi persona y por eso me saludan.
–¿Cómo te sentiste cuando hablaste de tu vida privada para apoyar el matrimonio igualitario?
–Yo de chico me imaginaba el teatro lleno, me imaginaba el cariño del público, pero nunca me imaginé que iba a defender lo que defendí. Yo no soy un hombre que hable de su vida privada, sin embargo me expuse tanto. ¡Fueron 400 notas en dos meses! Y hablé de mi decisión de vida, de cómo era, hablé de Santiago, mi pareja. No recuerdo que muchos hayan hablado públicamente. Yo decidí hacerlo.
–¿Y cómo estuvo tu casamiento?
–Lo hicimos muy íntimo. Con Santiago no queríamos que se enteraran los medios. La prensa es tan respetuosa conmigo y a Santiago no le gustan las fotos. ¡Jamás le han sacado una foto! Igualmente, él es muy particular, si vamos a una entrega de premios, él se sienta en otro lado. La ceremonia fue maravillosa, primero en el registro civil y después nos fuimos a comer al Alvear, éramos 20 personas. Igual, el casamiento te cambia, cambia en un vínculo. Nos unió en sentir frente al mundo que somos una pareja, que no sea un eufemismo. Lo amo mucho, somos incondicionales.
–¿Tenés ganas de adoptar?
–Sentí que ya estoy grande. Tengo 63 años. Santiago tiene 36, en él es coherente. Pero en mí no, podría ser su abuelo. Santiago lo entendió. El quería y yo también, pero en otra época, y no se dio. Por ejemplo, me parece que lo que hizo Florencia de la V está bien. Todo está bien si no hacés daño.
–¿Podrías retirarte?
–No me puedo imaginar retirándome. La vocación me ha elegido a mí, no yo a ella. Para mí hacer teatro es como hacer el amor. La vocación es como una pareja que amás mucho, te podés pelear pero siempre volvés. Los empresarios pueden elegir. Por ejemplo, un señor gerente cuando se retira se va a pescar truchas. Él puede elegir porque ser gerente no es un modo de vida, es un medio de vida muy respetable, pero no es una forma de vivir. Por eso el gerente del banco cuando se retira es feliz. Yo me moriría.

Fuente: Tiempo Argentino

Su apoyo a Cristina y la carta que le envió

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