viernes, 29 de enero de 2021

La vida extraordinaria



Lo simple devenido extraordinario

Por Hernán Salcedo

Una ciudad en el fin del mundo. Dos mujeres unidas por una amistad a lo largo de los años. Un recorrido sensible por los amores y las muertes que van tejiendo esas vidas frágiles, únicas.

En una travesía entre ilusiones y fracasos, alegrías y dolores, Mariano Tenconi Blanco lleva a escena como escritor y director una historia común, de personas simples, con la habilidad de quien conoce cómo hacer de lo común un hecho artístico extraordinario.

“La vida extraordinaria” se inicia con referencias a los orígenes de la vida en la Tierra, ideas que van de las teorías científicas a las creencias milagrosas. Pensar lo universal antes de espiar la vida de dos personas, podría darle un marco de insignificancia a lo que se va a contar. ¿Qué lugar tienen dos vidas humanas, breves, en la historia de la vida en la Tierra? Ninguno. Menos si se trata de vidas ordinarias, de esas que pasan sin estridencias ni dejan huellas. Sin embargo, la fluidez con la que transcurre el relato, los detalles que van construyendo la psicología y sensibilidad de los personajes, los saltos no lineales en el tiempo, ponen a este vínculo de amistad a la altura de esas historias que quedan en el recuerdo. Lo pequeño convertido en universal. Los años tratados como si fueran hojas de un libro. Frente a un texto tan hermoso, uno puede dejarse llevar por el relato y escuchar las palabras con el mismo placer que se saborea un buen libro.

Blanca y Aurora, de nombres pulcros y esperanzadores, despliegan sus oscuridades y ocasos. Y el espectador las ve vivir como si estuviera espiando sus diarios íntimos. No hay manera de ser indiferentes a esas dos mujeres porque lo que les sucede es lo que nos sucede a todos. Están contando nuestras historias, las de nuestros padres. Al abrir su intimidad al público, conversan con nuestras propias ilusiones, nuestros miedos y pasiones. Están hablando del amor y la muerte, ¿qué otros temas nos pueden conmover o inquietar más que el amor y la muerte?

Las interpretaciones de Valeria Lois y Lorena Vega son excelentes. Conmueven y hacen reír como si el drama y la comedia fueran la cara de una misma moneda. La dirección de Tenconi Blanco es impecable. Todo está bien en el escenario: las palabras, los desplazamientos de las actrices, las pausas, las luces, el ritmo.

También se destaca la música. Por su belleza y por su efecto dramático, crea un clima ideal para sumergirse en la historia. Fue compuesta para la obra por Ian Shifres, quien además la ejecuta en escena junto a Elena Buchbinder.

“La vida extraordinaria” es una obra muy recomendable. Ir al teatro para sumergirse en un relato interesante y encantador, con excelentes actuaciones y una puesta prolija y sensible, es una experiencia imperdible.


Las funciones son los sábados y domingos a las 20.30 en Timbre 4, México 2554. Hasta el 27 de febrero. Localidades: $800. En venta a través de Alternativa Entradas.

La vida extraordinaria

Actuación: Valeria Lois y Lorena Vega
Narración: Cecilia Roth
Música en vivo: Ian Shifres y Elena Buchbinder
Escenografía: Ariel Vaccaro
Vestuario: Magda Banach
Iluminación: Matías Sendón
Música original y dirección musical: Ian Shifres
Coreografía: Jazmín Titiunik
Video: Agustina San Martín
Mapping: Blas Lamagni
Peluquería y maquillaje: Agustina Luque
Asistencia de dirección: Ana Schimelman y Sofía Etcheverry
Producción: Carolina Castro
Dramaturgia y dirección: Mariano Tenconi Blanco

lunes, 20 de enero de 2020

Como si pasara un tren


Un bello viaje entre sonrisas y emociones

Por Hernán Salcedo

El campo frente a la ciudad. Los padres frente a los hijos. El condicionamiento social frente a la libertad individual. De esto y de mucho más habla Lorena Romanin en “Como si pasara un tren”, una obra que ya va por su sexta temporada, fue montada por compañías teatrales de otros países, y ahora puede verse en el Teatro Picadero, en pleno circuito comercial de la calle Corrientes.

Una historia emotiva, actuaciones maravillosas y una dirección cuidada dan forma a esta comedia dramática bella de la que no se sale indiferente.

La obra transcurre en una casa en un pueblo en algún lugar del país. Un joven (Guido Botto Fiora) vive al abrigo extremo de una madre (Silvia Villazur) sobreprotectora. Llega desde la ciudad una prima (Luciana Grasso), enviada como castigo a pasar unos días a la casa de su tía. La irrupción de este personaje dibuja el triángulo teatral que desordena la supuesta normalidad de esa familia de dos, acompañando las preguntas de su primo y haciéndole frente a las formas de su tía.

La madre, autoritaria y temerosa, cree que la manera de cuidar a su hijo es tratar esa casa donde viven como un refugio a salvo del peligro del exterior. El joven tiene a la vez su propio refugio: un tren eléctrico de juguete en el que permanentemente se sumerge a pasar el tiempo. Y ese tren, ese juego, es metáfora de su sueño de viajar, abrirse al mundo, ser, mientras revisa su pasado y trata de encontrar la respuesta a un vacío que protagonizó su infancia.

Romanin, como escritora y directora, no crea personajes en su mente desde una distancia intelectual. No los ve desde lejos. Se sienta al lado de ellos, los acompaña en la intimidad, los escucha respirar, los huele. Y, sobre todo, como guiada por un instinto maternal, los reta cuando se equivocan, los contiene cuando la sensibilidad los desborda. Los abraza. Todo esto se percibe con claridad en la manera en que los personajes de la obra viven lo cotidiano, atraviesan el espacio, eligen las palabras al hablar.

Párrafo aparte merece la hermosa actuación de Botto Fiora. Hipnotiza con sus movimientos, su cara, su forma de hablar. Su cuerpo expresa todo aquello que no es posible decir. Con sus manos, en un gesto infantil, pasa de atraer, pedir amor, a expulsar, alejar, quitarse de encima la realidad que rechaza. Y cada uno de esos gestos hace que el espectador entre y salga de la cabeza y el corazón de ese personaje.

El hallazgo de esta puesta está en hacer convivir lo simple y lo profundo, en desarrollar una historia que llega a todos los públicos y que al mismo tiempo reflexiona sobre la autoridad de los padres, el camino personal de los hijos, el dolor de la ausencia. Una obra para reír y dejarse conmover.


Las funciones son los sábados a las 22, durante enero, y a las 20 en febrero. En el Teatro Picadero, ubicado en Enrique Santos Discépolo 1857, CABA. Localidades: $750. Entradas en venta por Plateanet y Boletería del teatro.

Como si pasara un tren
Elenco: Silvia Villazur, Guido Botto Fiora y Luciana Grasso
Escenografía y vestuario: Isabel Gual
Coreografía: Juan Branca
Diseño de iluminación: Damián Monzón
Diseño gráfico: Fermín Vissio y Santiago Fraccaroli
Fotos: Male&Dapa fotos, Diego Mares
Producción: Pablo López
Asistencia de dirección: Mariano Mandetta
Prensa: Romina Pomponio
Dramaturgia y dirección: Lorena Romanin
Duración: 80 minutos