Juan Acosta
Juan Acosta Un abanico amplio. Pinta, hace monólogos, trabaja con su amigo Veronelli y se va a Mar del Plata con la revista de Tristán. Mi papá era picapedrero , de pedo sabía leer y escribir. Vivíamos en Villa Insuperable, en un rancho. Un día veo en la pared un florero dibujado. ¿Te gusta? , me dice. Lo había puesto delante de una luz y dibujó la sombra que proyectada. ¿Mirá adónde me llevó el hijo de puta? Cuando me puse un arito en la oreja, nadie usaba . Y todos te miraban la oreja. Ahora, se ponen aros en lo que venga. Y no sabés cómo llaman la atención las uñas. Lo raro es verme a mí, que tengo cara de Mataderos, con las uñas pintadas: es algo diferente. Siempre quise ser diferente. Inclusive tengo la teoría de que no me voy a morir. Es lo mejor que me pudo haber pasado este año . En Acosta de Veronelli me reencontré con un amigo después de 25 años. Nos conocimos en los ciclos de Gasalla y nos reunimos para hacer lo que nos gusta hacer, que es el monólogo. Todo el mundo habla de...