sábado, 19 de diciembre de 2015

Fabio Fusca: Cuántica


Un laboratorio y el tiempo bifurcado

La historia se sitúa en una empresa familiar donde se trabaja en un medicamento contra la infertilidad, y transcurre en un solo día, con dos posibles desarrollos y personajes desdoblados que muestran distintas caras de lo que podrían ser.

¿Es realmente lineal el tiempo, imposible de detener? Como tantos otros, Fabio Fusca sospecha en que lo que les escapa a los sentidos dominantes no tiene por qué no ser también “real”. Y como lo suyo es el arte, o las artes, decidió explorar en teatro aquellas ideas que la teoría cuántica, una de las más revolucionarias del último siglo, ha desarrollado con todo esplendor. Así nació Cuántica, obra que se verá mañana a las 20.30 en Espacio Abierto (Carabelas 225), y que explora cómo la apertura del tiempo –y por ende la posibilidad de “vivir múltiples vidas”– modifican y construyen los lazos humanos.

Protagonizada por Roberto Astudillo, Julieta García, Anny Goudie, Graciela Guede, Marcela Jarrige, Lucia Quagliano, Soraya San José, Ariel Trapani y Martha Vélez, y con coordinación general de Roxana Randón, la obra plantea como escenario una empresa familiar, un laboratorio donde se está desarrollando un medicamento para tratar la infertilidad. La historia transcurre en un solo día, bifurcado en dos posibles desarrollos, con personajes desdoblados que muestran distintas caras de lo que podrían ser. Aparentemente, el producto traería algunas complicaciones médicas, y entonces entran en juego la moral, la ética, la codicia y las relaciones vinculares que, según desde dónde se lo mire, actuarán de uno u otro modo en relación a esa situación.

“La idea de llevar al teatro la teoría cuántica surge de una inquietud mía que tiene que ver con la variable del tiempo en la vida diaria. Con pensar cómo cambió la concepción del tiempo de la teoría de la relatividad, que lo postula como lineal y como algo que no se detiene, con la aparición de esta teoría que habla de tiempos paralelos. Y con pensar esa variable en pos a nosotros, los seres humanos de este mundo, y en cómo nos influye, cómo nos relaciona con los otros”, cuenta a Página/12 Fusca, quien “desde chico” estudia “científica y espiritualmente” esta alternativa al paradigma dominante.

–¿Por qué eligió el tema de la salud y los laboratorios para explorar el tema?

–Porque veo al teatro como comunicador de situaciones que suceden en lo cotidiano, en relación con anclajes muy filosóficos como la ética, el poder, el amor. Y el laboratorio me parecía un lugar muy preciso donde se juega la ética al filo. ¿Se trabaja por el bien de la humanidad o para hacer negocios? Y eso, sumado a que se trata de un laboratorio familiar, donde los vínculos se tornan esenciales, me parecía un escenario interesante para explorar el tema del tiempo bifurcado.

–El público y la crítica han señalado un atisbo de los clásicos en su obra. ¿Por qué cree que es?

–Creo que porque la obra habla de los mismos temas de siempre, sobre todo del poder y del amor. Para mí era tan complicado pensar cómo contar la obra que entendí que la historia en sí tenía que ser sencilla. Tenían que estar los buenos, los malos. Tenía que aparecer el poder, la lealtad, el amor, la amistad. Y así fue, y por eso algunos me hablan de Shakespeare cuando salen de verla. Y algo de eso hay, aunque no me animo a decirlo yo, porque los personajes en un momento se encuentran con el espejo y se encuentran diciendo monólogos donde aparece la intimidad. Y entonces lo que se ve pasó hace mil años y pasa ahora, y ahí aparece el lugar de lo clásico. De todos modos, la composición es muy contemporánea desde la puesta, más allá de lo que está escrito.

–En los últimos años ha habido una apropiación de esta teoría por parte del arte, sobre todo del cine. ¿Cree que es casualidad la aparición de varias obras en esa dirección?

–Para nada casual. Lo asocio mucho a la realidad actual y al avance tecnológico luego de la aparición de la virtualidad. Hoy todo es multitouch. Podés tener en una misma pantalla cinco ventanas abiertas y que tu cabeza les preste atención a todas y que funcione. Por eso, más allá de que sea una teoría física, creo que lo que plantea es algo que nos pasa en esta era, todos los días. Por eso tampoco es raro que sea el público joven el más interpelado por la obra. Los mas grandes también la disfrutan, pero por otra cosa.

–Volviendo al cine, allí pareciera haber más posibilidades técnicas de filmar historias que se bifurcan. En teatro, sin embargo, no hay posibilidad de edición, tampoco de montaje, mucho menos de desdoblar a una misma persona. ¿Encontró eso como limitación?

–No, para nada, porque en el modo en que elegimos contar la historia no era determinante que los personajes fueran iguales, o que tuvieran un aspecto físico idéntico, sino que nos enfocamos en la construcción interna de los sujetos y en sus emociones. En cómo un personaje viviendo en una vida es de una manera y viviendo otra es distinto. Nos preguntamos qué pasa, si es que en las diferencias de las distintas vidas posibles se logra la perfección, o si esa perfección en realidad no existe y por eso vivimos distintas vidas para transitar otros estados. En una de las historias, por ejemplo, la madre es maltratada por su hija y en la otra es al revés. Porque esa también era nuestra pregunta, la de cómo se construyen los vínculos según este paradigma. Y si bien el cine es construcción de lo visual por excelencia, el teatro también lo es, y a mí me interesaba mucho explorar esto en este lenguaje.

–¿Cuánto hay de la teoría cuántica en su trabajo en general? ¿Suele desarrollar más de una línea de trabajo?

–Sí, totalmente. Para esta obra hice tres borradores... Es imposible que trabaje en una sola línea; no puedo porque no funciono en una única dirección sino que busco por muchos lados. Siempre estoy investigando en la música, en las artes visuales. Por ejemplo, soy arquitecto, y creo que no podría ser el mismo arquitecto si no hiciera teatro, ni hacer el mismo teatro sin mi formación profesional. Entonces los caminos a veces se juntan. Pero entiendo mi trabajo como un sistema donde todas las partes son necesarias, y en el que no hay una sin la otra.

Fuente: Página/12