viernes, 4 de septiembre de 2015

Patricia Suárez: Querido San Antonio


“No creo que la religión traiga consuelo”

Después de un período de inactividad, la dramaturga escribió seis obras “de un tirón”. La pieza que dirigen Raquel Albeniz y Paula Etchebehere, de sustancia humorística, comenzó como texto breve para un ciclo de obras de teatro semimontado.

Narradora y periodista, nacida en Rosario pero afincada en Barracas, Patricia Suárez es una de las dramaturgas más prolíficas de los últimos años, aunque se haya estrenado como autora teatral recién en 2001. Formada con Mauricio Kartun, Suárez se dio a conocer con la trilogía Las polacas, premiada y desde entonces frecuentemente representada en todo el país. A partir de entonces dio a conocer título tras título. Y si en un momento dejó de producir para la escena, cansada de participar del proceso de la producción de cada estreno, tal vez nadie lo haya advertido. “Luego de un tiempo de inactividad dramatúrgica, escribí de un tirón seis obras nuevas –le aclara Suárez a Página/12–. Como si hubiese recuperado la energía, volví a escribir teatro con mucha fluidez y alegría.” En estos días, acaba de subir a escena en el Teatro del Pueblo (Av. Roque Sáez Peña 943, los viernes a las 21) otra pieza suya, Querido San Antonio, con dirección de Raquel Albeniz y Paula Etchebehere, y actuaciones de María Forni, Carlos Kaspar, Ana Kogan y Alicia Staif.

Querido San Antonio comenzó como texto breve para un ciclo de obras de teatro semimontado que la dramaturga organizó junto a la directora Corina Fiorillo. De sustancia humorística, la obra propone la reunión de tres mujeres solas y un hombre en la iglesia de Pompeya. La acción transcurre en los años 20 y San Antonio es una de las presencias sustanciales. Todos le piden milagros relacionados con el amor y la unión conyugal, aunque nadie se queda atrás en malos actos y peores pensamientos. “Son mujeres solas, feroces a su modo, que desde un lugar de transgresión rompen con el modelo de la mujer sumisa y devota”, considera la autora.

–¿Cómo consigue recuperar la energía para continuar escribiendo?

–Leo muchísimo y también veo muchas series de Netflix. Pienso que, a los que nos dedicamos a esto, las series nos están modificando la forma de escribir.

–¿En qué sentido?

–En las series de Netflix se da continuidad a un personaje que tal vez es secundario. Hasta se da el caso de que ese personaje menor que apareció una vez al principio de todo, crezca tanto que luego tiene su propia serie. Es lo contrario del sistema de escribir día a día, como se hace para Pol-ka, basándose en la respuesta del público.

–¿Y cómo influyen concretamente las series en su escritura?

–Antes de escribir, pienso en una estructura. Pero después el conflicto individual de un personaje puede ponerse en primer plano, potenciando la historia. Así, el personaje va tomando una entidad propia. Finalmente puede pasar que ocurra algo que yo no tenía previsto.

–¿Cuál es el ritmo ideal? ¿Escribir de un tirón o hacerlo de manera más pausada?

–Yo comienzo imaginando de cuatro a seis escenas. En la penúltima, el final ya está anunciado, aunque después puede haber cambios. Creo que lo ideal es escribir una escena por día. Así la obra se va resolviendo mientras se cocina o se duerme. Pero no siempre se puede dejar de escribir de un tirón.

–Usted suele escribir en colaboración...

–Sí, lo hago con Sandra Franzen y con Adriana Cursi, con quienes creé una especie de compañía de escritura. Con Sandra hicimos la segunda parte de El corazón del incauto. En esa nueva obra seguimos las historias de los personajes que aparecen en la anterior. Hasta pensamos en hacer una serie teatral, como una saga.

–¿Cuál es su característica como dramaturga?

–Me gusta desarrollar conflictos tortuosos pero sin víctimas ni victimarios: todos mis personajes tienen un pecado. Escribo sobre historias que me cuentan, sobre chismes de familias, crónicas policiales...

–¿Cómo surgió Querido San Antonio?

–Fue durante un período de insomnio. Encontré en internet una página llamada queridosanantonio.com, donde le pedían al santo todas cuestiones relacionadas con el amor. Después visité santerías y ahí me di cuenta de que San Antonio estaba de capa caída, de que su imagen había prescripto (risas) y había sido reemplazado por San Judas Tadeo.

–¿Qué le atrae de escribir sobre lo religioso?

–Todo lo que viene de la Iglesia me cae mal. No creo que la religión traiga demasiado consuelo. Igual nunca me metí con Dios; sí con la Virgen o con los santos que me gustan, porque me parecen divinidades menores que de tan populares bordean el paganismo.

–¿Por qué sus obras siempre transcurren en un tiempo pasado?

–El presente me resulta poco atractivo. Además hay piezas importantes del presente que se nos escapan porque no las percibimos, porque también nos son escondidas. En cambio, la vida privada del pasado ofrece mucho para escribir.

Fuente: Página/12