viernes, 19 de junio de 2015

Miguel Ángel Solá: El diario de Adán y Eva


"Me he expuesto siempre y cuanto más sin red, mejor"

El actor se vuelve a subir a las tablas con El diario de Adán y Eva, donde comparte cartel con su mujer, Paula Cancio. Asegura que es la obra de teatro que más le gusta y que nunca sintió miedo ante un trabajo. Además graba La Leona, tira que se emitirá por Telefe.

Crecer es llenarse de recuerdos. Recuerdos volitivos, involuntarios. Cuando pienso en mi cuerpo, en cómo era, pienso en Superman. Nada podía frenar a mi cuerpo, tenía una energía atroz, por eso podía desparramarla". Miguel Ángel Solá no tiene la mínima nostalgia al decir lo que dice. "Como no lo puedo reproducir -continúa- no me detengo a pensar mucho en eso. Trato de ver cómo puedo llevar adelante el cuerpo hoy. La cuestión es hoy, ni siquiera mañana. Y es un trabajo grande, porque la suma de accidentes y operaciones y de rehabilitaciones se transforma en toda una cosa mezclada dentro del cuerpo con la que tenés que convivir y tenés que sacar adelante." Tampoco hay desafío; muchísimo menos escudarse en "es lo que hay". "Quiero seguir siendo yo pero con mis circunstancia actual. Porque si bien a uno no le gusta no ser lo que fue, también lo que es tiene mucha satisfacción: tengo una pareja hermosa, una hija que está balbuceando la vida, otras dos hijas de 14 y 18 años; tengo un mundo. No tengo nada material, pero sí eso otro, que me llena los días. Y las noches."
El próximo viernes estrena El diario de Adán y Eva ("la obra de teatro que más me gusta"), donde comparte cartel con Paula Cancio, su mujer; está grabando La leona, para Telefe, en largas jornadas de producción, y hace poco se estrenó el film Pasaje de vida, de Diego Corsini, una historia sobre militantes de los '70. La "bella obra" de teatro que "está cada vez más bella" despierta su mayor entusiasmo. El ejercicio de reiteración, que tanto esa como cualquier obra de teatro exigen, siempre llama la atención al común, que ve su propio cotidiano como rutina, y supone el arte como el lugar donde lo rutinario se vuelve mágico. "Lo que uno se propone es reiterar un acto -dice-, un acto que le sirve para recordar. Ese acto con el que proponés que el recuerdo se ponga a disposición del acto, desemboca en infinidad de cosas que no son parte del recuerdo, son parte del acto. La poesía origina eso: hace brotar constantemente nuevas formas, nuevas ideas. Desde que me la ofrecieron hemos trabajado en la obra para hacerla nuestra, de cada uno, nuevamente. Y es muy bonito de verdad. La reiteración parece parte de lo que peyorativamente se llama rutina, y la rutina es respirar, también. Y estamos vivos también gracias a que nos alimentamos, tomamos agua. Pero en el micro espacio de lo que es una obra de teatro se reproduce ese hecho de todos los días: respirás diferente que el día anterior, te alimentas de otras cosas, entonces la obra jamás llega a ser una reiteración. Llega a ser una reiteración de asociaciones, de ritmos, pero dentro de eso hay muchísimas modificaciones. Porque no se ensaya el estornudo de alguien del público, la pregunta de alguien que no entendió, el sordo que sigue el sonido de la obra que como sale por los parlantes del costado mira en otra dirección, o  un ataque de pánico en el escenario; eso no se puede ensayar.
-¿Te pasó?
-Sí, después del accidente (NdR: el actor fue sorprendido por una ola gigante en España, en 2006, que le provocó una grave lesión en la médula). Dos veces en mi vida suspendí las funciones: una no aguanté a diez minutos de terminar la obra, y otra vez a poco de empezar. Sucede.
-Los accidentes dejan un susto que no es conciente, pero el cuerpo lo tiene presente. Hacer teatro y una tira de televisión, ¿te despierta cierto temor o algo parecido?
-No he tenido miedo del trabajo jamás, me he expuesto siempre, cuanto más sin red existe, mejor para mí. No puedo tener nostalgia de lo que antes podía hacer. Ahora puedo hacer otras cosas y tengo que demostrar que esas cosas valen tanto como las de antes. Por fortuna la vida me dio la suerte de poder volver a hacerla. ¿En qué condiciones, trabajando diez, once horas diarias en televisión? Bienvenido sea, porque es trabajo y necesito, en esta época de mi vida, trabajar. Es la manera en que todavía sos útil para la profesión, para los compañeros. El cuerpo tiene que ser lo que es. Aquí en la serie de televisión tengo que hacer a un tipo al que una enfermedad lo va deteriorando.
-Hace años que no hacés tiras. ¿Qué cambios percibís? De los que te gustan y no tanto.
-Extraño mucho los unitarios que comienzan y terminan en el día. Pero también sé que la manera de estar en la gente es estar todos los días en su casa. Que la gente te reciba o no es otra cosa, pero la posibilidad de estar en su casa todos los días te da una capacidad de entrar en sus vidas que el unitario no te da. Si bien el unitario suele ser hecho en mucha mayor calidad, en este caso la serie está muy bien cuidada y hay muy buenos actores. Una de las cosas que también extraño es que los directores fueran también dueños de sus ciclos, caso Diana Álvarez, Alejandro Doria, Juan Carlos Muñoz en el viejo canal 7. O sea que llevaran una firma responsable, no tanto que fuese el canal, sino quién lo hacía: ¿Qué estás viendo?, el ciclo de Doria, o el de Diana Álvarez. Después eso daba la oportunidad de que salieran muchos nuevos guionistas, porque esos ciclos tenían que ser escritos por diferentes autores, algunos aceptados, otros descartados, pero nada te aseguraba que tuvieras un puesto más allá de tu talento, de tu capacidad de transmitir eso a través de los actores que lo hacíamos. Creo que toda forma expresiva está bien si se hace con muchas ganas, con esfuerzo (sin que se note el esfuerzo) y con alegría de estar haciéndolo. Y que muchas veces preferís tener un personaje de otras características: a mí me gustaría hacer un viejito sabio, pero no me dan eso.
-¿Los malos son más atractivos para personaje?
-Los malos son unos hijos de puta. Y los personajes son sacados de los seres malos. Mucha gente no diferencia, cree que porque un actor hace el personaje de bueno todo el tiempo, es bueno. Y a veces te dicen: ¡Ay cómo lo odio! Y antes en los radioteatros era más común.
-Vos hiciste varios, ¿te pasó algo?
-No. Pero no sólo eso les pasaba a los malos: cuando los elencos de radio salían en gira, al malo había que protegerlo porque lo mataban, literalmente, salían con facones a correrlos. Y además no les regalaban nada. A todo los buenos le regalaban torta, galletitas, fiambre y a los malos nada. Insultos nada más.
-Y esa fama de tipo "díficil" que tenías, ¿en qué quedó?
-Muchas veces la leyenda mía es que soy un tipo terrible, que estoy loco, que soy zurdo, que le pego a los niños, a las mujeres, a los ancianos. Y hay gente que la mantiene, gente que se aferra a las cosas porque es lo único que tiene, y no quiere pensar más allá, o no quiere sentir más allá, o intuir más allá, y le queda eso. También hay gente que me considera muy bien. Hay gente que ya te estigmatizó por algo determinado y así sos para siempre. También es lógico: con tantos miles de millones de habitantes en el planeta no te vas a poner a seguir la historia de cada uno y modificarla dentro tuyo.
-Será que se acuerdan sólo de lo malo...

Hace una pausa. En su ayuda, uno aporta, ayudado por su propia memoria, que escribía poesía y las decía en ciertas intervenciones artísticas, "Me gusta escribir para jugar arriba del escenario -dice sosprendido por el recuerdo-. Cuando lo digo siento que estoy diciendo algo bueno, es una cosa rara. Pero lo que más me gusta es jugar con mis amigos a hacer espectáculos de música y poesía. Pero no soy poeta como para escribir libros, eso es un alto oficio." <


Su mirada sobre Buenos Aires

Miguel Ángel Solá es uno de esos porteños a los que su ciudad le despierta tanto querer como dolor. Por eso llama la atención que haya dicho que extrañaba Buenos Aires cuando estaba en ella, cuando la volvía a caminar luego de un tiempo. ¿Cómo es eso? "Yo vi los estertores físicos de Buenos Aires, y extraño lo anterior –dice–. La disyuntiva entre Civilización y Barbarie sigue estando presente, y eso no habla de una condición social, habla de una actitud con respecto a la vida, con respecto a tu prójimo. El problema de Buenos Aires es que podés reconocerla mirando del primer o segundo piso para arriba, porque ya los barrios, las casas, esas casas hechas geniales con 50 metros de terreno atrás, no están."
Pero para Solá Buenos Aires no termina en la General Paz, su idea de la ciudad está más relacionada con la literatura de la primera parte del siglo XX. Por eso sostiene que "los barrios más hermosos son Quilmes, Hurlingham, Lomas de Zamora, Ramos Mejía... Mirás y decís: ¿Qué pasó?, ¿Por qué? ¿Por qué esa necesidad en ese terreno de convivencia? Y algunas de estas cosas matan a la buena gente, que cuando muere, las extrañás."
Y, también, se sabe, las ciudades son bastante más que su arquitectura. "No entiendo tanta chicana dialéctica de hoy, porque no eleva el cerebro, lo baja a las emociones más bajas. Y las emociones más bajas despiertan la ira, el resentimiento y el dolor, de quien sea. Antes, en la época del menemato, veía cómo se iba destruyendo una forma de vida en la que gente de altos oficios, personas que habían estudiado y que eran probos en sus trabajos terminaban soñando con manejar un taxi. O un kiosco. Hoy veo la ciudad llena de kioscos. El problema está en que si un ingeniero maneja un taxi está ocupando el lugar de un profesional que conoce cuáles son las calles de Buenos Aires, ha dado exámenes, y se pierde una persona de cálculo. Acá la gente es muy difícil que haga lo que quiera, y que se gane la vida haciendo lo que quiera. Y eso descompone a cualquier ciudadano."


Qué ven cuando lo ven

Durante años, Miguel Ángel Solá fue un actor de referencia para mucho de sus colegas argentinos. Su trabajo en España en el último tiempo le hizo perder contacto con los las generaciones que le siguen. Ahora que hace meses está en el país, la pregunta es cómo sienten que lo ven. "A mí me hacen sentir muy bien –asegura–. El otro día Carlos Portaluppi me dijo cosas hermosas durante cinco minutos. Y realmente me alegro de ser un pequeño espejo de la vida de otros actores. Me conmocionó la manera en que  me lo transmitió Portaluppi, sin nada más que la intención de decírmelo. Me dan mucho afecto, mucho cariño, y me escuchan cuando hablo, por eso no hay que abusar mucho: hay que decir lo justo en el momento justo, porque la experiencia la tienen que hacer ellos. Lo único que uno le puede decir son cosas certeras que a uno le funcionaron como secreto en el trabajo. Porque, además, los secretos si no los largás, se pudren; es como la flor que ya no da flor, la planta que no da flor, pierde su sentido."


FUNCIONES
El diario de Adán y Eva se presenta jueves y viernes 21 hs, sábados 20 y 22:45 hs., domingos 20 hs. Teatro Apolo (Corrientes 1372).

Fuente: Tiempo Argentino