jueves, 14 de mayo de 2015

Dios tenía algo guardado para nosotros


Los amores que no son

Las historias de amor de las que suelen ocuparse el cine, la música y el teatro son aquellas que, no importa si fracasadas o exitosas, han logrado acceder a la categoría de "historias": un concepto amplio que abarca demasiadas posibilidades, pero que tiene cierto peso específico para designar, aunque más no sea, algo que "ha sido". Nadie puede decir con precisión cuándo un coqueteo entre dos personas comienza a ser efectivamente una historia de amor: ¿un chat o un primer beso alcanzan o hay que esperar días, semanas, meses para decir y sentir que se está viviendo algo que merece un rótulo? El mundo, sin embargo, también está lleno de historias que no fueron, y ésas, por lo general, nadie las cuenta. Los encuentros entre dos personas que comienzan y terminan en una primera cita, las miradas mutuas que no pasan nunca de miradas mutuas, los vínculos que quedan en amistad por falta de coraje, ¿adónde va a parar todo eso? En Dios tenía algo guardado para nosotros, Maruja Bustamante cuenta un momento de la vida de Cristal (Barbara Massó) y de Mateo (Gonzalo Pastrana): el momento en que se cruzan, se gustan y hacen todo lo posible por boicotear la configuración de una relación amorosa.

Además de ellos, hay un tercer intérprete en escena: el dios que decidió cruzarlos (Gael Policano Rossi). Bustamante lo imagina como una deidad con vocación de Cupido, bienintencionado, pero sin armas para torcer definitivamente el rumbo de las cosas. Porque, si bien tiene la potestad de trazar ciertos lineamientos generales en la vida de hombres y mujeres, Dios necesita de la voluntad de los humanos para que sus planes se lleven a cabo. La indefinición y la neurosis (no casualmente, dos grandes males de época) son sus peores enemigos a la hora de llevar a cabo sus objetivos. Y hay también un cuarto personaje que, en una acertada decisión de la directora, solamente aparece por evocación: Floriana Rossi, la chica sexy del circuito literario, la poeta con premios, la némesis de Cristal y la personificación de todo lo que ella podría ser si se animara a hacer.

Sobre un lienzo en blanco que, de la mano de los protagonistas, se va llenando de colores y sentidos (y que en cada función, como una condensación gráfica del lenguaje teatral, vuelve a pintarse de cero, de una manera similar pero distinta), Massó y Pastrana construyen su tragicomedia generacional. Lo hacen mediante actuaciones sencillas y francas, de la mano de una directora que desliza su mirada -cándida sólo en apariencia- sobre el amor, la amistad y la vocación en la posadolescencia de los treintis.

Fuente: La Nación

Sala: Centro Cultural Ricardo Rojas, Corrientes 2038 / Funciones: sábados, a las 19

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