sábado, 4 de abril de 2015

Frankenstein, la criatura sin nombre


Frankenstein, el rompecabezas

Un grupo teatral juvenil ensaya una versión de Frankenstein, el relato escrito por Mary Shelley a comienzos del siglo XIX. Las escenas reviven la tensión entre la creación y la muerte, entre la identificación con poderes semejantes a los de los dioses y la liberación de fuerzas destructivas que subyace al texto original. Tanto es así que algunas sombras fantasmagóricas quedan flotando también sobre el elenco en las pausas entre escena y escena, que se proyectan hasta el presente.

Frankenstein, la criatura sin nombre, se convierte así en una indagación sobre las posibilidades de representación de la historia de Shelley, como un rompecabezas por armar en los ensayos de una puesta en escena. En los preparativos, se deslizan reflexiones que inciden luego en la puesta del drama del monstruo imperfecto y su creador atormentado. "No es una bestia, es un monstruo romántico", resuena una proclama coral. Aparecen algunas referencias al Werther, de Goethe, suenan acordes del "Ave María", de Schubert.

El grupo juvenil (real) Los Gascones, surgido de la escuela teatral creada por Alejandra Boero en Andamio 90, es el que lleva adelante la propuesta que de alguna manera incluye a sus integrantes como personajes. Los Gascones se recrean a sí mismos con eficacia mayor a la de Víctor Frankenstein creando a su criatura. Lo hacen bajo la dirección de Alfredo Martín, con quien había incursionado ya en otro texto clásico con la puesta en escena de Niños de madera, sobre el Pinocho de Carlo Collodi.

El tono deriva por momentos en una intensidad declamativa y una recurrencia al grito que no siempre guarda equilibrio con el irreverente humor adolescente que irrumpe cortando la densidad del drama. Pero al cruzar el borde hacia lo tremebundo se retorna a la risa.

Algunos fragmentos se estiran hacia una extensión más propia de un ensayo que del tempo justo de una puesta acabada. Pero en la dinámica propia de este toma y daca entre la representación del texto de Shelley y el análisis y preparación de éste, en este entrar y salir de la historia se gesta una movida teatral que arrastra al espectador, en particular a los coetáneos de los actores y a aquellos un poco más jóvenes, que comienzan ya a incursionar en las inquietudes de la preadolescencia.

Fuente: La Nación

Sala: Andamio 90, Paraná 660 / Funciones: domingos, a las 19

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