miércoles, 24 de diciembre de 2014

Mario Pasik


"El desafío de actuar es jugar y que nos crean"

–¿Qué disfruta más de ser actor?
–El juego. Algo que tiene mucho que ver con el "dale que yo era", esa fórmula que usábamos de niños para jugar a ser el Llanero Solitario o quien quisiéramos. Recuerdo los tiempos en los que casi vivíamos en la vereda, muchas veces jugábamos al Poliladron, que por entonces era sólo un juego y no un programa de TV. Cuando uno observa con atención se da cuenta que los chicos se relacionan con lo actoral permanentemente. Desarrollan monólogos, tienen amigos invisibles… Esa parte de niño me sigue acompañando y es lo que más disfruto.
–¿Qué disfruta más de ser actor?
–El juego. Algo que tiene mucho que ver con el "dale que yo era", esa fórmula que usábamos de niños para jugar a ser el Llanero Solitario o quien quisiéramos. Recuerdo los tiempos en los que casi vivíamos en la vereda, muchas veces jugábamos al Poliladron, que por entonces era sólo un juego y no un programa de TV. Cuando uno observa con atención se da cuenta que los chicos se relacionan con lo actoral permanentemente. Desarrollan monólogos, tienen amigos invisibles… Esa parte de niño me sigue acompañando y es lo que más disfruto.
–¿Y qué es lo que menos le gusta de su profesión?
–Tiene que ver con cosas que no se enseñan en los cursos de dramaturgia. Esperar, promover los espectáculos… Todo ese esfuerzo cotidiano que la gente no ve y forma parte del trabajo. Yo siempre confío en los buenos vientos, pero cuando no hay viento se rema y se rema. No puedo decir que todo esto sea malo. Pero sí que demanda una gran cantidad de energía. El actor parece que actúa y es sólo eso, tan maravilloso y pleno. Pero hay un montón de cosas que nadie ve y exigen constancia y disciplina. Otro aspecto que por momentos puede ser ingrato es que la profesión te quita un poquito de libertad, dificulta moverte en la calle con naturalidad. En mi caso la gente se me acerca con mucho respeto y cariño. Aunque esté haciendo papeles de gente detestable.
–¿Recuerda algún momento puntual en el que se dio cuenta de que quería ser actor?
–En mi caso no hubo una obra o película en particular que me impulsara a elegir esta carrera de inmediato. Sé perfectamente que muchos colegas tienen anécdotas impactantes, casi epifanías. Yo siento que la profesión me fue eligiendo a mí, a eso de los 13 o 14 años, cuando empecé a jugar con estas cuestiones. Después vino el estudio más formal, a los 16. Con los años comencé a pensar y darme cuenta que cuando actuaba sentía que me transportaba a otra dimensión, que era un acto tremendamente placentero. También recuerdo que a los 9 años para el día del Himno Nacional pedí expresamente recitarlo y estudié de principio a fin la versión original, la que es políticamente incorrecta y muy larga. Pero cuando me vieron ensayar me dijeron que sólo podía recitar la versión actual. Así que les dije que bajo esas condiciones no actuaría. Fue mi primera rebeldía ante un director (risas). Creo que recién a los 21 me di cuenta que podría vivir de ser actor y me lancé a concretarlo.
–¿Cuánto de la personalidad de un actor entra en cada papel que se realiza?
–Uno tiene que conectar con el personaje. El desafío es jugar y que nos crean. Me han tocado papeles de personas muy perversas. Y el deber de uno es intentar comprenderlos. No justificarlos. Entender cómo funciona su cabeza. Rara vez una persona dice o incluso cree que es una hija de puta. No lo sentían ni los nazis, ni Videla. La mayoría de esa gente creía que estaba salvando a la humanidad. Es duro porque uno se mete en vidas muchísimo más intrincadas que la de uno. Mi personaje en Farsantes sacaba alergia sólo de mirarlo. La gente me decía que no lo soportaba. Eso es un trabajo y un orgullo. En esos casos hay que buscar dentro de uno y sacar lo más oscuro.
–¿Qué tres películas lo impactaron más?
–Fue tremendo cuando vi Venecia rojo shocking. Ya sólo escuchar el nombre de la película me ponía la piel de gallina. La vi cuando era muy joven y me impactó muy fuertemente. También me conmovió Hamlet, que fue escrita, producida, actuada y dirigida por Laurence Olivier. La tercera podría ser El secreto de sus ojos por la potencia de la historia, las actuaciones, todo. Es un cine que me gusta ver y me gustaría hacer. Demuestra que una película puede ser exitosa y de calidad. Y agrego una cuarta: El resplandor. La novela me había vuelto loco y la versión de Stanley Kubrick me pareció sensacional.
–Si no hubiera sido actor, ¿qué profesión le hubiera gustado desarrollar?
–Me hubiera encantado ser psicoanalista. Creo que encaja conmigo por varias características personales: me gusta escuchar, considero que tengo intuición, soy atento y me gusta asistir a los demás. Aunque no siempre sale como uno quiere, claro. Hubiera sido una carrera y una profesión que hubiera disfrutado mucho. Actuar es transformarse en otras personas y un psicoanalista, de alguna manera, se mete en la vida de muchas personas.

Mario Pasik cumplió 40 años de profesión de actuación. En breve se estrenará la película Pasaje de vida (de Diego Corsini), que protagonizó junto a Miguel Ángel Sola y Chino Darín.

Fuente: Tiempo Argentino

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