miércoles, 26 de noviembre de 2014

Pablo Razuk: Padre Carlos (el rey pescador)


“Entre las dudas, siguió el camino más genuino”

El intérprete señala que para esta puesta fue fundamental el aporte del texto de Cristina Escofet y la dirección de Paolantonio, que supieron encontrarle el punto justo a la historia del cura asesinado por la Triple A en mayo de 1974, en una iglesia de Villa Luro.

Malamente herido y recostado en un banco de iglesia, el personaje que quiere ser persona cuenta parcelas de su historia. Parte del final de una misa celebrada el 11 de mayo de 1974 en la iglesia San Francisco Solano de Villa Luro. Alguien emboscado entre los fieles lo llama y comienza el tiroteo. En Padre Carlos (el rey pescador), obra de Cristina Escofet, actuada por Pablo Razuk, con dirección y puesta de José María Paolantonio, la persona que se trae a escena es el padre Carlos Mugica (Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe), asesinado por Rodolfo Eduardo Almirón, matón con cargos a las órdenes de la organización Triple A que comandaba José López Rega desde el Ministerio de Bienestar Social. Más allá de las precisiones históricas, Padre Carlos adhiere a un imaginario poético que enlaza con “la protección del cáliz de la liturgia cristiana”, como apunta Razuk, en diálogo con Página/12. Por eso el subtítulo de “el rey pescador” evoca la leyenda celta del herido protector del Santo Grial. Otra versión señala a quien no acaba de hallar lo que busca y aun así intenta el encuentro. De ahí tal vez las palabras que, según se cuenta, dijo Carlos Mugica antes de morir y que el equipo de Padre Carlos rescata para difundir su trabajo: “Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo”.

El texto de Escofet enuncia de forma clara y sintética una sucesión de hechos a través de 17 secuencias en las que Razuk es acompañado por Sol Ajuria, “cantante que apenas roza las notas”, y Javier Nahum, en cello. Entre otros interrogantes, la obra que se ofrece en Korinthio Teatro (Mario Bravo 437) pone el acento en la herida que no cierra, en ese daño que también padece el rey pescador del mito: “¿Sanará cuando se alcance a comprender por quién resucitó Cristo?”. Razuk no lo adelanta. Este actor, director y docente rosarino supo ser bajista en una banda (La Cortina) que mezclaba trova rosarina con creaciones al estilo Charly García y otras de Fito Páez. Participó en festivales y ganó un concurso en Buenos Aires que le permitió al grupo editar un CD. Descubrió tempranamente el teatro, primero en su Rosario natal y luego en Buenos Aires, donde se formó en la EMAD y en los talleres de los maestros Carlos Gandolfo, Julio Chávez, Luis Romero, Augusto Fernandes y Santiago Doria, con quien “ascendió” de asistente a docente adjunto. “El teatro me apasiona y hoy es mi seguridad económica”, sostiene.

–¿Por qué eligió llevar a escena a Carlos Mugica? ¿Conocía su historia?

–Recogí información durante siete años y sentía que no podía quedar afuera. Hice un trabajo semejante en una obra anterior en la que compuse al anarquista Severino Di Giovanni (emigrado a la Argentina y fusilado en 1931). Entonces le entregué el material a Marcelo Camaño (guionista de La dueña y El pacto) para que le diera forma. Esta vez hice lo mismo y también lo llevé a otros autores. Las devoluciones fueron buenas, pero no coincidían con lo que me había propuesto. La mayoría destacaba el aspecto político y yo prefería una base más espiritual. Así estaba hasta que le pregunté a Cristina Escofet si quería ocuparse de Mugica. Me respondió que tenía mucho trabajo, pero un día me sorprendió aceptando. Después de un mes, entregó el texto. Era lo que yo andaba buscando.

–Escofet demuestra conocer a fondo la secuencia histórica, hechos como el bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, la quema de las iglesias y el derrocamiento del gobierno de Perón, el 16 de septiembre de ese año. ¿Cuál era su información sobre esa época?

–En los ’80 había información, pero sesgada por distintos intereses, y yo no tenía en claro qué había pasado. En 1982 tenía 14 años y fui uno de los que en la peatonal de Rosario gritaba “Las Malvinas son argentinas” sin entender por dónde iba la política. Durante la preparación de Padre Carlos hablamos mucho, sobre todo con Cocho Paolantonio, que contaba anécdotas. Siempre me gustaron los personajes que tienen una historia social fuerte. Interpreté a Severino, Edipo, Simón Bolívar... Ese plus social de los personajes me genera un incentivo extra y por suerte puedo actuarlos. Tengo muchas posibilidades de trabajo en Buenos Aires y en Rosario, donde en los comienzos integré el grupo Los de Medina, porque el director era Oscar Medina, mi gran maestro.

–¿Qué aporta a la obra el mito del rey pescador herido?

–Es una historia muy linda. Tiene relación con la “búsqueda del cáliz”, con dar al otro. El tema de la herida es un juego de la dramaturgia que permite reinterpretar lo que pasó y sigue pasando. Situaciones con las que nos identificamos o no, pero sirven a los que vivieron en esos años y a los que vinimos después. La historia nos muestra que la gente no sabía dónde pararse, de dónde venían las balas y en quién apoyarse. En medio de tantas dudas y contradicciones, que también Mugica tuvo, él siguió el camino de su deseo más genuino: apoyarse en el Evangelio, y a partir de ahí hacer lo que se podía.

–¿Eso sería ver en el Evangelio un refugio?

–Que tampoco daba seguridad. Uno de los aspectos interesantes del texto de Escofet es que no muestra a Mugica como si fuera un hombre interesado sólo en la política o con actitudes de cura heroico o santo. Mugica es en la obra una persona que encontró su vocación y la puso en duda, como puso en duda su deseo por una mujer y su pertenencia a una clase social alta. Cuando hablo de dudas y crisis a la hora de tomar una decisión, me viene a la cabeza una frase que mi viejo me dijo cuando era chico y me sigue repitiendo, porque esto viene de generación en generación. “Cuando no sepas qué hacer, pensá en qué forma podés dar más amor al otro, porque en ese camino no te vas a equivocar.”. Pienso también en las heridas aún abiertas en nuestro país y en lo mucho que nos queda por hacer.

–¿Quiere decir que la pregunta sobre la herida no cicatrizada sigue vigente o que estar herido no es estar muerto?

–La respuesta pertenece a cada uno, así como las consecuencias. Una consecuencia extraordinaria para mí fue un llamado de Ricardo Capelli, amigo y colaborador de Mugica en la Villa 31 de Retiro que estaba cuando asesinaron a Mugica, y él también fue herido. Me emocioné. No sabía cómo hablarle.

* Padre Carlos (el rey pescador), de Cristina Escofet. Actor: Pablo Razuk. Canto: Sol Ajuria. Músico en escena: Javier Nahum. Vestuario y escenografía: Alejandro Mateo. Música: Sergio Alem y Raúl Oliveira. Iluminación: David Seldes. Asistente de iluminación: Sebastián Evangelista. Producción: Aldana Aprile. Dirección general: José María Paolantonio. Lugar: Korinthio Teatro, Mario Bravo 437. Funciones: viernes y sábados a las 20.30. Duración: 75 minutos.

Fuente: Página/12

La tensión del personaje
Por José María Paolantonio *
Encontrar la otra dimensión
Por Cristina Escofet *

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