miércoles, 27 de agosto de 2014

Karina K: Al final del arco iris


"El peor enemigo a veces puede ser una misma"

– ¿Cuál es el sentido de la vida?
– Creo que en mí, el sentido de la vida, nació cuando abordé una filosofía donde se exponía el respeto por la vida misma. En mi casa por medio de la filosofía budista comprendí la vida y la muerte. Recuerdo que en la época de la guerra fría se hablaba mucho de la falta de futuro y sus consecuencias, entonces fui y le pregunté a mi hermano sobre el tema, y me dijo que el fin del futuro podría ser mañana mismo, lo que finalmente me hizo entrar en pánico. El punk y el arte contracultural durante mi vida en los años '80 me ayudaron a comprender un poco más de qué se trataba todo, inclusive muchos aspectos de la vida misma, hasta que me volví budista y comprendí todo, hasta mis propios miedos inclusive.
–¿Qué es el amor para Karina K?
–Es un estado de la vida que se manifiesta en diferentes momentos. Hay uno de ellos que es trascendental y ese es el amor en su totalidad. Ahí entran el amor por cómo se siente el otro y diferentes percepciones sobre eso. Es decir, el amor que tiñe todo lo demás, y no solamente el que vincula al amor de pareja.
–¿Qué te enorgullece de tu actividad?
–El autoconocimiento y el desarrollo cultural es, en definitiva, lo que particularmente me revoluciona. En el ámbito del trabajo cada personaje te modifica. Y gracias al teatro tengo la posibilidad de experimentar mi verdadero yo.
–¿Y qué es lo que menos te gusta de tu actividad?
–Ahí debemos entrar en el plano de lidiar con los productores que son fascinerosos o los que no van a ver tu obra.
–¿El éxito da más libertad artística o todo lo contrario?
–Me da más autonomía. Gracias al éxito, abordo cuestiones personales; proyectos propios que de no contar con éxito costarían más. El teatro me dio la posibilidad de conocer a Batato (Barea), Tino (Tinto) o a Urda (Urdapilleta), y con ellos también conocí el éxito, que se vincula a la posibilidad de hacer tus propios shows, que en definitiva es libertad. Después de todo eso comencé a trabajar en el teatro comercial, pero antes aprendí mucho y eso también es éxito. Poder elegir, desarrollarse y tener capacidad de autogestión también es éxito.
–¿A lo largo de tu carrera qué personas te dejaron una especie de legado o enseñanza que aun hoy seguís aplicando?
–Batato fue un tipo que me enseñó libertad, como Norman Briski, Tato Pavlosky. Todos ellos tienen una identidad que me conmueve y te enseña a ser libre. Por ejemplo, Briski es tan grande pero al mismo tiempo es búsqueda, cosas profundas, políticas y reales.
–¿Cuán importante es el dinero en la sociedad en la que vivimos? ¿Y para vos?
–Lo que me preocupa del dinero es tener la sabiduría suficiente para poder usarlo. Hay gente que tiene codicia por tenerlo y eso es perverso. Justamente, esas consecuencias hasta las podemos apreciar en el medio ambiente. Particularmente pude producir shows con ayuda de mis amigos cuando el dinero no me alcanzaba, entonces se vuelve un medio relativo en ciertas oportunidades o para ciertas cosas. Hay que ser sabio en su manejo, y personalmente prefiero tener pocas cosas para no estar apegada a ciertas otras y no tener que pensar en eso todo el tiempo.
–¿Qué cosas de la profesión no se negocian?
–La dignidad. Yo no voy a transar con lo desleal y prefiero no tener trabajo que hacer algo que no quiero. Si estoy con alguien que se juega por lo que hago y di mi palabra, eso es algo que voy a respetar siempre. No transo con el poder. Me conecto con esta profesión para generar una identificación lo más fuerte posible con el arte.
–¿El artista nace o se hace?
–Mirá, hay gente que transita esto de estar sobre un escenario pero lo hace de casualidad, mientras que otros lo hacen desde la pasión. El que no siente lo que hace, sea la profesión que sea, desde un abogado, arquitecto o periodista, es una persona que al hacer algo que verdaderamente no siente al 100 % termina generando conflictos con los demás. Y te diría que eso es algo así como una ley divina, y que la saben los perjudicados pero mucho más quien no ama lo que hace o está en ese lugar por los privilegios que le trae. En mi trabajo me cansé de ver la poca resistencia de los que están de casualidad ahí, arriba. Porque el teatro es un oficio que es siempre riguroso, que te exige y pide por igual. Creo que el artista nace y no es fácil, mucho menos en este país tan duro para muchas cosas.
–¿Cuál es tu mayor orgullo?
–La resistencia, la capacidad de no claudicar. Mi testarudez me ayudó, si no hubiese abandonado todo antes, mucho antes. Esta es una profesión en la que me gané un lugar por luchar conmigo misma. Me costó mucho, pero luché contra mí y lo logré, vencí a mi voz interna que fue mi peor parte en todo este camino. Sin duda, el peor enemigo, a veces puede ser uno mismo.
DG
                                                                 
Karina K vuelve desde el 11 de septiembre con Al final del arco iris de jueves a domingo en el Teatro Astros. Entradas desde $ 180.

Fuente. Tiempo Argentino

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