miércoles, 4 de junio de 2014

Sergio Surraco


"Nuestro trabajo tiene un ritmo inestable"

–¿Cuál fue tu primera vocación?
–Mi otra profesión es hereditaria: camarógrafo y editor. Mi padre era docente de cine y documentalista. Toda la vida estuve rodeado de cámaras y del mundo de la edición. Durante la adolescencia, trabajé mucho con él y con eso me pagaba mis clases de teatro. ¡He hecho ediciones en Super-8! Creo que cuento con una ventaja a la hora de hacer cine: me es natural, porque el lenguaje me es conocido.

–¿Cuál fue tu primera vocación?
–Mi otra profesión es hereditaria: camarógrafo y editor. Mi padre era docente de cine y documentalista. Toda la vida estuve rodeado de cámaras y del mundo de la edición. Durante la adolescencia, trabajé mucho con él y con eso me pagaba mis clases de teatro. ¡He hecho ediciones en Super-8! Creo que cuento con una ventaja a la hora de hacer cine: me es natural, porque el lenguaje me es conocido. El cine es lo que más me gusta hacer, y conozco el poder del editor. Hay grandes actuaciones en el cine que pasaron desapercibidas porque las cortó el editor. En el teatro, el actor es el dueño de ese hecho único e irrepetible. En el cine, el director tiene más poder. Y la tele está en el medio.
–¿Qué harías si no fueras actor?
–Varias profesiones. Hubiera sido futbolista; jugué en las inferiores de Lanús. Siempre fui muy deportista. Jugaba al fútbol, al tenis y competí en atletismo, en carreras de velocidad. Siempre fue parte de un juego. Nunca me lo tomé como una profesión. Además, me gusta algo tan lejano como la arqueología y la antropología. Me interesa mucho la historia.
–¿Cuán importante es el ocio?
–Nuestro trabajo tiene un ritmo inestable. Puedo estar ocupado todo un año y después tener seis meses libres. El ocio lo entiendo como la posibilidad de estar con mi gente; de estar en mi casa, con mi mujer. Son cosas que uno aprovecha cuando las tiene, porque cuando estás haciendo televisión o cine estás al cien por cien en eso. Entonces, a veces las cosas pasan de largo. Uno trata de que no, pero a veces estás todo el día pensando en lo que tenés que hacer y que tenés que estar bien. Trato de pasar los tiempos de ocio con la gente que quiero. Y también aprovecho para dedicarme a la producción, que es algo que disfruto mucho.  
–¿Hay alguna ciudad a la que te gustaría volver?
–Villa La Angostura. Es un lugar al que vuelvo siempre que puedo. Es precioso. No tiene desperdicios. También me encantan Cortaderas, en San Luis, y la costa uruguaya: La Paloma, La Pedrera, Cabo Polonio y Punta del Diablo son lugares bellos para descansar y pasarla bien.
–¿Qué valor le das al dinero?
–Todos necesitamos dinero para vivir. Mientras sigamos viviendo en este tipo de sociedad, es permanente para vivir y comer. Yo nazco sabiendo que el dinero es necesario y parte del sistema. Como está la sociedad hoy, con este pseudo capitalismo, es inevitable que el dinero no sea algo fundamental. Como actor, es mi trabajo y percibo dinero. No soy alguien que gaste en demasía; tampoco soy un conformista. Me gusta tener las cosas bien. Como esta profesión no es estable, los actores aprendemos mucho a ahorrar, porque sabemos que hay momentos en los que no hay entrada de dinero. Está esa sensación de que por las dudas, uno tiene que estar resguardado.
–¿Qué te hace feliz de tu trabajo?
–El reconocimiento es algo que a todos los actores nos gusta. Vivimos de la apreciación de los demás. El problema es cuando el actor trabaja en pos de generar reconocimiento, y cuando se vuelve el objetivo. Si vos trabajás para brillar, es más probable que fracase. Eso empieza a limitarte artísticamente. La búsqueda de un proceso creativo no tiene que pensar en el resultado. Hay que encontrar un equilibrio, pero nadie te lo asegura. Yo entiendo que soy fan del trabajo, esa es mi guía. La disciplina es algo que tengo incorporado desde muy chico, por mi familia y por el lugar donde estudié, la escuela de Alejandra Boero. La disciplina la entiendo desde un lugar de formación.
–¿Qué es lo que menos te gusta?
–En las carreras son momentos. No hay algo puntual. Hay momentos que tenés ganas de ser más ermitaño, y otras que tenés ganas de hablar con todo el mundo. Varía mucho. No es como la carrera de un bailarín, que sabés que a los 30 y pico ya tenés que pensar en hacer otra cosa. El actor tiene una carrera larga. Hay algo que me molesta mucho y es cuando el compañero no trabaja con el otro: encontrarme con un compañero que no trabaje mirándome a los ojos. Si el compañero está bien, yo voy a estar bien. Es un hecho colectivo. En general no hacemos unipersonales. El que trabaja solo no va a funcionar. Eso me molesta mucho, pero por suerte me pasó muy pocas veces.
–¿Algún artista te cambió la vida?
–No me olvido nunca más de Alfredo Alcón en Los caminos de Federico, en la Biblioteca Nacional. También admiro mucho a Miguel Ángel Solá y a Jorge Marrale. Y Elena Tasisto ha sido mi gran referente y una gran compañera y me dio consejos para el futuro. Me acuerdo mucho que me dijo: "Leé todos los días la obra que estás haciendo. Leéla, porque siempre encontrás algo nuevo." Otras cosas tienen que ver con el trabajo del actor, lo que se entiende por verdad, por orgánico.
–¿En tu adolescencia te acordás de un libro o una película que te marcó?
–Antes de la lluvia, una película preciosa de Milcho Manchevski. Hay una que me gusta mucho, protagonizada por Gary Oldman, que es Amada inmortal, porque me gusta Beethoven, y ese papel lo pone al músico en un lugar muy punk: saca algo del romanticismo y muestra un tipo que podía ser terrible. Es muy interesante la construcción del personaje de esa película.  Y Underground, de Emir Kusturica, fue una película que nos voló la cabeza a toda una generación.
–¿Recordás un recital en especial?
–Me acuerdo The Doors cantando en Vélez: había sillas abajo para que la gente se siente, y lo que hicieron fue prenderlas fuego y bailar alrededor una especie de danza. Fueron momentos increíbles. Me acuerdo también de un Serú Girán, en el que tocaron 40 minutos más de lo previsto y nos pidieron a todos que nos sentemos. Y todos hicimos caso. Además, de adolescente fui a muchísimos recitales punk; vi todas las bandas que aparecían en los '80.
–¿Te gustan las artes plásticas?
–Sí. No soy una persona que está todo el tiempo consumiendo o viendo libros de arte. Pero justamente ahora pienso en hacer un viaje exclusivamente para ver museos y conocer mejor la cultura europea.
MM
Sergio Surraco se presenta jueves, viernes y sábados a las 20, y domingos a las 18 con la obra Amarillo, de Carlos Somigliana. En el Teatro del Pueblo, Roque Sáenz Peña 943.

Fuente: Tiempo Argentino

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