sábado, 4 de enero de 2014

La casa de Bernarda Alba y El conventillo de la Paloma

Una casa y un conventillo con vista a Playa Grande

La temporada de teatro marplatense suele poblarse de espectáculos (neo)revisteriles, comedias livianas y shows a cargo del actor del momento. También, de obras que uno podría catalogar como "serias" (amplio abanico que abarca comedias dramáticas y tragedias). Obras de este tipo en tiempos de ojotas no son novedad. De hecho, en 1974, Nuria Espert presentó Yerma en Mar del Plata, personal puesta de Víctor García que los vanguardistas del mundo amaron. En otras ocasiones, este tipo de espectáculos no ha tenido buena suerte en la taquilla. Claro que de los otros, comedias y afines, hay infinidad de montajes que quedaron en el olvido.

Norma Pons protagonizó varios espectáculos de revista (y lo hizo cuando la revista atravesaba su mejor momento). Claudio García Satur protagonizó también innumerables comedias (y de la escena marplatense, a fuerza de trabaja allí infinidad de veces, es un experto). Ella, desde esta semana, encabeza en Mar del Plata La casa de Bernarda Alba, versión de José María Muscari del drama de Federico García Lorca. Él, también desde esta semana y en la misma plaza, protagoniza El conventillo de la Paloma, versión de Santiago Doria del sainete de Alberto Vacarezza.

Las dos obras son dos clásicos de clásicos que, a partir de estos días, buscarán su lugar en el mundo entre los espectáculos dominados por lentejuelas o situaciones de living en las que, a veces, los personajes se enredan tanto que no hay hilo conductor que aguante. Pero los clásicos aguantan. Por eso mismo que en la línea del horizonte marplatense aparezca un obra de Lorca y otra de Vacarreza es una buena señal. Un digna señal en nombre de la diversidad.

Fuente: La Nación

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