martes, 5 de noviembre de 2013

Dolores Ocampo, Alejandro Viola y Marco Dimónaco: Los locos Addams


Los "normales" en Los Locos Addams

Una producción de fotos con ellos tres parece misión imposible. "Si salgo mal es culpa de ustedes", les echa en cara Dolores Ocampo a Alejandro Viola y Marco Dimónaco. Tentadísima, intenta disimular la carcajada para posar, sin éxito. Alejandro no para de hacerla reír. El resultado son unas fotos en las que la complicidad que los une se hace evidente, traspasando el visor de la cámara. Son los Beineke, la "familia normal" de Los locos Addams, musical de Broadway que desembarcó en la Argentina hace cinco meses, y están exultantes. Entraron en el mundo Addams y se dejaron envolver por su magia.

Como actores del circuito off, no se imaginaban en una producción de semejantes dimensiones. Dolores descolló hace dos años con Como pez frente al anzuelo, un unipersonal que parecía hecho a medida para que su caudal de voz y su carisma se lucieran (ganó el Premio Hugo). Alejandro Viola era más conocido por el nombre de un personaje que creó y que nadie que lo haya visto puede olvidar: "el Chino" Amado, de Los Amados. Marco Dimónaco, joven promesa del teatro musical, ya había dado sus primeros pasos como actor y cantante en High School Musical y La Carnicería, una de las producciones del musical off más destacadas de los últimos años. Con esas credenciales se presentaron a las audiciones de Los locos Addams y se encontraron con toda la parafernalia de una de las apuestas más grandes, en términos de producción, del teatro comercial local. "Nunca había pasado por audiciones tan largas en mi vida", reconoce Dolores. "Era divertido, y en cada prueba me iba a mi casa pensando que era la última. Así fui pasando las etapas hasta que quedé", cuenta la actriz ganadora del Hugo a la mejor actriz de reparto por este papel.

"Cuando me llamaron, me dijeron que estudiara una canción del Tío Lucas -recuerda Viola-. Después llegaron las directoras de Brasil y me vieron para este rol. La tercera prueba ya la hice con mi personaje." Dolores completa la anécdota: "Fue entonces cuando nos cruzamos por primera vez y antes de que nos dijeran que habíamos quedado le dije: «Ojalá seas vos»".

Una vez conformada esta "familia -supuestamente- normal", faltaba que se ensamblaran con el resto del elenco.

Este ensamblaje era con todos los encargados de ponerles cuerpo y voz a los legendarios Locos Addams. Y ahí fue donde Dolores, Alejandro y Marco se toparon con figuras conocidísimas de la tele: el Puma Goity, Julieta Díaz y la ex Patito Feo Laura Esquivel. El team se completa con Santiago Ríos (Tío Lucas), Gabi Goldberg (Abuela), Marcelo Albamonte (Largo) y cuatro niños que alternan como Pericles. Trabajar con ellos fue para los "normales" toda una revelación. "Ellos nos hacen vivir su locura. Verlo a Goity como actor Se para ahí con un profesionalismo, con una tranquilidad. Hay que tener mucha profesión y mucho talento para semejante escenario. El Puma es un gran protagonista. Es la cabeza de este elenco. Y si la cabeza es armónica, todo lo demás lo es", explica con verdadera admiración Viola, arengado tal vez por los gritos de Goity, que parado en el escenario se divierte a sus anchas en la previa de la función. "También Julieta es una gran actriz y es sumamente generosa. Para nosotros, estar con ellos es estar jugando en un equipo de primera", coincide Dolores.

La aventura de convertirse en parte de este elenco los enfrentó a varios dilemas con respecto a la creación como actores. Es que en una producción "importada" las limitaciones para el actor son muchas: "Tenemos que estar muy atentos a todos los movimientos de la escenografía", comenta Viola abriendo mucho los ojos para maravillarse con un telón multiforme y una maquinaria de primer nivel artífice de los pases de magia que convierten el escenario del Ópera en un parque, un cementerio o el gran salón de la mansión Addams en pocos segundos. Pero, además, entrar en personajes pergeñados por otros cerebros que no sean los suyos, al menos para Viola y Ocampo, acostumbrados a escribir sus propios papeles, no era tarea fácil. "Personalmente pasé por tormentas de distintos tipos. No soy un tipo obediente. Soy disciplinado, soy correcto, pero no soy obediente. Tengo una personalidad y una formación que quiero poner lo que aprendí. Pero todo fue productivo. Porque era no bajar la cabeza. Negociar. No me gusta esto, pero hago esto. Entender cómo es esta estructura", explica "el Chino" Amado, y, sin escatimar elogios para el Puma, asegura que lo tomó como guía: "Yo lo observaba mucho y veía que él también atravesaba por tormentas. Pero también negociaba".

"Al principio pensé que iba a ser más fácil -dice Dolores. Tuve que encontrar un lugar de armonía entre mi poética y lo que ellos [por los directores extranjeros] proponían. Tuve que hacer una composición muy personal, porque mi intensidad es tan grande que me costaba unir el género, cantar desde el carácter de este personaje. Me ayudaron mucho desde la dirección, pero también fue un encuentro personal. Tengo que ser valiente y lo tengo que sacar y de alguna manera unirlo con los límites que te pone una canción."

Llega el turno de Marco de contar su proceso y al instante es interrumpido por un murmullo. Como si fueran sus verdaderos padres, Dolores y Alejandro no pueden contener el orgullo por el joven, y con el pecho henchido se comentan por lo bajo: "Este nene no puede cantar tan bien". Ruborizado por los piropos, continúa: "A partir de este trabajo aprendí cómo desenvolverme en un texto. Venía de algo más académico, del canto, y me ayudó a sacarme algunas estructuras. Entregarme a esta historia me llevó a interpretar de una manera más real, más intensa, por cantar desde un lugar verdadero".

Absorbidos por el espíritu Addams, muchas de las reflexiones que se ponen en escena se cuelan en la conversación. "No es sólo el tema de la normalidad. La obra habla de oscuridad y claridad. Dejar de lado las partes oscuras de cada uno y ver qué hay en el fondo", dice Viola, y completa, como si se lo dijera a sí mismo: "Nos lleva a hablar graciosamente de nuestras oscuridades. Las tenemos. No las tapemos. ¿Qué hay en las oscuridades? ¿Un jardín? Hay que vivirlas, son nuestras también".

Fuente: La Nación

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