miércoles, 4 de septiembre de 2013

Historia


Gombrowicz, de atrás para adelante

Witold y Gombrowicz. Dos que son uno. Dos para construir uno.

Historia , la obra del escritor polaco que subió a escena hace algunas semanas en Hasta Trilce, recorre la vida de Witold Gombrowicz de atrás para adelante hasta enfrentar al sabio viejo que llegó a ser con el adolescente brillante y rebelde que había sido. Como si se tratase de dos seres distintos que se espían, se alían y se apoyan en sus respectivos contextos, Witold (el joven) y Gombrowicz (el viejo) llevan al espectador por la historia personal y cotidiana del escritor, pero también por la historia social y política de los tiempos que le tocó vivir. Y es en ese cruce, entre lo personal y lo colectivo, donde la obra saca chispas.

Con un humor irónico y una expresividad corporal que va acercando el relato hacia una verdadera farsa, la obra cobra un ritmo ágil, liviano, tremendamente llevadero aun cuando se mete con temas espinosos, como un supuesto encuentro entre Stalin y Hitler, que discuten cómo repartirse Polonia, cómo repartirse el mundo.

Así, en medio de climas en los que se puede reír abiertamente, ruidosamente, el director Adrián Blanco lleva al espectador a otros en los que se corta la respiración, para, de un segundo a otro, volver a torcer la cuerda. Llena de sorpresas, esta pieza es ideal para dejarse conducir libremente por los vericuetos de la mente de este escritor, por los rincones de su rica, colorida y dolorosa historia personal, que, sin pudor, muestra a su familia en primer plano y disecciona ese ámbito amoroso y, a la vez, atroz.

En esa pintura personal se descubre su universo, su obra. Esa rebeldía de pies descalzos (que se contrapone con el mundo de sus mayores, tan repleto de llamativos zapatos, cancanes y medias) deja ver el alma de ese escritor que rescata con precisión, cuidado y mucho cariño la dupla de Adrián Blanco y José Páez, en sus roles de dramaturgistas, a partir del texto del polaco.

Y en ese universo aparecen entonces su madre, su padre, sus hermanos y los dos "criados" de la familia; ellos, mucho más cercanos a Witold que todo el resto. En ese enjambre de voces y gestos, es elocuente de lo que escapa este adolescente que -paradójicamente- no para de asimilar, capturar y aprehender su entorno, para luego cuestionarlo con más vehemencia.

Y Adrián Blanco logra captar la atención, logra emocionar; hace uso de cierto extrañamiento para plantar a sus actores en escena, sabe cómo hacerlo y saca provecho de eso. Entonces todos, hasta los que tienen roles más pequeños, se lucen; se corren de lo esperado, giran, bailan, cantan... y sorprenden. Un hallazgo para los que no saben mucho de Gombrowicz; un hallazgo para los que sí.

Fuente: La Nación

Sala: Hasta Trilce (Maza 177)/ Funciones: miércoles, a las 21, y sábados, a las 21:30

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