lunes, 2 de septiembre de 2013

Campa/ Pichot

Demasiado ruido y pocas nueces

Algunos espectáculos de stand up porteño, como la serie Cómico Stand Up , pusieron en relieve el talento de algunas figuras que cantan, bailan, entretienen e improvisan, como Diego Reinhold o el genial Dan Breitman. También hay que destacar a Fabián "Mosquito" Sancineto, un experto en improvisación (actualmente brilla en el Cervantes, en La sombra de Wenceslao ).

Ezequiel Campa y Malena Pichot se convirtieron en referentes obligados del stand up y juntos realizan Campa/Pichot . No interactúan entre sí; un monólogo sucede a otro. Es decir, por un lado, y primera, se presenta ella, con un monólogo de 40 minutos. Luego lo hace él, con un texto que dura casi una hora. No hay maestro de ceremonias ni presentador. Tampoco un gran despliegue de luces, vestuario o escenografía. Son sólo ellos sobre el escenario, con sus anécdotas, confesiones y reflexiones sobre el absurdo de una generación.

Malena se mueve como pez en el agua dentro de su personaje -la Loca de Mierda (por el cual se hizo famosa y saltó a la TV), ácido, revulsivo, feminista, escéptico, cínico. Ésta es su virtud: el hallazgo de una criatura donde resguardarse. Por momentos su monólogo peca de escatológico, pero, por otros, por ejemplo cuando compara a los hombres y mujeres, logra picos de lucidez: "A mí no me hiere, no me toca el ego estacionar en 17 maniobras [en alusión a las burlas que reciben las mujeres sobre su poca destreza para manejar]; sí me daría vergüenza pagar por sexo, y todos los hombres lo han hecho alguna vez".

Campa, en cambio, no compone un personaje. Tiene al público en el bolsillo, a pesar de que su texto no tenga hilo conductor alguno. Tiene muchos recursos como actor y pronuncia un texto con imágenes.

Hay un hecho que se debe destacar y que no resulta en absoluto gracioso. Hay chistes -o intentos de chistes, pues jamás llegan a serlo-, que tienen un tinte peyorativo y discriminatorio. Son justamente estos momentos en los que el show provoca incomodidad en el espectador. A pesar de que se mencione la supuesta crítica que recibirán del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), nada justifica las burlas o epítetos sobre algunas religiones, como el judaísmo (ni siquiera como burla de aquellos que discriminan) ni los comentarios en torno a las personas con obesidad. Una lástima.

HUMOR EN EL LIVING

La cita es las 23.59, pero la obra no comienza hasta las 0.45. Es cierto que se respeta el espíritu del café concert, y la posibilidad de beber una copa de vino antes de la función, pero el espectador no tiene por qué saberlo y algunos se quejan del retraso. De todos modos, las puertas no se abren de modo puntual, y esto pone de malhumor al público que hace la fila en la calle.

La idea del espectáculo es disfrutar de los monólogos desde livings improvisados, en sillones y sillas, en torno de una pequeña mesa ratona. Pero este hecho no resulta divertido si el azar obliga compartir el show con desconocidos, por ejemplo, que expliquen los chistes y comenten los remates.

Campa se lleva muchos aplausos y Pichot tiene devotas entre el público femenino, pero hay algunos momentos que no resultan simpáticos para algunos sectores. Por ejemplo, cuando ella pregunta -interpela- quién cree en Jesús con una serie de respuestas y argumentos elaborados previamente que dejarán mal parado al creyente. El público no tiene un feedback fluido con los monologuistas, probablemente, por temor a ser ridiculizados frente a extraños.

Fuente: La Nación

Sala: Siranush (Armenia 1353)/ Funciones: sábados, trasnoche

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