sábado, 10 de agosto de 2013

Mariano Dossena y Dennis Smith: Carta al padre


Monólogo para una relación traumática

El director Dossena sostiene, que no le resultó difícil imaginar el texto del escritor como “un unipersonal, a pesar de no haber sido escrito para teatro”. “Es Kafka –admite junto a Smith–, pero también es un personaje de ficción lleno de contradicciones, tensiones y trabas.”

En noviembre de 1919, a los 36 años, Franz Kafka escribió una carta a su padre en la que intentaba analizar las causas de la mala relación que siempre había existido entre ambos. Las 103 páginas manuscritas hacían referencia a su infancia y adolescencia, deteniéndose en experiencias singularmente penosas para el escritor. Según allí explica el escritor, esas circunstancias fueron el origen del sentimiento de inferioridad que lo acompañó toda su vida, eternamente impedido de independizarse emocionalmente de su entorno familiar y muy especialmente de la persona a quien estaba dirigida la carta. Pero ésta no llegó nunca a destino, ya que la madre de Kafka, quien debía entregarla a su marido, finalmente resolvió no hacerlo. También por desobediencia a la voluntad del escritor, quien en 1924, antes de morir afectado de tuberculosis, había ordenado que fueran destruidos todos sus escritos, es que se conoce la mayor parte de su obra. Con el título de Carta al padre, el texto de referencia fue publicado en 1952.

Tal vez por tratarse de un escrito personal y no de una obra literaria, las páginas que componen este reclamo filial son útiles para comprender los motivos recurrentes que aparecen en la obra del autor de El proceso. Motivos siempre vinculados con la intimidación que sufre el individuo cuando percibe que, aun a pesar de sí mismo, existe un orden superior que gobierna su destino. Esto no quita que el lector, al conocer los detalles de la carta, pueda sentirse como espiando por el ojo de la cerradura una situación que no le corresponde contemplar. Acaso por esto mismo el texto haya tentado a teatristas de Italia, España y México a llevarlo a escena. Sin embargo, en Buenos Aires, la versión que el director Mariano Dossena y el actor y cantante Dennis Smith estrenaron este fin de semana en el Teatro La Comedia (Rodríguez Peña 1062) es la primera.

Fue el actor quien le propuso a Dossena la dirección del proyecto: “Mariano no les tiene miedo a los grandes textos –fundamenta Smith–. Sabe animarse y, porque se juega, creo que de mi generación era el director indicado para hacerlo”, subraya. A Dossena la propuesta le interesó sin reservas, dado que piensa que la carta de Kafka “en sí es un monólogo y no es difícil imaginarlo como unipersonal, a pesar de no haber sido escrito para teatro”. La adaptación que realizaron en conjunto se centró exclusivamente en todos los detalles referidos a la relación entre padre e hijo, dejando de lado las menciones a otros conflictos con las hermanas o la madre. Aclaran ambos que nunca pensaron en opinar o en tomar partido acerca de lo que la carta revela. Tampoco apuntaron a hacer una reconstrucción arqueológica. “Es Kafka, por supuesto –admiten–, pero también es un personaje de ficción lleno de contradicciones, tensiones y trabas.”

Tanto Dossena como Smith coinciden en que Hermann, el padre de Kafka, al establecer tan dura relación con su hijo, “hizo de él al escritor que conocemos, porque de la reprobación absoluta lo forzó a la excelencia”. Por otra parte, Dossena arriesga: “Según el budismo, cada uno elige a sus propios padres. De modo que podríamos pensar que a Kafka le corresponde el suyo por elección”. Su condición de hombre solitario, por otra parte, tan refractario al casamiento, aun a pesar de haberse comprometido dos veces, le hizo pensar al escritor como “uno de los solteros más interesantes de la literatura”.

–¿Cómo fue el acercamiento teatral a este texto epistolar?

Dennis Smith: –Trabajamos sobre la palabra, como si el personaje estuviese escribiendo verbalmente, sin un interlocutor adelante. Como si reflexionase mientras escribe, interpelando imaginariamente al padre. También se puede pensar que todo ocurre en una noche de fiebre y delirio.

Mariano Dossena: –Si uno está atento al texto, encuentra el modo de decirlo. Kafka trata su caso como un abogado que va revelando evidencias para hacer que su padre entienda su punto de vista. –¿Cuál es, para ustedes, ese punto de vista? D. S.: –Años atrás, cuando leí la carta por primera vez, me sentí muy identificado con su mirada adolescente, a pesar de que tenía 36 años en el momento de escribirla. Es muy triste que no haya podido trascender la relación con su padre y que se haya quedado en la queja del hijo, sin haberlo podido matar simbólicamente para ser él mismo. M. D.: –También hay que tomar en cuenta la época, porque seguramente en ese momento no había demasiadas formas de entablar una relación con los padres. –¿Por qué creen que nunca pudo decidirse a formar una familia? D. S.: –Kafka ponía toda su libido en el trabajo, en escribir. Y veía el casamiento como un obstáculo para su obra. M. D.: –Y eso a pesar de la importancia que tenía el matrimonio en aquel momento. Porque el no casarse, y no tener una vida familiar propia, significaba, de algún modo, no haber ingresado a la adultez. –¿Qué rasgos de la personalidad del padre les interesó más? D. S.: –Es muy fuerte darse cuenta de que el padre, con su modo de ser y de tratar a Kafka, con sus maniobras, no haya permitido que el hijo le hiciera sombra. Este texto sigue conmoviendo porque menciona cuestiones que son inherentes a todas las relaciones entre padres e hijos. M. D.: –La carta tiene un progreso en su desarrollo. Y se hace evidente que muchas de las cosas que él ve en el padre están en el propio Kafka, y que ese hecho es el origen del rechazo que siente. –¿Cómo analizan los sentimientos de Kafka en relación con las diferencias físicas que había entre él y su padre? D. S.: –La desigualdad que había entre los dos en ese sentido era muy grande. Y asombra la admiración que tiene el hijo con relación al cuerpo de su padre. M. D.: –Desde ahí se puede ver la carta como una declaración de amor. Como si la supremacía física que Kafka ve en el padre le hubiese impedido enamorarse de alguien más. D. S.: –De todas formas, la figura del padre hoy también puede representar nuestro mundo, con todas sus exigencias y sus bajadas de línea. Vivimos teniendo que satisfacer las expectativas del afuera. Y nadie nos dice cómo hay que hacerlo.

Fuente: Página/12

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