sábado, 27 de julio de 2013

Romeo y julieta de bolsillo


Puro disfrute para todos

Un pizarrón, un par de libros, una silla y dos personajes un tanto formales: un espacio, al menos, extraño para un título que nos promete un Romeo y Julieta , aunque sea de bolsillo.

Es sabido que las versiones de esta obra de Shakespeare son innumerables, incluso, para la platea infantil. Prometen además, una obra para toda la familia y, vaya sorpresa, lo cumplen. La propuesta es entretenida, fresca, conmovedora, de esas que lo dejan a uno con una sonrisa durante largo rato. La pregunta es por qué, qué mecanismos ponen en juego para que esto suceda, para que disfruten grandes y chicos. El primer obstáculo es contar una historia, en principio desconocida para los más chicos, de tal modo que la entiendan y, a la vez, lograr que los grandes se mantengan interesados.

Los desafíos son múltiples: trabajar en simultáneo para los que conocen y los que no conocen la historia, remontar el final trágico de la obra (muy inteligentemente interrogado por los protagonistas: ¿termina mal si la muerte de ambos concilia, finalmente, a las familias?) llevar adelante a once personajes, interpretados por sólo dos actores y, como si eso fuera poco, jugar con las entradas, las salidas y las coincidencias en escena de un modo imprevisible.

La excusa para la reconstrucción de la obra es encontrar algunas respuestas más interesantes que las dadas por ciertos especialistas en Shakespeare, en torno a la cantidad de comas, puntos o registros léxicos que se encuentran en Romeo y Julieta . Por suerte, en el detrás de escena, un vestuario no habitual en un sitio como en el que están los ayudará a conformar los diversos personajes. Con una economía formidable hacen un recorrido por el texto completo, con algunas licencias poéticas.

Esta aventura sería impensable sin las actuaciones de Emiliano Dionisi y Julia Garriz, que van de un personaje a otro en milésimas de segundo (incluso haciendo el mismo personaje, pero no está bueno adelantar mucho).

Además, la versión libre de la obra es brillante porque tiene que aportar la información necesaria sin descuidar la vuelta de tuerca, dada fundamentalmente por la insistencia en el acto de representación. Incluso para deshacer un argumento: "El cura dijo que me besaras", le plantea ella. "Pero si la voz del cura la hice yo", le dirá él e imitará su trabajo vocal anterior.

La entrada y salida de la representación le da pie al humor de manera sumamente efectiva, ponen en cuestión lo que saben los actores, pero no los personajes, olvidan "pensar o sentir" como lo harían los personajes. Las muertes, que no se eluden, están trabajadas en este marco y no aparecen traumáticas en lo absoluto. Incluso, algunas causas se cambian de lugar.

En relación con el lenguaje, oscilan entre lo porteño, la rima (completan mutuamente la estructura de los versos, en general humorísticos) y la poética shakespereana, que también se hace presente. Con un ritmo increíble, sostenido a partir de la alternancia de los personajes y del lenguaje, consiguen una propuesta verdaderamente disfrutable y en varias capas.

Fuente: La Nación

Sala: El Extranjero / Funciones: viernes, sábado y domingo, a las 17

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