miércoles, 24 de julio de 2013

Paola Krum: Traición


De fidelidades y traiciones

Paola Krum habla del proceso de ensayos de Traición, la obra que encara junto con Daniel Hendler y Diego Velázquez

El procedimiento de puesta que el director Ciro Zorzoli encara para su versión de Traición, el texto del británico Harold Pinter que estrena el viernes, parece meterse directamente en la génesis del conflicto de la obra. Lo cuenta mejor Paola Krum.

Apenas Ciro confirmó que el elenco estaba integrado por Diego Velázquez, Daniel Hendler y ella, tiró la primera consigna: "No lean la obra, no vean la versión cinematográfica [de David Hugh Jones], no busquen nada". Paola, casi al borde del ataque de nervios, se preguntó: "Bueno..., todo bien. Pero, entonces, ¿qué hago?". A varios meses de aquella primera señal, ahora agrega: "Traté de hacerle caso, aunque me costó un montón". Nótese el detalle: dice haber "tratado". Al subrayarle la sutileza jura y perjura que no hubo traición.

Cuando se juntaron los tres actores, siempre según el relato de esta mujer que no tiene pose alguna de estrella, la cosa fue así: "Nos propuso hacer una pasada de la obra, yo no entendía nada. ¿Cómo íbamos a hacer una pasada si ni habíamos leído la obra? Yo siempre llego al primer ensayo siempre con mucha timidez. En este caso, con Diego ya habíamos trabajado en Tiempos compulsivos , pero no con Hendler. Lo cual, debo reconocerlo, me ponía más nerviosa. En ese contexto, Ciro nos estaba proponiendo jugar a algo que ni siquiera sabíamos qué era".

Más allá de rarezas de algún o de todo tipo, se largaron a jugar. Y el juego, así parece, fue sumamente placentero. Y el juego, según confiesa esta bella dama, le permitió correrse de lugares ya transitados. Tiempo después llegó el texto. "En ese momento se empobreció todo... fue muy loco. Yo estoy acostumbrada a saberme la letra antes de comenzar el primer ensayo, para, después, liberarme del texto. La base del trabajo con Ciro fue a la inversa. Pasó, y pasa, por apoyarte en el otro todo el tiempo. Tiene un olfato increíble para eso", dice en el bar del teatro Picadero, donde se presentará el espectáculo.

En todo esto hay otro juego posible: el que entablan los tres personajes de la obra. Vale presentarlos: Emma (Paola Krum) está casada con Robert (Diego Velázquez). Su mejor amigo se llama Jerry (Daniel Hendler). Él, a la vez, tiene un vínculo amoroso con Emma. El armado de esta historia triangular también dibuja otro tríptico cargado de silencios: el que se da entre los tres actores de esta puesta o el que se da entre los actores, el director y la misma historia.

Expliquemos este último punto. Ciro Zorzoli ha llevado tan al extremo ese manto de silencio que, en otro encuentro en medio del proceso de ensayo, les dijo a los actores: "Entre nosotros no se habla de la obra". Silencio. A meses de esa consigna, Paola agrega: "Como en la obra, estamos ocultando la naturaleza de nuestros pensamientos mientras convivimos. Les pasa a los personajes, nos pasa a nosotros. Es muy desestabilizador no poder acordar con el otro cómo va tal situación". Es, se podría agregar, desestabilizadora la historia en sí misma, sus silencios, lo que esconden, lo que dicen.
De buenas a primeras, ese dogma basado en la fidelidad de mantener ciertos silencios ahora genera situaciones extrañas. Por ejemplo: "¿Ves? Las cosas que te estoy contando a vos nunca las hablé ni con Ciro, ni con Diego, ni con Daniel. Me parece que, en verdad, en estos momentos me estoy descargando de todo aquello que no puedo hablar con ellos". Paula se ríe. Se ríe, quizá, de su propio nerviosismo. Se ríe, tal vez, de su propia ansiedad o de su catarsis. Sin embargo, más allá de estas fuerzas encontradas, su relato está atravesado por una certeza: la de saberse frente un procedimiento de construcción de lo teatral que la apasiona. Será por eso que todo su rostro transmite entusiasmo.

UN TRÍO, DOS TRÍOS

El procedimiento que viene aplicando el director de Las criadas y Estado de ira para esta obra tiende indudables puentes con la historia de los tres personajes. De hecho, las tres criaturas creadas por Harold Pinter son cómplices de una traición (o varias, como se quiera). El ganador del Premio Nobel de Literatura en 2005, en medio de diálogos que parecen insignificantes, revierte la típica cronología del relato. De hecho, la primera escena transcurre en un bar durante la primavera de 1977, a dos años de terminada la relación extramatrimonial que duró siete años. La última, en un dormitorio en el invierno de 1968. En esa escena, Jerry (Hendler) le dice a Emma (Krum): "Te tendría que haber poseído ahí, de blanco, antes de tu boda. Te tendría que haber mancillado, dejarte negro todo ese vestido blanco, deshonrado tu vestido de novia, antes de llevarte al altar como tu padrino".

Cuando, por fin, Paola leyó la obra lo que más la conmovió es la traición del tiempo. "No es que los tres personajes estuvieron perdiendo el tiempo, no; pero el tiempo se les pasó. Eso es muy duro y me genera mucha tristeza, no puedo evitarlo. Si bien en algún momento el amor de ese triángulo debe de haber sido algo de una tremenda comunión, murió. Desde otra perspectiva, por experiencia de vida, creo que no hay peor traición que los seres que te quieren no te digan la verdad. Por más dolorosa que sea, no importa. No saber te deja muy endeble, puede destruirte. Es preferible saber. Siempre."

Todo esto reconoce que la deben remitir a situaciones suyas (como a todos, de ahí la maestría de Pinter). Estas situaciones al autor y poeta fallecido en 2008 no le resultan cuestiones ajenas. De joven entabló una fuerte amistad -no exenta de competencia y, quizá, de deseos ocultos como sucede entre los dos personajes masculinos de Traición - con un tal Ron. A la banda que integraban llegó una vez otra joven, una tal Jennifer. Durante un tiempo, compartieron ese amor por esa mujer.

Muchos años después, en 1956, Harold Pinter se casó con Vivien Merchant, una actriz que se transformó en su musa y para quien escribió varias obras. En medio de éxitos, reconocimientos y lujos, parecían ser la pareja ideal. No tanto. Mientras todo eso sucedía, según información publicada luego de su muerte, el autor de El cuidador y Viejos tiempos vivió una relación amorosa con Joan Bakewell. Ella era una presentadora de televisión. Estaba casada con el mejor amigo de Pinter. Ese vínculo, ¿esa traición o esa fidelidad a un deseo que requirió de una traición?, duró siete años. ¿Hará falta recordar que el vínculo triangular de Traición duró, también, siete años?.

Traición
De Harold Pinter.
El Picadero, pasaje Enrique Santos Discépolo 1857
Funciones, miércoles (día popular) y sábados, a las 22; jueves y viernes, a las 20, y domingos, a las 21. $ 120 y 180.

Fuente: Clarín

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