miércoles, 10 de julio de 2013

Las putas de San Julián


Osvaldo Bayer y la dignidad de las mujeres

El escritor se interpreta a sí mismo en una obra basada en “La Patagonia rebelde”.

Como narrador de un fragmento de su propia historia, Osvaldo Bayer, a sus 86 años, debuta hoy en la sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes. Hará de sí mismo en Las putas de San Julián, espectáculo dirigido por Rubén Mosquera, basado en un episodio del libro de Bayer La patagonia rebelde.

La obra propone balancear en escena el peso del documento y la ficción. Por un lado, se convocan las cuestiones biográficas y vivenciales del propio Bayer; por el otro, surgen como fondo los acontecimientos que derivaron en los fusilamientos de miles de trabajadores, a comienzo de la década del ‘20 del siglo pasado, durante la denominada “Patagonia trágica”. En ese marco, el espectáculo recrea el rol de las prostitutas de Puerto San Julián, en Santa Cruz, que el 17 de febrero de 1922 se negaron a prestar sus servicios a los militares que fusilaron a los trabajadores y peones que llevaron a cabo la huelga.

Las putas de San Julián comienza con un monólogo de Bayer que detalla el costo de haber afrontado la escritura de su libro emblema. “Pensar que por haber escrito la tragedia de las huelgas patagónicas fui perseguido y condenado a muerte por la Triple A de López Rega y por la última dictadura militar... la de la desaparición de personas. Mi libro La Patagonia rebelde me costó ocho años de exilio. Exilio para mí y para mi mujer y mis cuatro hijos. La injusticia por decir la verdad... Mis libros fueron quemados por orden del teniente coronel Gorleri, hoy general de la Nación.” Luego, a pocos minutos del inicio, el escritor mantiene un contrapunto con la muerte, una figura que le cuestiona a Bayer su creencia en la solidaridad y la justicia social. Rápido ese contrapunto se quiebra con el ingreso de una prostituta interrogada por la policía.

De ese modo, en un escenario que sirve como plataforma atomizada en varios registros temporales, el espectáculo navega en aguas de la historia argentina. Pero sobre todo es un homenaje a esas mujeres, quienes, cuenta Bayer sobre el final, protagonizaron un hecho “que durante años fue un tabú, porque implicaba directamente al ejército argentino, y a la máxima autoridad de la República, Hipólito Yrigoyen; en medio de tanta ignominia, latrocinio y crímenes irreparables, aquellas mujeres de aquel prostíbulo fueron las únicas que se plantaron frente al ejército vencedor en homenaje a tanto obrero fusilado.”

Fuente: Clarín

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