miércoles, 10 de julio de 2013

Graf Story


El Sarrasani, una leyenda en busca del renacimiento

Bajo el nombre del famoso circo alemán, comienza hoy un espectáculo que, como cena show, combina destreza con alta gastronomía

"Patria es allí donde pueda alzar mi carpa." Menuda definición la de la señora Gertrude Kunz, más conocida como Trude, quien, en 1941 y con apenas 28 años, asumió la conducción del legendario Circo Sarrasani. El mismo circo alemán que, aunque pasen los años, todavía está instalado en el imaginario colectivo argentino. Ahora el Sarrasani, tras décadas de silencio, presenta hoy el espectáculo Graf Story, en el Tattersall, de Palermo.

Desde su fundación en 1901, a las distintas carpas (a las distintas patrias, diría Trude) les pasó de todo. Decir "todo" no es una exageración. Antes de la Primera Guerra Mundial la mítica compañía atravesaba uno de sus tantos momentos de esplendor con artistas de todas partes del mundo (desde indios sioux a javaneses). Claro que el 1° de agosto de 1914, en plena función, apareció un oficial. Dijo: "Alemania entró en guerra". La mayoría de sus artistas fueron obligados a hacer el servicio militar. Otros fueron expulsados por pertenecer a países enemigos. Mientras, el ejército incautó elefantes y camellos.

En 1923, iniciaron la primera gira sudamericana. Éxito total, aunque un pampero los dejó sin carpa. En perspectiva, ese hecho fue menor frente al incendio de la carpa en Amberes. Eso sucedió en 1932. Se perdieron 500 caballos amaestrados, 50 leones y 20 osos blancos. Bancarrota total. Como telón de fondo, en la patria alemana el nazismo ganaba terreno. El Sarrasani, entonces, decide volver a América del Sur. En San Pablo muere Hans Stosch-Sarrasani, el creador de esta leyenda. Asume la dirección Junior, su hijo, quien en 1935 se casa con Trude. Ella, en verdad, ni sabía que se estaba casando. Lo contó así: "Me hizo creer que estábamos en la oficina de catastro firmando un terreno que quería poner a nombre mío; a la noche, apenas bajamos las escalinatas del hotel para ir a cenar, me encuentro con una multitud vestida de gala en el hall. De inmediato comenzó a sonar la marcha nupcial. Yo miré a mi marido y le dije: «Es una broma, ¿no?»". No. Parece que fue amor.

Ese mismo año una parte del Sarrasani volvió a Alemania. En el puerto los despidió el presidente Agustín B. Justo. En Buenos Aires se quedó la parte judía de esa patria dividida. Junior había negociado con el nazismo el retorno de su compañía para participar de los Juegos Olímpicos de 1936. A cambio, recibiría ayuda económica. Junior murió en 1941, a los 44 años. Al frente de la carpa, de esa patria, quedó Trude.

El 13 de febrero de 1945, y no se trata de una exageración, el Sarrasani estalló en pedazos. Esa noche, dos semanas antes de la capitulación, cayeron sobre Dresden 4000 toneladas de bombas. Murieron alrededor de 35.000 personas. El Sarrasani estaba en plena función. "Nos metimos todos en el refugio construido abajo del edificio. Cuando terminó, hicimos apagar el fuego y vino el segundo ataque", contó Trude. En esas 6 horas de bombardeo no quedó nada del gran palacio con 5 subsuelos, 300 jaulas y una pista sumergible.

Otra vez, la nada, los escombros. Trude volvió a Buenos Aires en 1948. Se hace amiga de Eva Perón, "Era realmente una mujer muy hermosa y muy buena. Me llamaba para organizar funciones a beneficio para escuelas pobres de la provincia". Juan Domingo Perón y Evita declararon al Sarrasani "Circo Nacional Argentino". Extraño título tratándose de una compañía nacida en Alemania.

Con la caída de Perón viene otro desafío: distanciarse del peronismo. Trude rearma el criterio de patria itinerante y sale de gira por Brasil. En Río de Janeiro presenta el "Palacio de Aluminio", la primera carpa construida con aleación. Al año, se incendia. Cansada, se retira a un granja en Córdoba mientras crecen diversos circos que llevan el nombre de Sarrasani. Vienen juicios largos, larguísimos; hasta que la Justicia se define en favor de ella.

En Buenos Aires, hacia fines del 60, el Sarrasani anuncia la primera carpa de plástico del mundo. Un error de cálculos hace que fracase cuando los artistas ya estaban contratados. Nueva bancarrota. A principios de los 70 presenta espectáculos en Buenos Aires y en el interior en versiones menos grandilocuentes. En 1973 Trude desarma todo (su carpa, su patria) y se vuelve a Córdoba. En 1981 se muda a San Clemente del Tuyú.

Once años después, Trude vuelve de visita a Dresden, la patria donde nació la leyenda. Desde hace unos años, en el lugar donde funcionaba el antiguo teatro/circo la calle se llama Sarrasanistrasse. A fines de los noventa, Trude le legó la marca Sarrasani a Jorge Bernstein, su amigo personal desde 1968. El empresario, que entre otras cosas maneja la concesión del Tattersall, anunció varias veces varios proyectos ligados a la resurrección del Sarrasani. En general, no prosperaron. Con el estreno de Graf Story intentará revertir la racha.

Trude, la gran dama de este circo, murió en San Clemente del Tuyú en 2009. Tenía 96 años. El día de su fallecimiento, los príncipes Alberto y Estefanía de Mónaco, fanáticos del Sarrasani, publicaron un aviso fúnebre para despedirla en este mismo diario. Esta vez, Trude no será parte de esta reaparición de la marca Sarrasani, ¿La leyenda continuará o el Sarrasani pertenece a ese tipo de compañías que ya no tienen su tiempo de revancha?

UNA CUESTIÓN DE FORMATOS

En cuanto a nivel de producción, diseño gráfico de sus afiches, la investigación arquitectónica puesta al servicio de la construcción de espacios escénicos, experimentación de nuevos materiales, aplicación de estrategias de marketing y despliegue tecnológico para movilizar esa patria rodante, un espectáculo del Sarrasani dejaría a uno del Cirque du Soleil como una experiencia -casi- pueblerina.

¿Pura exageración? Un poco. Igual, veamos: la foto de esta nota es de cuando el Sarrasani se presentó en Buenos Aires. Eso fue en 1935, en el terreno en donde está hoy el diario LA NACION. Esa vez, al puerto llegaron dos embarcaciones trasladando 12.000 toneladas, 400 artistas y técnicos y una cifra similar de animales. Ese desembarco fue una fiesta (un hecho mediático, se diría ahora). La carpa tenía capacidad para 7000 espectadores, había equipo de bomberos y usina eléctrica propios. La fachada estaba iluminada por 30.000 lamparitas. La estrella era un hipopótamo que anunciaban como el único de su especie adiestrado en el mundo. Más allá del hipopótamo, en términos de producción, el Cirque maneja una escala mucho menor.

La atmósfera de carpa que se armará hoy en el Tattersall vendrá bajo otro formato y hasta estará dominada por otros olores. Es que Graf Story combina la alta gastronomía internacional con un show protagonizado por consagrados artistas del Festival Internacional de Circo de Montecarlo: Evgeniy Voroni, ilusionista ucraniano; Svetlana Perkhodova, contorsionista rusa, y Melanie Stace, cantante inglesa.

"Graf Story es un show circense con características gourmet. Se combina la gastronomía de alta escuela con un show espectacular. Es un formato que nació hace unos diez años y que generó un verdadero furor", apunta el arquitecto y empresario Jorge Bernstein. La entrada para la cena show de 3 horas cuesta entre 800 y 1350 pesos.

Según el empresario devenido dueño de esta etapa del Sarrasani, Graf Story es parte de un proyecto que incluye otras dos etapas: una serie de programas de televisión que se verá por Canal 9 y un festival internacional de circo que se hará en marzo.

Graf Story
Cena Show
En el Tattersall, Libertador 4595
A partir de hoy, por cuarenta funciones. Entradas desde $ 800. Por Ticketek.

Fuente: La Nación

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