miércoles, 12 de junio de 2013

Sebastián Wainraich: Wainraich y los frustrados


De la radio al teatro, Wainraich asume que "podría pasar mucho tiempo vestido de mujer"

El actor y humorista Sebastián Wainraich, que cada fin de semana presenta en el teatro Maipo su unipersonal “Wainraich y los frustrados”, un pequeño decálogo de personas insatisfechas, admitió que en el contexto de la obra y a la luz de sus propios desconsuelos, descubrió que “podría pasar mucho tiempo vestido de mujer”.

“Para uno de los personajes me tengo que poner una peluca y un vestido y me di cuenta que puedo ser muy sexy. Además, me meto en el papel y creo poder llegar a sentir lo que siente una mina”, confesó Wainraich a Télam sobre la ninfómana arrasada por la vida, las drogas y el alcohol que interpreta en la obra.

“Wainraich y los frustrados”, el unipersonal que comenzó hace dos años en un café concert y que ahora desembarcó en el emblemático espacio del Maipo, conjuga desde el humor tres personajes desgarrados en sus miserias que cuentan cómo el devenir de una vida plagada de desaciertos, truncó sus aspiraciones más primigenias.

Así, el conductor radial de “Metro y medio” (Metro, 95.1) encarna un hombre descontento con la distancia que media entre la Alemania nazi y la Argentina actual; un futbolista absolutamente frustrado con una relación patológica con su madre, y una mujer lisa y llanamente desbarrancada.

En la segunda parte, la obra se condensa en la piel del propio Wainraich haciendo lo que mejor sabe: un monólogo, donde se propone indagar sobre la felicidad, ese deber casi obligatorio que se nos impone como una ley marcial a la que nadie sabe cómo acatar fehacientemente.

-Después de la saga de “Cómico” (espectáculo de “stand up” que compartió con otros humoristas) ¿Cómo fue subir solo a un escenario?
-Mucho mejor, los odiaba. En realidad no, pero como yo soy muy ansioso, inconscientemente me di cuenta que esta obra la escribí simplemente para satisfacer mi ansiedad. Porque estoy en el escenario todo el tiempo, no tengo que esperar, me cambio en el escenario, no paro de hablar: hago mi laburo y me voy.

-Sin esperas, pero con más responsabilidad…
-Al principio me parecía imposible porque todo recae sobre mí, pero ahora la paso espectacular. Además los personajes te dan un respiro porque me permiten variar: cambiar de voz, de personaje, de pensamiento.

-Los tres personajes tienen un nivel de frustración muy estructural. En menor escala, ¿La vida no es un poco una sucesión de frustraciones?
-Estos tres personajes sí son un poco extremos. Después están las frustraciones cotidianas y pequeñas, que no son las que te generan una herida, sino que son el motor que te hace mierda todos los días un poquito, que te llevan todos los días lentamente hacia la muerte: las más lindas. La frustración no necesariamente tiene que ver con la infelicidad.

-¿Qué cosas te frustran a vos?
-Futbolísticamente tengo una frustración: no me daba para ser futbolista profesional, pero al menos me hubiera gustado jugar mejor con amigos, ser el héroe o que simplemente me eligieran en el pan y queso. Me hubiera gustado tener una educación más formal académicamente hablando. Entré a la UBA 37 veces y no sirvo para eso.

-¿Los temas que llevás al escenario los pensás en clave de humor?
-No, es algo natural. En esta obra tanto los personajes como el monólogo son bastante oscuros y es eso lo que hace reír. Pero a la vez siento que estoy hablando de temas reales y que todo eso en otro tono podría ser tranquilamente un drama.  Simplemente hay un contexto que te ayuda a no pensar que es terrible.

-¿Escribís para un público determinado?
-Uno tiene una idea del público que casi siempre es errónea: uno lo piensa como si fuera uno solo, un colectivo de gente que piensa y siente lo mismo. Y es todo lo contrario. Cuando me hablan de la obra en la calle, gente de distintas edades me cita momentos distintos.

-¿Cuál es el mejor elogio que pueden hacerte?
-En esta obra mi primer objetivo es que se rían. No me gusta citar pero dejame citarte algo: Fontanarrosa decía que se daba por hecho si alguien le decía que no esperaba un Premio Nobel sino que le dijeran “me cague de risa con tu libro”. Y ese es el motor, lo que pasa es que la risa está un poco subestimada.

-En radio te enojás con los que te piden que tomes una posición política. ¿Te molesta que la gente esté esperando eso de vos?
-Yo tengo una postura: a veces estoy de acuerdo y a veces no. A los que no estamos decididamente de un lado nos llaman “tibios”, cuando en realidad hay una tibieza para hablar de todo que es alarmante. Porque hablamos de las inundaciones de La Plata, que ya nadie habla, se habla con la misma pasión que de la mujer de Maradona.
Me parece que la tibieza está en banalizar absolutamente todo, y eso es algo bastante menemista. Es un poco insoportable y cada uno quiere sumar gente a su tropa. Si hace 10 años vos fuiste Hitler pero ahora pensás como yo, vení. Si no pensás como yo, te muestro que fuiste Hitler. Me voy enojado. Chau.

Fuente: Télam

No hay comentarios: