jueves, 20 de junio de 2013

El otro Judas


Judas, entre el amor y la traición

Si hay un personaje histórico que ha sido demonizado durante siglos es Judas Iscariote. Méritos tuvo. Entregó a Jesús, su maestro.

Pero Abelardo Castillo exploró al ser humano y los motivos por los cuales arribó a esa decisión. El autor plantea si realmente fue una traición o un acto de amor. El mismo Judas es el relator de esta historia y participará en un intenso y profundo debate de dialécticas con otros apóstoles como Juan, Santiago y Pedro, y hasta con un militar romano. Él no habla de Dios, sino de un hombre líder. Su discurso va en progreso a una transgresión de fe. Sostiene su decisión de abandonar a Jesús. "Él no era el hijo de Dios, era un hombre", insistirá y, de algún modo, demostrará que es él mismo quien se siente traicionado.

Mariano Dossena ratifica que es un director ideal para este tipo de propuestas. Sabe cómo conducir a sus actores a volver palabra real ese texto escrito. Consiguió mostrar a estos personajes como hombres, con sus contradicciones, sus dudas, sus convicciones enfrentadas y sus temores. Ya se volvió un experto en piezas con varios personajes de momentos fuertes, presentes. Y es hábil en hacer presentes y fuertes hasta a aquellos que tienen partes menores.

Judas se vuelve fiscal, pero también defensor de sí mismo y de ese hombre al que ama, y es Walter Quiroz quien encara el desafío de personificarlo. En uno de sus mejores trabajos, el actor transita por los distintos estados emocionales de este ser que persiguió ideales, hasta políticos. Ama a su pueblo y en pos de él siguió al hombre que creyó un liberador, tanto de conciencias como de opresión. Por eso se exasperará cuando los demás no quieran aceptar que es un hombre, no Dios quien agoniza, y se desesperará al punto de sentirse ahogado por sus contradicciones cuando ruega recobrar la fe. Pasión e intensidad es el motor del trabajo de Quiroz. Junto con él, sobresalen en sus partes Talo Silveyra (un joven actor excelente para seguirle los pasos, en una de las mejores escenas de la obra), Manuel Vignau y Gabriel Serenelli.

Asimismo, es destacable la disposición del espacio escénico ideada por Dossena. Su montaje guarda solemnidad, pero, a su vez, mantiene el intimismo planteado por el autor. Contó con el aporte de una acorde puesta de luces de Pedro Zambrelli.

Fuente: La Nación

Funciones: viernes y sábado, a las 22.30 / Sala: Centro Cultural de la Cooperación

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