domingo, 2 de junio de 2013

Alejandro Viola: La extraviada


Del bolero a la ópera

Alejandro Viola, líder de Los Amados, estrenó “La extraviada” su primera obra como autor y director, basada en “La Traviata”.

Después de años de trajinar con el jopo y el bigote anchoa, Alejandro Viola guardó (por un rato nada más) el atuendo de su personaje más conocido, El Chino Amado, líder del grupo Los Amados, para ponerse en otro rol. Esta vez ni como cantante ni como actor, sino como autor y director de su primera obra teatral: La extraviada, que se presenta los domingos en la sala Siranush (Ver Información). Aunque aquí no hay boleros, la música (la ópera) sigue teniendo mucha importancia.

En la trama de La extraviada, todo transcurre en un viejo teatro, en un juego entre lo que sucede en el escenario donde se pone en escena La Traviata (cuya traducción es justamente, la extraviada ) de Giuseppe Verdi (con pasajes interpretados en vivo) y el detrás de escena, donde dos vestuaristas se enfrentan por un ascenso en su puesto de trabajo y también, por un viejo amor.

“Se trata de personajes que observé toda la vida y que me atraen mucho; por eso decidí escribir sobre ellos”, dice Viola. “Y sobre un espacio, el detrás de la vida cotidiana, donde siempre pasan cosas”.En ese contexto, la competencia, la envidia, los celos y las pasiones están a flor de piel, teñidos de melodrama y tragicomedia.

“Lo que quería era mostrar el mientras tanto, lo que sucede en cualquier ámbito con la rutina cotidiana que nos aplasta. Y en contraste con ese otro ámbito elevado al que uno intenta aferrarse para sobrevivir. Acá se trata de un teatro, que es lo que yo conozco, pero se puede trasladar a cualquier espacio”, explica el autor.

El juego entre lo magnífico de la ópera y el pequeño mundo de esos seres comunes y corrientes con vidas ordinarias es el gran tema que aborda Viola en su debut como dramaturgo. “Además quise marcar más esa diferencia apelando a La Traviata, que es el comienzo de la ópera moderna y tiene una historia muy glamorosa”.

Las vestidoras (interpretadas por Alicia Muxo y Vivian el Jaber), arrinconadas en su espacio de trabajo casi subterráneo e insalubre, además de lidiar con su rutina cotidiana, luchan por el amor del mismo hombre: el jefe de escenario que compone Carlos Moreno.

“En ese ámbito se arma un triángulo amoroso en el que las soledades y las pasiones pueden llevar a un final impensado. Claro que, mientras que la ópera lo muestra glamorosamente, para estos seres todo será más vulgar”.

En estos personajes un tanto grotescos se nota la impronta de Viola, acostumbrado a trabajar con esos trazos a sus personajes de la orquesta de Los Amados. Sin embargo, acá los protagonistas están más próximos a perder el control.

“La pasión, que mueve a estos individuos, nos vuelve un poco primitivos. Y yo quería hablar de esto también, de cómo uno puede descontrolarse llevado por la pasión. Y la pregunta que me hago es ¿cuándo uno es capaz de cruzar ese límite?”. Probablemente, al extraviarnos.

Fuente: Clarín

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