miércoles, 15 de mayo de 2013

L’Immédiat



Con lenguaje universal

La compañía francesa Camille Boitel es una de las visitas al cilo Polo Circo. Precisión milimétrica y lenguaje corporal son sus fundamentos.

Más cerca de una bajada de línea sobre la atormentada vida moderna que del circo tradicional, L’Immédiat, de la compañía francesa Camille Boitel, tiene como premisa gatillar el derrumbe de cachivaches y de humanos en escena. El inestable equilibrio al que se someten los acróbatas indaga, al menos por lo sugerido en el programa de mano, en “ ¿cómo vivir el aquí y ahora? ? ¿cómo vivir el frenesí del brutal desorden simultáneo y bruscamente, sin prever, sin saber, qué va a pasar?

” En el espectáculo, la precisión de cada cuadro y el despliegue grupal de una milimétrica partitura física están en función de generar una caída libre y acentuar el desafío (o la resistencia) de los cuerpos frente a la gravedad.

Dicho esto, la primera advertencia. Si usted es alérgico al polvo, evite sentarse en las primeras almohaditas de las incómodas gradas del Centro Cultural San Martín. Porque desde el comienzo, donde una pareja intenta arrancar su jornada, estalla un efecto dominó que reduce todo objeto escenográfico al grado de basura o de ruina. Luego, varios acróbatas pasearán con escobillones que levantarán polvo a lo pavote. Ellos intentarán arreglar lo que no tiene solución. Porque los intérpretes viven en estado de yunque: a pleno golpe contra todo lo que tienen a su alcance. Incluso, cuando se pasan de rosca con la demolición, un integrante de la compañía anuncia por megáfono: “Si ve una situación desfavorable, por favor evacue la sala”.

Por otra parte, hay una inagotable sucesión de pasos de comedia donde no media la palabra, sino el universal lenguaje corporal. Un buen termómetro para sondear estos procedimientos fue el comentario de un niño de cuatro años, al promediar algo más de una hora de espectáculo, que se divertía porque, sin importar lo que hagan, “a los hombres se le caían todo el tiempo sus cositas”. Sin embargo, en la vorágine de L’inmediat también hay lugar para pasajes oscuros o de otra densidad discursiva en la composición de las imágenes. Desde la iluminación se acentúa la reiteración de siluetas devoradas por muebles cuyo movimientos rozan el fenómeno Poltergeist. Además, omnipresente, en la boca de escenario, un instrumento hecho de residuos similar al célebre Alambique veloz, ejecuta diversas texturas sonoras. Desde ochentosos grabadores de cinta dispersos entre las gradas que se prenden en la oscuridad hasta secarropas que vibran en la entrada de la sala.

Fuente: Clarín

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