domingo, 26 de mayo de 2013

Juan Leyrado y Thelma Biral: Dios mío


El día en el que Dios llegó al diván

Los actores trabajan por primera vez juntos y protagonizan  en teatro la obra Dios mío. "Acá uno crea una familia paralela", coinciden.

Es una pareja de las que sorprende que sea la primera vez que vayan a trabajar juntos. Juan Leyrado y Thelma Biral acaban de estrenar en el Multiteatro Dios mío, un espectáculo que pone en escena las inquietudes y dilemas existenciales de Dios al asistir a una sesión de terapia como un hombre cualquiera. "Con todo lo que eso implica. Te imaginarás la situación", dice Leyrado envuelto en una bufanda negra, hablando de costado, con aires de catedrático. "Es una historia en la que se mezcla el humor con grandes reflexiones sobre el significado de la vida, dando lugar a una serie de cuestiones filosóficas donde aparecen situaciones dramáticas por momentos, tensas por otros y a veces es toda una comedia. Como la vida misma", dice Biral.
"Nunca nos cruzamos en tele o en otra obra. Nos vamos conociendo y, la verdad, nos entendimos bastante rápido. En esta tarea no tenés oportunidad de ocultar nada y eso es algo bueno. Podés mantener un personaje arriba del escenario, pero no trabajando todos los días, con los nervios, las debilidades. Lo cotidiano desnuda todo y se genera una unión única", dice Leyrado sobre este encuentro, y su compañera agrega: "Son tantas horas, que uno en teatro crea una familia aparte, paralela y en el proceso de ensayo se está más tiempo aquí que en la propia casa. Todo está muy depositada en lo que uno está construyendo con el otro."

–¿Es tortuosa la búsqueda en los ensayos previos? ¿Cómo viven ese momento?
Thelma Biral: –Para mí, no es tortuoso, me encanta el laboratorio, me encanta buscar, encontrar o pensar que lo encontré y que venga el director y te diga que no, y empezar a intentar de nuevo. Es muy interesante todo ese proceso.
Juan Leyrado: – Yo disfruto mucho de los ensayos preestreno. La inseguridad y el caos que te da el ensayo te estimula. Cuando no es así, cuando todo está perfecto porque encontraste el personaje de entrada me empiezo a asustar, es cuando más me asusto. Si ya sé como lo voy a hacer, me agarra un poco de miedo y digo "algo no estoy haciendo, a algo le estoy pasando por encima". Para que no me pase, me gusta bucear mucho adentro mío y ver qué elementos tengo que me sirvan para contar el cuento.
TB: –Claro, además aparece el encuentro con tus compañeros. Armar el personaje y la tarea que implica, no algo inmediato, primero se tiene que saber cómo uno se puede encontrar con otra persona para ayudar a eso.
JL: – Hay un universo nuevo para conocer y para que conozcan de uno, eso es lo que más me interesa y lo que más me gusta. Porque a uno se lo confronta contra uno mismo.  Uno está con el otro y tiene que ver cómo se hace entender.
TB: –Juan viene de trabajar hace tanto tiempo con hombres, que se encontró con dos mujeres (por Lia Jelin, la directora) que lo volvimos loco. Le hemos dado trabajo (risas).
JL: –Con los muchachos que hemos hecho Baraka, Mineros, o Mosqueteros antes, Darío (Grandinetti), Jorge (Marrale), Hugo (Arana), había evidentemente, sin decirlo, una necesidad de tomarnos un descanso. Lo disfrutamos todos. Estoy feliz de no escuchar el partido en el camarín todo el tiempo (risas). Son mis amigos, nos vamos a encontrar a comer después de las funciones. Seguro.
–Los dos han sido exitosos en cine y en televisión, pero el teatro siempre está, ¿por qué?
TB: –Es distinto, son caminos diferentes. En teatro ensayás, procesás distinto, el trayecto es diferente. En la tele es todo más rápido, más inmediato. El cine es otra cosa: Marcello Mastroianni decía que el que hace bien cine es el que sabe esperar, todo depende más del director. En teatro es más uno con el director y el compañero, hay otra búsqueda. Es fantástico hacer tele o cine. Pero acá tenes el rating ahí.
JL: –A mí me gusta mucho hacer televisión. Realmente, me sorprendo a mí mismo, pero me gusta, es algo muy vertiginoso. Me gusta el trabajo minucioso del teatro. Pero la tele permite que aparezca otra parte mía. En el funcionamiento de mi propio trabajo, que también me interesa, tiene que ver toda esa cosa de impronta o velocidad que hace que la cabeza no funcione tanto del intelecto solamente, sino que se ponga en funcionamiento todo uno, rápidamente, como un universo integrado que tiene que ser ahora ya. A mí me estimula, después termino agotado.
–¿Cuándo se dieron cuenta de que era su misión en la vida?
JL: –Iba al cine mucho, pero no sentía que era mi vocación. Todo comenzó, creo, porque quería alargar el proceso de juego, no dejar de  jugar nunca. Se venía la adultez y la cosa se iba poniendo seria y tenía que dejar de hacer cosas locas. Para mí, el teatro fue un acto de continuidad de mi cosa lúdica y trato de hacer eso. Cuando estoy bien, cuando la emboco, cuando estoy transitando un buen camino es porque me conecté con el niño que siempre quiso jugar.
TB: –Estoy de acuerdo con lo que dice Juan sobre la labor, es algo lúdica, pero en mi caso fue algo de herencia. Soy hija de italianos, de Venecia, y cuando nací yo, me llevaban mucho al teatro. Cuando veía eso decía: "Cuando sea grande quiero hacer eso." Fui muy alentada por mi madre y llegué a la escuela de arte dramático como algo que debía hacer sí o sí.
–Siempre los artistas estuvieron involucrados en la política, el arte fue vanguardia a la hora de marcar posición. ¿Hacer teatro es un manera de hacerse escuchar?
JL: –Creo que es así. Es dar vida a las palabras, eso es siempre importante. Hoy, lo maravilloso es que después de tanto dolor y tanta lucha, muchos jóvenes realmente estén interesados, sean del partido que sean, es realmente entender de qué se trata un país y de qué se trata la política. En pocos lugares del mundo pasa.
TB: –Eso es algo bueno. Me parece bien el respeto sobre todas las cosas, no creo que todo se base en antagonismos sino en ser argentinos, todos en una lucha común.
JL: –Es vital para la democracia que existan partidos políticos que tengan una estructura, que muestren su real ideología y que puedan trabajar en armar algo, que pongan ahí su inteligencia, su motivación, que no pierdan el tiempo solamente en las críticas, porque la gente necesita propuestas. Hay un gobierno con una propuesta clara, precisa y que uno al conocerla puede adherir o no, pero hay un proyecto, no hay un invento, no una catarsis, ni hay un kiosko o un shopping, hay proyecto. Si no te gusta, tenés que crear otro proyecto
–La cultura, ¿qué rol juega en ese proyecto?
JL: –El tema cultural siempre estuvo relegado de cualquier proyecto. Hacer cultura no es hacer más cantidad, sino que haya más acceso. Se hace lo que se puede, hay que construir lo que se puede, cada uno desde su lugar.
TB: –El actor, desde su lugar, está trabajando para una democracia mejor; da su mensaje, que no es siempre político, pero siempre es cultural.  «


Opinión
La obra se enfrenta a las preguntas eternas
El teatro es sangre, sudor y lágrimas. Es carne viva, no hay como escaparse de eso.  Sean actores jóvenes o personas muy experimentadas y con oficio, como Juan y Thelma, la angustia de la exposición, la angustia de la creación, está, existe; es permanente en cada uno de los actores. El trabajo, la búsqueda, el sufrimiento es el mismo. Mi rol como directora es conducir eso.
Cuando estábamos preparando Toc toc, no esperé un éxito semejante. Porque es muy difícil hacer un éxito y nunca se sabe. Pero llegó como llegó otras veces. Y tal vez se vuelva a repetir. Pero lo importante no es eso sino ver cómo encontrar la mejor forma de contar una historia
Toc-Toc lo trabajé como si fuera Esperando a Godot de Beckett, haciendo hincapié en la angustia más que en la comedia. Sabía que la gracia vendría sola, pero es interesante que, aunque sea por momentos, el humor esté a merced de la angustia. La identificación es tan grande que la catarsis se produce de todos modos. Todo pasa por hallar lo que tiene para decir el texto. En este caso recorrimos todos los terrenos posibles, para entender a la humanidad.  No es fácil entender cómo puede existir un ser tan perverso y abominable como el hombre.
Esta obra es interesante porque se enfrenta a las preguntas eternas que uno se hace con respecto a la existencia humana, sea ateo o creyente, porque se refiere al misterio sobre qué es la vida.
Quién no se preguntó alguna vez algo así: ¿Por qué a mí? ¿Por qué me pasan estas cosas? ¿Por qué es todo así? ¿Por qué no le pasan a otros? Y si le pasa a otros, ¿por qué le pasa a otros? Se indaga sobre la relación de uno con el cosmos, eso me pareció de una originalidad estupenda. Esas cosas que vale la pena trabajar.
Además a mediados de julio voy a presentar en el Teatro Lola Membrives la obra El Placard, que estamos trabajando con Osvaldo Santoro, Alejandro Awada, Valeria Lorca y Diego Peretti. Es una de las comedias más exitosas de la historia del cine francés: un hombre a punto de perder su trabajo finge ser homosexual para conservar su puesto y así comienza a desenmascararse el mundo en el que vive. Daniel Auteuil y Gérard Depardieu protagonizaron la versión para la pantalla grande, escrita y dirigida por Francis Veber (autor y director de La cena de los tontos). Esta versión es producción de Lino Patalano. Para seguir con las preguntas: ¿Estaremos a la altura? Veremos. Eso espero.
Lía Jelín | DIRECTORA


Anat gov, la autora
El texto original de Dios mío pertenece a Anat Gov, una de las más importantes escritoras y dramaturgas israelíes, quien murió en octubre del año pasado, tras luchar contra un cáncer, a la edad de 59 años.
Sabiendo que no tenía mucho tiempo de vida, Gov se fue prepanrado para su muerte y de hecho, planeó su propio funeral.
Había nacido el 13 de diciembre de 1953. Anat comenzó su carrera artística dentro del género musical, pero al poco tiempo desistió de esta rama del arte y se volcó a la escritura de libretos teatrales. Escribió principalmente para el teatro, con gran éxito, pero de su pluma también brotaron guiones de películas, así como traducciones de piezas teatrales clásicas.
En Dios Mío se puede ver su erudición, pues este texto implicó un estudio bíblico profundo. Así como también un impecable manejo del timing teatral, ya que los constantes giros en la trama muestran una mano experta que sutilmente capta la atención y emoción del espectador.


Creador en crisis con su obra y su autoestima
Thelma Biral es Ana, una psicóloga prestigiosa que un día recibe una misteriosa llamada de teléfono de un hombre (Juan Leyrado) que se identifica como Dios, pide su ayuda y solicita una sesión de terapia Se descubrirá un Dios en crisis, abatido por el mundo actual, y dispuesto a terminar con toda su creación. La sesión de análisis no será tan sólo una manera de intentar salvar al supuesto creador del mundo que se encuentra al borde de una crisis y con falta de autoestima, sino que se convertirá en una manera de evidenciar los motivos que lo llevaron a concebir al hombre y a la mujer, cuyas relaciones son, sin duda, uno de las temas más apasionantes de nuestra existencia junto con los misterios irresolubles del universo. El giro que se produce es por demás interesante, pues bajo el esquema de una sesión terapéutica se encuentran la soledad de un Dios, pero también su responsabilidad.


Funciones
¿CUÁNDO?
Miércoles, jueves, viernes, 20:30 hs. Sábados, 20:15 y 22:15 hs. Domingo, 19:30 hs. Multiteatro.

Fuente: Tiempo Argentino

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