sábado, 11 de mayo de 2013

Eva Halac: El caballero de la mano de fuego



Tiempo de valientes

La obra del célebre titiritero Javier Villafañe, interpretada por la Compañía Eva Halac. Una historia de reyes, princesas y brujos. Hoy empieza un ciclo creado por la coreógrafa y bailaora Clara Giannone. En cada una de las ocho funciones se presentará un grupo diferente.

La Compañía Eva Halac está presentando, en el Centro Cultural de la Cooperación, El caballero de la mano de fuego, de Javier Villafañe: un clásico del ilustre titiritero. La obra es un homenaje poético a las historias y aventuras medievales: caballeros, princesas, reyes y brujos, latiendo desde el fondo de los tiempos en el corazón de los antiguos retablos.

En la historia, la princesa Trenzas de Oro, hija del Rey de la Isla, es raptada por el Brujo Embrujador, señor de las brujerías. Para rescatar a la princesa, El Caballero de la Mano de Fuego cruzará el mar en una barca, y con su caballo llegará al castillo del brujo. En el camino, probará su valentía.

Con mano experta en el manejo de los títeres de gignol, Eva Halac y Ariel Pérez de María nos llevan a imaginar y emocionarnos en esta divertidísima versión de la obra, para disfrutar en familia y para chicos de todas las edades.

“Fue la primera obra que hice, cuando era muy chiquita”, recuerda Halac, con gran tradición familiar en títeres. “Tiene el elemento lírico, la belleza de la poesía y a la vez mucho humor, que posibilita el juego de los personajes, la acción. Es como una obra de teatro con actores, que condensa todos los elementos de un teatro para niños”, afirma.

Uno de los mayores aciertos de esta puesta es la música en vivo, a cargo de Juan Sleigh, quien además de tocar varios instrumentos y apoyar la acción escénica generando todo tipo de sonidos, interactúa con los títeres, improvisando y dándole frescura a la puesta.

La directora agrega: “Hay una parte de la obra que está librada a la improvisación. Con Ariel (Pérez de María) lo podemos llevar bien y divertirnos juntos. Siempre hay un margen para improvisar. A veces es mayor y otras menor, pero la técnica de los títeres de gignol es una cosmogonía, tiene un lenguaje propio”. Halac asegura que es una obra ideal para iniciar a los niños como espectadores teatrales: “No me gusta el teatro que es exclusivamente para niños. Me parece que hay un teatro que sí pueden ver los niños. Que padres e hijos entren juntos a verla y puedan disfrutarla y compartirla. Y que el adulto pueda intervenir con honestidad”.

Fuente: Clarín

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