viernes, 3 de mayo de 2013

Cecilia Peredo y Gaspar Fernández: La fábrica de sueños



Un sueño compartido para los chicos

Los artistas formaron el grupo Pequeño Pez con el que estrenan mañana su primera obra infantil, que dirigen y actúan. Una historia de ilusiones, entre las que se cuenta una propia: convertirse en un grupo de teatro para niños.

Elvicaria es mala. Una villana que le roba los sueños, ilusiones, emociones y deseos a todos los niños del mundo. Eso dice La fábrica de sueños. Pero en la obra de Cecilia Peredo y Gaspar Fernández no hay mala que robe los sueños de los adultos. Así que ellos (que son y formaron el grupo Pequeño Pez) se largaron a soñar, y soñaron y concibieron esta obra: la dirigen, la actúan, diseñaron la escenografía, participaron en la realización de la música. De punta a punta, es su sueño hecho realidad.
"Si nos tuviéramos que definir –arranca Peredo- diría que somos actores formados en circo, danza y artes plásticas. Nos fuimos formando en distintas disciplinas, por gusto y también para perfeccionarnos para la obra. En un momento hacemos un truquito de magia, por ejemplo, que lo aprendimos especialmente con un mago."

–¿Tuvieron alguna mirada externa que les pudiera advertir de posibles problemas en la obra?
Peredo: –Teníamos un asistente de dirección al que le salió una obra en Francia y se fue, y nos quedamos como "ohh" (abre la boca Peredo en señal de lamento). No teníamos otra persona que conociera cómo trabajábamos, y decidimos seguir solos a poner a alguien que no estuviera trabajando en el mismo código que nosotros, o no nos conociera.
Fernández: –Incluso nos filmamos, pero no es lo mismo.
–¿Cómo se resuelve la famosa falta de concentración, o la atención dispersa de los chicos en una obra de teatro?
F: –Lo conseguimos trabajando muchos con chicos. Fuimos aprendiendo mucho de eso. La forma de hablar, moverse, las expresiones; todo el tiempo ir modificando y que haya siempre matices. Si les hablás de distintas maneras, haciendo personajes que les hablen distinto, no se aburren.

Peredo arriesga que están cerca de plasmar una teoría sobre el tema. "Es una cuestión de rítmica en el habla, en el cuerpo, en los movimientos. Diferentes matices en el momento del discurso, acompañados con el cuerpo y una composición espacial. Así los podés ir atrapando sin estar necesariamente haciendo algo muy llamativo como una explosión para que presten atención.
La teorización que trajo la práctica, apunta Peredo, dice que los padres (que son en definitiva a quienes hay que persuadir de traer a los chicos), "vienen desde lo visual, que es lo primero que ven en nosotros; después nos consultan bien qué hacemos. Cuando entran a nuestra página de Facebook lo hacen desde lo visual: siempre trabajamos con diferentes materiales en el escenario, en los vestuarios; y nos encanta explorar esas cosas. A los padres también les encanta eso. La fábrica de sueños es una obra familiar, por la historia y por cómo la llevamos: hay chistes en los que los grandes se sienten incluidos. De hecho, la mala de la obra no puede soñar porque de chiquita le coartaban toda esa posibilidad de encastrarse, de crear las cosas que imaginaba. En nuestros espectáculos siempre hay un lindo mensaje de esto: el mundo infantil, los sueños, la fantasía, lo mágico".
Fernández agrega: "las explosiones y otros trucos también sirven, pero esto es más efectivo. Uno de nuestros trucos es hablar en secreto, y ya el nene quiere saber qué pasa. Y ahí lo metés en la trama".

–Y hacerlos participar de la obra, ¿sirve?
P: –Estamos acostumbrados a trabajar en colegios y jardines y ahí sí, todo es muy participativo. Pero acá debe haber sólo tres participaciones grandes, el resto es meterlos en la historia con la música, la coreografía, tanto espacial como corporalmente, y con muchos gags de comedia física. Porque a ellos también les gusta que les cuenten una historia, e imaginar por su cuenta, más allá de lo que se les propone. «


como una sola cabeza
La única pregunta en la que se pisan al responder y contestan al unísono, es la de si piensan en un futuro teatral como grupo infantil. "Es la idea", casi exclaman. "Le metimos todas las fichas porque todo el proyecto es gestionado por nosotros. Pero apostamos a que nos vaya bien, si no no te arriesgás en nada", dice ella y confiesa: "es que además somos pareja, vivimos juntos. Y todo esto nos retroalimenta muchísimo".
"Ayuda un montón para trabajar juntos, despertarnos y seguir pensando; es como una sola cabeza –se atreve Fernández–. Ella habla sola de la obra a la noche", la flirtea. "No, no digas eso –lo censura sonriendo– que los padres no van a traer a los chicos ja ja."

Fuente: Tiempo Argentino

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