domingo, 12 de mayo de 2013

Carlos Peláez, Alfredo Martín y Carlos Rapolla: Reliquia, Todo disfraz repugna a quien lo lleva y Dirán que fue la noche



Ocampo, ese material de dramaturgia

Con diferentes enfoques, historias y personajes, Reliquia, Todo disfraz repugna a quien lo lleva y Dirán que fue la noche abordan la figura de la escritora, poeta y música. Sus directores –todos ellos psicólogos– buscan las razones del fenómeno.

Tres obras en cartel y una por estrenarse evidencian que algo pasa, en el teatro actual, con la obra de Silvina Ocampo. Si bien sus enfoques son distintos –dos de ellas retoman sus cuentos para construir nuevas historias, otra se vale de sus poemas para recrear un espectáculo musical y la última hace foco en el personaje detrás de la escritora–, todas ellas rescatan la figura de esta mujer que fue cumbre en la literatura argentina del siglo XX. “Silvina es un ícono de nuestra cultura. Que en la actualidad haya en cartelera una ‘movida Ocampo’ habla de su vigencia y de su poder de seducción, que actúa como un imán para cualquier director de teatro o cine”, explica Carlos Rapolla, uno de los directores, a Página/12.

Casualidad o no, los directores de las cuatro obras relacionadas con el universo de Silvina Ocampo son psicólogos y su profesión, de alguna u otra forma, se nota en los trabajos. Para Carlos Peláez, que dirige Reliquia, “en la obra de Ocampo pueden convivir opuestos contradictorios, que es como de alguna manera funciona lo inconsciente”. Así, en su obra aparecen niños que pueden matar accidentalmente pero que no pierden su condición de tales, y hay una mirada de cierto humor que les devuelve la protección que les da la infancia. La pieza narra la historia de una institutriz marcada por la costura y la religión, que cuenta la historia de algunos niños a los que cuidó. Se trata de un espectáculo de objetos para adultos en el que actúan Julia Nardozza y Valeria Pierabella, coautoras de la obra juntos con Peláez y egresadas de la Escuela de Títeres Ariel Bufano del Teatro San Martín.

Alfredo Martín tiene en cartel dos espectáculos que abordan a la mujer de Adolfo Bioy Casares. También psiquiatra, cita un texto de Sigmund Freud de 1919, Lo ominoso, que plantea lo siniestro como derivado de lo familiar. “Esto es justamente lo que toma Silvina Ocampo en su obra cuando lo insólito empieza a desbordar graciosamente la realidad más objetiva pero sin excluirla. Algo que debería permanecer oculto súbitamente se revela a través de la palabra o el suceso. Eso otro se manifiesta pero al mismo tiempo sostiene un grado de misterio y de convivencia que nos inquieta.” Algo de todo eso tiñe las escenas de su obra Todo disfraz repugna a quien lo lleva, que lleva su nombre en honor al cuento homónimo de la autora y se desarrolla en un sótano en penumbras donde distintas voces femeninas (son siete actrices) cuentan sus secretos. El autor la define como “una especie de intriga de los fantasmas femeninos”.

También dirige Martín Dirán que fue la noche, un espectáculo de teatro musical basado en poesías de diferentes autoras rioplatenses entre las que se incluye a Ocampo con “Qué ángel te librará de la tristeza”, un soneto que corresponde a su etapa más clásica, y “El amor perseguido”, que fue escrito casi veinte años después del primero. En la obra participan la actriz y cantante Malala González y el pianista Gustavo Twardy. Además de Ocampo, hay poemas de Alejandra Pizarnik, Susana Thénon, Alfonsina Storni, Ivonne Bordelois, Marosa Di Giorgio y Juana de Ibarbourou. “Se seleccionaron los poemas en relación con el mundo nocturno y con lo onírico, con el amor y lo femenino, pero siempre con la idea de que posibilitaran un amplio espectro de estilos y lenguajes musicales, desde el romanticismo hasta nuestros días”, cuenta el director.

Por su parte, Rapolla ensaya y planea estrenar en septiembre la obra El pecado mortal, del dramaturgo César Melis. En este caso la propuesta no está basada en textos de Ocampo, sino que la toma a ella como personaje. Está conformada por nueve cuadros en donde se espía a la Silvina que imaginó el argumento de sus cuentos y la música de sus poemas. “Creo que nunca nadie terminó de conocer a fondo a Silvina, ni siquiera ella misma. Lo que hoy sabemos de ella está basado en impresiones y versiones”, opina el director. Para él, eso tiene que ver con el perfil psicológico de la escritora, “que pareciera fluctuar entre su timidez y su falta de prejuicio casi infantil”. Por eso, a partir de ese desconocimiento que plantea el realizador, la intención de la obra es ahondar en las anécdotas “cotidianas, mínimas y entrañables que consolidaron su magnífica obra”.

Además de trazar un paralelismo entre sus dos pasiones, la psicología y el teatro, Martín, Peláez y Rapolla conversaron con este diario sobre las razones por las cuales la escritora de perfil bajo que vivió opacada por su hermana Victoria, su marido, y su amigo Jorge Luis Borges, vive hoy su momento de fama en el teatro.

–¿Qué es lo que más les interesó de la obra de Silvina Ocampo?

Carlos Peláez: –Por lo general me atrae el humor que se desprende de lo patético, y Silvina tiene mucho de esto en su obra. Hay una ironía sutil que late todo el tiempo en los personajes, en los diálogos. Es una mezcla interesante, una alquimia entre lo tierno, lo ingenuo y un filoso patetismo. Además, como su escritura es sumamente metafórica y les da múltiples sentidos a lo que dicen sus personajes, esto facilita y está en concordancia con la poética de objetos, que es la que usamos en la obra.

Alfredo Martín: –Siempre me pareció interesante la literatura de Ocampo por la particularidad de su mundo, la libertad de un estilo íntimo y provocador. Y creo que su figura es también un reservorio de supuestos y misterios donde conviven elementos disímiles en un delicado equilibrio. En sus cuentos lo insólito forma parte de la realidad más cotidiana y la belleza juega con el horror.

Carlos Rapolla: –Si hay algo que admiro como director es a aquellas figuras que no tienen una dicotomía entre su pensar y su hacer, entre su sentir y su vivir. Silvina Ocampo generó un cosmos muy argentino, muy nuestro, muy de perfil bajo a imagen y semejanza de su persona. Puso la autenticidad ante todo y eso la hace una de las figuras más destacadas de nuestra historia.

–Más allá de sus intereses personales, ¿por qué creen que hoy se la está tomando en cuenta en el teatro?

C. P.: –Creo que es porque su obra se refiere a ciertos temas universales con una agudeza y una frescura únicas. Su mirada sobre el amor, la muerte, la infancia, la mujer, los recuerdos infantiles, los hijos y los niños, entre otros temas, están tratados con mucho humor aunque a veces cuente situaciones siniestras. Creo que esto permite que su obra sea atemporal, pero le da un sello único y particular que atrapa al espectador.

A. M.: –Creo que el teatro, y en mayor medida el del circuito independiente actual, busca permanentemente elementos, discursos y universos que puedan nutrirlo y a la vez cuestionar sus estructuras. Por eso, por ejemplo, se generan novedosas trasposiciones en el ámbito escénico a partir de lo literario o del cine, que permiten investigar otros tipos de planteos estéticos y dramáticos. En este sentido, los textos de Silvina Ocampo son muy reveladores y fecundos porque su literatura está cargada de imágenes paradojales que posibilitan numerosas asociaciones.

* Reliquia, domingos a las 19 en Pan y Arte Teatro, Boedo 876.

* Todo disfraz repugna a quien lo lleva, domingos a las 20, en Teatro del Borde, Chile 630.

* Dirán que fue la noche, domingos a las 18, en La Scala de San Telmo, Pasaje Giuffra 371.

Fuente: Página/12

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