sábado, 4 de mayo de 2013

Betty Gambartes, Jorge Suárez y Julia Calvo: Manzi, la vida en orsai



Homero Manzi en clave de teatro musical

La poesía y la vida del autor de “Malena” y “Sur” son abordadas como ficción en la obra que se estrenará hoy en el Teatro La Comedia. “En su preocupación de la búsqueda de lo argentino, configuró una idiosincrasia, una forma de pensar y de sentir”, afirma la directora.

Cuando se enteró de que el actor Jorge Suárez cantaba, Betty Gambartes decidió embarcarse en un nuevo proyecto. La música y directora de larga trayectoria en el teatro musical convocó al mismo equipo autoral de Discepolín y yo –Diego Vila y Bernardo Carey– y comenzaron a escribir juntos una obra sobre el mundo poético y la vida de otro gran referente de la cultura argentina, el letrista de tango Homero Manzi (1907-1951), considerado uno de los mayores poetas de la canción ciudadana. Sumaron a los actores Julia Calvo y Néstor Caniglia, un trío de músicos en escena (piano, violín y bandoneón) dirigido por el mismo Vila, a Gonzalo Córdova en la escenografía y el diseño de luces, y a Mini Zuccheri en el vestuario. Después de meses de trabajo abocados a articular actuación, texto y música en un relato que no pretende ser una radiografía del autor de “Sur”, “Malena” y “Fuimos”, sino más bien una recreación personal del personaje y su entorno, el equipo conducido por Gambartes está listo para dar a conocer Manzi, la vida en orsai, desde hoy, los sábados a las 20 y a las 22.30 en el Teatro La Comedia (Rodríguez Peña 1062). La obra podrá verse también los jueves y viernes, a las 21, y los domingos a las 20.

“Manzi nos regaló una identidad. En su preocupación de la búsqueda de lo argentino, configuró una idiosincrasia, una forma de pensar y de sentir. Manzi vive en una búsqueda del pasado, en rememorar lo perdido, y nos regala un espacio donde cada uno puede encontrar su propio arrabal, su propia luna, su propio patio. Es uno de los poetas más grandes de la canción ciudadana, que logra evocar en cada uno de nosotros un espacio propio. En sus letras nos pinta ese lugar en el que nos reconocemos y del que podemos apropiarnos para evocar nuestros propios sueños”, reflexiona la directora en diálogo con Página/12.

–¿Qué aspectos de Manzi ilumina la obra?

Jorge Suárez: –Por un lado, el romance oculto con Nelly Omar, un romance prohibido, tortuoso, porque estaban los dos casados cuando se conocieron. Ella se separó y él no. El no pudo dejar a su mujer: ése es uno de los grandes nudos de la obra. Mantuvo con Nelly una relación de siete años hasta que él se enfermó de cáncer y ella lo visitaba por las noches en el hospital. Manzi amaba a Nelly, no a su mujer, y toda la biografía indica que le escribió varios tangos: “Malena”, “Ninguna”, “Solamente ella”, “Fuimos”. Por otro lado, su vida política: Homero estuvo muy inserto en la raíz del radicalismo. En un momento de la obra él dice: “Estuve luchando veinte años para que el radicalismo haga lo que ahora está haciendo Perón”. Y finalmente lo expulsaron del radicalismo. El ansiaba una cultura popular, para todos, una cultura con identidad propia, con los ojos hacia adentro y no mirando siempre para afuera. Y lo que sobrevuela en el espectáculo es su mundo poético.

–¿Qué tratamiento le dan a lo musical?

Betty Gambartes: –El teatro musical, tal como lo entendemos, da muchísimo trabajo porque cada situación tiene un episodio musical. Los tangos no están tratados como canciones, sino como parte del relato. Esto requiere de parte de los actores una forma de cantar muy particular al interpretar desde el personaje y desde la situación. Es lo que le pasa a Julia: muchos de los tangos los ha cantado siempre, pero acá lo hace desde otro lugar, desde su composición de Nelly Omar. Y además, cuando los personajes no cantan, también hay música en escena con el trío. Es un entramado de música que sostiene siempre la acción y que es como un pulso que cae milimétricamente.

Julia Calvo: –Para este espectáculo tuve que salirme del eje que conocía. “Milonga del 900”, “Gota de lluvia”, “Fuimos”, “Parece mentira” o “Tal vez será su voz” son tangos que conozco muchísimo, pero aquí empezamos a encararlos desde las escenas, desde lo dramático, desde lo que estamos contando. Y apareció otra forma: soy yo componiendo un personaje que canta en ciertos momentos. Siento que estoy haciendo algo totalmente nuevo con los mismos tangos que canté siempre.

–¿Cómo describen la estructura del espectáculo?

B. G.: –Manzi aseguraba que no podía contar ni escribir nada que no hubiera vivido. Por eso en su obra hay tanto de evocación, de fantasmas del pasado. Sobre eso armamos la obra: la evocación de las presencias y las situaciones que lo marcaron. Sus comienzos con Cátulo Castillo, su profunda amistad con Troilo, su compromiso político. Hasta la evocación de la propia Nelly, porque con ella siempre siente que el hoy ya es pasado, que el instante que está viviendo ya fue. El actor Néstor Caniglia encarna algunos de esos fantasmas como Troilo y Cátulo. Es lo que Homero trae de su memoria, recuerdos siempre fraccionados y parciales. Creo que alcanzamos una puesta muy abstracta en las luces y en la escenografía, muy distinta a la de los espectáculos de tango.

–¿Cómo encararon la composición de los personajes centrales, Homero y Nelly, teniendo en cuenta el peso de estas dos figuras en la cultura popular argentina?

B. G.: –Es una obra de ficción, tanto Nelly como Homero son hechos creativos, una recreación. El arte es siempre una relectura.

J. C.: –Tuve el permiso de generar mi propia Nelly porque desde el origen no nos propusimos caracterizar a los personajes ni hacer un trabajo de composición biográfica. Más allá de escucharla mucho, me acerqué a Nelly desde las impresiones que me provoca, como su carácter fuerte y su independencia. Creo que ella lloró tanto a Manzi que su lagrimal se secó a tal punto que años después fue capaz de decir: “El me quería más a mí, yo no tanto a él...”.

B. G.: –Cuando empecé a investigar sobre Manzi me di cuenta de que era muy difícil de asir. Todos conocemos sus tangos pero no tanto a la persona, a su lucha, a la cantidad de cosas que hizo en sus cuarenta y cuatro años de vida. Fue un muy prolífico guionista de cine; creador de Artistas Argentinos Asociados, una asociación para la defensa del cine nacional; presidente dos veces de Sadaic, entre muchas otras cosas. La obra intenta rescatar su figura y emocionar, llegar profundamente al público. Nos interesa que los tangos suenen como nuevos porque la canción popular tiene algo de narcótico. Como que de tanto escuchar, ya no prestás atención.

J. C.: –Y es lo que le pasó a nuestro sonidista en los primeros ensayos, alguien muy acostumbrado a trabajar en espectáculos de tango. Sin embargo, se sorprendió y dijo que descubría las letras como por primera vez.

J. S.: –Creo que es un espectáculo para sentarse a disfrutarlo y dejar que venga despacito. Es la primera vez que canto en escena y al comienzo estaba muerto de miedo. Pero me siento muy acompañado por el equipo, volví a tomar clases de canto y me juego a cantar desde el corazón. De hecho, que Manzi cante es obviamente una licencia que nos tomamos porque él no cantaba. El logra evocar en nosotros nuestras propias experiencias, nuestros propios recuerdos. Es un autor sutil que no pinta el Buenos Aires de la queja, sino en todo caso el dolor de vivir.

Fuente: Página/12

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