miércoles, 17 de abril de 2013

Villanueva Cosse: Morir en familia



Villanueva Cosse se reencuentra con "Morir en familia"

El actor y director teatral Villanueva Cosse retoma los sábados y domingos a las 20 en el Teatro del Pueblo (Roque Sáenz Peña 943, Capital), la pieza "Morir en familia", de Jorge García Alonso, que ya había dirigido en 1972 en Montevideo y sobre la que apuntó que “no sólo no está vieja sino que promete cosas”.

Estrenada en 1971 por el recordado grupo Gente de Teatro, a cargo de David Stivel, la obra cuenta -a la manera de "Teorema", de Pier Paolo Pasolini- la irrupción de un marginal y su adaptación dentro de una familia cuando las familias "disfuncionales" aún no eran tan comunes en la escena local.
 
"La historia de `Morir en familia` surgió cuando en el Teatro Nacional Cervantes me pidió que propusiera una obra de autor argentino y me surgió la idea de esta pieza, que yo dirigí en el Teatro Circular de Montevideo en 1972, mi último trabajo en el Uruguay", recordó el director en diálogo con Télam.
 
El plan del coliseo oficial era enviar a Cosse a la provincia de San Juan para que ensayara y estrenara "Morir..." con actores locales, dentro del Plan Federal de Teatro.
 
"Cuando la releí me di cuenta de que la obra no sólo no está vieja sino que promete cosas, ya que creo que la dirección, a menos que uno se tope con un autor inflexible, inabordable, es también una forma de reescritura", opinó.

Frente a la frondosidad característica del autor, dijo notar que los tiempos "han cambiado, la gente se sienta y los glúteos comienzan a quejarse casi enseguida, antes nos bancábamos obras de dos horas y media o tres; ahora a la hora ya empiezan a pensar si dejaron la leche en el fuego".
 
"Entonces empecé a evaluar qué pasaría con ciertas podas, ciertos alivios -agregó-, y pensando en eso fui encontrando que lo que era una obra con buenos diálogos, con eficacia humorística, aunque aparecía algo que me interesaba más."

Cosse calificó al elenco sanjuanino como "gente exquisita" y también usó el término "exquisitos" para juzgar a sus colaboradores actuales y porteños, Lionel Arostegui, Verónica Cosse, Estela Garelli, Anita Gutiérrez y Alfredo Zenobi.

Los dos meses de trabajo en San Juan, cinco o seis horas durante seis días a la semana para un estreno limitado en el tiempo, le hicieron pensar que quería traer la obra a Buenos Aires y notó una experiencia singular: "Ver cómo avanzo sobre lo que ya hice, es decir cómo utilizo lo que hice con los compañeros sanjuaninos; como un estribo, no como una meta".

"A medida que uno va viviendo más, que las expectativas cambian y en cuanto a que la autocrítica se afianza en mí, siento que salí bien del autodesafío que me había propuesto, porque también descubrí que la obra es desafiante", apuntó.

Señaló también que si el director la toma "como una obra del naturalismo, del realismo, lo más que se puede decir es que está bien hecha, pero cuando se le abre la puerta al tipo de delirio que proponía García Alonso, uno sabe que el tipo estaba pensando en cómo iba a ser representada; no en cómo le iba saliendo la escritura".
 
"Siento que Jorge estaba mojándole la oreja a un director -supuso-; cómo podés convencer a la gente de que lo que está pasando ahora no es un capricho del autor sino la necesidad de lo que pasó antes porque acá las cosas ocurren de una forma en que no ocurren en el realismo."
 
Hay un desconocido que llega a una casa, nadie sabe de dónde viene y adónde va, se introduce en aprovechando un momento de distracción de la familia y luego cuesta mucho sacarlo, porque su pedido es "déjenme comer con ustedes", comer en familia.

"Eso genera en la familia una crisis que va en aumento pero que parte de cosas nimias, como cuando el dueño de casa amenaza con llamar a la policía y se instala una pelea en la cual el teléfono se rompe, y ante la rotura de ese teléfono la familia responde como si le hubieran matado a un familiar", expresó Cosse.

Según él, allí entra "como de rondón la idea de la cosificación, lo importante -puntualizó- que son los objetos: mi casa, mi mujer (tratada como un objeto), mi mesa, mi alfombra, mis platos; cuando uno ve que el tipo se retuerce de angustia al ver que le rompen el teléfono, se instala la naturalización del absurdo, si por absurdo entendemos que hay una alteración entre la causa y el efecto".

"Sucede que las armas estilísticas del actor tienen que ir cambiando; entonces asistimos a una escena que es tragedia grotesca, en otro momento es casi un sainete, en otro es teatro del absurdo, en otro comedia negra", describió.

Por eso debió combatir la tendencia natural de los actores, "que es respetar el perfil del personaje; lo que yo les decía es que no hay perfil, hay circunstancias porque el hombre es su circunstancia, así que también es realista porque en la naturaleza humana está que yo soy un pacifista declarado pero de repente mato a alguien", redondeó.

Fuente: Télam

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