martes, 23 de abril de 2013

Samuel Beckett y Final de partida



Beckett vive en la Argentina

La pasión de la escena local por el autor irlandés se inició en la década del 50 y se renueva hasta hoy en el Teatro San Martín con la puesta de la legendaria “Final de partida”, protagonizada por Alfredo Alcón, quien también la dirige.

La puesta en escena de Final de partida –actualmente en cartel, imperdible, en el Teatro San Martín–, que tiene como inolvidable protagonista y director a Alfredo Alcón, es renovada expresión de la pasión argentina por Samuel Beckett (Dublín, 13 de abril de 1906-París, 22 de diciembre de 1989) iniciada en la década del cincuenta, constante y creciente a través de los años.    

Beckett estrenó Esperando a Godot en París en 1953. Muy tempranamente, la puesta porteña de Esperando a Godot se concretó en 1956, por el Teatro Universitario de Arquitectura, con dirección de Jorge Petraglia, en el local de la Casa de Mendoza (Florida 713). Según parece, se trató de la primera puesta en el mundo hispánico. Petraglia repuso el espectáculo en varias oportunidades (en 1958, 1960, 1963, 1971, 1972 y 1975), y siempre con relevante convocatoria y recepción cambiante. Incluso un crítico de los años setenta escribió que Esperando a Godot era, en realidad, “Esperando a Perón” de su regreso del exilio. En Buenos Aires ya circulaba desde 1954 una traducción argentina de Esperando a Godot, realizada por Pablo Palant –y revisada por Beckett, como se aclara en la portada–, de un activo sello de la época: Poseidón.

En una entrevista que incluimos en el volumen Beckett en la Argentina (Libros del Rojas/Eudeba, 1998), Jorge Petraglia nos contó que compró los derechos de puesta en escena de Esperando a Godot por trescientos dólares... Los actores del estreno de 1956 fueron Leal Rey (Vladimir), Roberto Villanuea (Estragón), el mismo Petraglia (Pozzo), Lucio Nodier (Lucky) y Ricardo Petraglia (Mensajero).

Aquella puesta memorable intentó respetar fielmente las indicaciones del texto de Beckett, tal como las comprendía Petraglia: los actores ponían el acento en que la acción no ocurría en un cruce de caminos sino “en un escenario” y se recurría a la estética del cine cómico mudo, con sus payasos que parecen vagabundos, a la manera de Chaplin y Buster Keaton. La puesta de Petraglia marcó a toda una generación de renovadores teatrales de la Argentina, entre ellos a Eduardo Pavlovsky, quien recuerda en La ética del cuerpo: “Cuando vi por primera vez Esperando a Godot en 1956 descubrí un teatro diferente, que me hacía salir del género de la comedia, que me tocaba corporalmente, que me expresaba en mi vida, que me explicaba la vida de otra manera...”.

Desde entonces, el vínculo argentino con Beckett se ha multiplicado cada vez más, en Buenos Aires y en las provincias. Si algunos clásicos contemporáneos, ineludibles en determinada época, hoy se han eclipsado, Beckett brilla cada día más. Imposible mencionar aquí todas las puestas, numerosísimas. En 1960 Petraglia presenta una versión de Krapp o la última cinta magnética y ese mismo año Julio Castronuovo dirige Acto sin palabras I y en 1961 Final de partida. En adelante siguen las puestas de Oscar Barney Finn, José María Paolantonio, Jorge Pachano, Luis Cerminara y Aldo Lombardero, María Rivera, Hugo Urquijo, Juan Cosín, Raúl Bernal Meza, entre otros. A partir de la pos dictadura, Beckett gana mayor presencia y comienzan a ponerse en escena sus obras cortas, así como adaptaciones de sus textos no teatrales.

Recordemos, entre muchos, los espectáculos de Ricardo Holcer y Máximo Salas (Movitud Beckett, 1984-1985), el Periférico de Objetos (Variaciones sobre B..., 1991), Luis González Bruno (Impromptu de Ohio y Aliento, 1986; Qué dónde, Vaivén, 1990; Beckett oral y público, 1991; Play, 1996), Ricardo Miguélez (Bequereque qué?, 1986, a partir de Acto sin palabras; Final de partida, 1992), Daniel Ruiz (Solo, 1992), Leonor Manso (Esperando a Godot, 1996), Ricardo Bartís (La última cinta magnética, 2000), Berta Goldenberg (Final de partida, 2001; Esperando a Godot, 2008), Guillermo Ghio (Beckett Argentinien, 2003), Omar Aíta (Esperando a Godot, 2006), Lorenzo Quinteros y Pompeyo Audivert (Final de partida, 2008), Jorge Eines (Tejido abierto, tejido Beckett, 2011). Alfredo Alcón dirigió/protagonizó Final de partida por primera vez en 1991, y puso en escena Los días felices con Juana Hidalgo en 1994.

Párrafo especial merece Miguel Guerberof (1940-2007), el director argentino que más trabajó sobre la textualidad beckettiana: puso en escena desde 1984 versiones de Acto sin palabras I y II, Los días felices, adaptaciones de Company y Mercier y Camier, entre otras, así como puestas beckettianas de El castillo, de Franz Kafka, Alceste, de Eurípides, Cuento de invierno de Shakespeare, es decir que transformó el lenguaje de Beckett en una poética de puesta en escena aplicable a textos de otros creadores.

No deben olvidarse las puestas argentinas en idioma original de Esperando a Godot (grupo Les Interdits, dirección de Alicia Di Stasio, 1989 y 1991) o Los días felices (dirección de Sergio Amigo, 1997), así como la versión visitante de Los días felices del director Arthur Nauzyciel (en el ciclo Tintas Frescas 2004), con magistral interpretación de Marilú Marini.

Y también un festival...

Buenos Aires tiene su propio Festival Beckett, creado en 2006, a 100 años del nacimiento del escritor, y renovado cada año. Patricio Orozco, su director –y autor de la única biografía sobre el dramaturgo publicada hasta hoy en castellano–, ha señalado que “viendo que en las principales ciudades del mundo se estaban organizando conferencias y homenajes y nada estaba sucediendo en Buenos Aires, junto a Miguel Guerberof organizamos el primer festival. Beckett no tenía la mejor prensa entre los jóvenes, en el sentido de que era tomado como un autor cerrado, críptico, aburrido y pesimista, consumido en su mayoría por gente ‘mayor’. Sólo se conocían sus ‘grandes éxitos’ estrenados en salas oficiales y off. Junto a Miguel apuntamos a la creación de un festival con puestas en escena que acercaran la obra de Beckett a los fanáticos y a las nuevas generaciones de actores y directores, y también quisimos producir un efecto mediático que colabore con la difusión de la obra de Beckett en general, no sólo sus obras teatrales. De esta manera podríamos seducir a las jóvenes generaciones a que se interesen en la obra de Beckett. Como invitado especial, contamos con la presencia de Stanley Gontarski a quien Beckett le escribió por encargo la obra Ohio Impromptu”.

En el marco de dicho Festival se entregan cada año los Premios Godot a la actividad teatral nacional y se concretó un estreno mundial: en 2011 Orozco dirigió la puesta en escena de F-, texto desconocido de Beckett, una suerte de relato o poema en prosa antecedente de Esperando a Godot, que fue interpretado por Salo Pasik en la sala El Extranjero.

Una de las conquistas de los últimos años es, justamente, la presencia de Beckett en los circuitos menos esperados. Por ejemplo, en el teatro para niños. El espectáculo infantil Bom, Bim, Bam de Martín Palladino (en cartel en el Centro Cultural de la Cooperación) está “inspirado en el universo beckettiano” (Esperando a Godot, Los días felices) y según su directora Cecilia Miserere “funciona muy bien con los niños, porque los chicos son muy beckettianos”. Beckett también está presente en el teatro infantil con Un mar de dudas, de Silvina Patrignoni (Cía. Chocolate con Churros, Córdoba).  

Beckett no sólo cuenta en la Argentina con escenificaciones. Se lo estudia en las escuelas de teatro, en los programas oficiales de enseñanza literaria, en los talleres literarios. Hay salas y revistas que llevan su nombre o el de sus obras. Huellas de sus textos se observan en la dramaturgia de Griselda Gambaro, Roberto Cossa, Daniel Guebel y Sergio Bizzio, así como en la literatura de César Aira y Ricardo Piglia.

También se lo edita y se escriben ensayos sobre su producción. La Universidad de Buenos Aires tiene una revista especializada dedicada al autor: Beckettiana, así como una tradición de estudiosos entre los que sobresalen los profesores Laura Cerrato, Lucas Margarit y Elina Montes. Cerrato es autora de varios tomos sobre el creador de Vaivén, considerados entre lo mejor de la bibliografía internacional: Génesis de la poética de Samuel Beckett y Beckett: el primer siglo, a los que ha sumado un excelente Beckett para principiantes con el típico formato cruzado de ensayo-cómic, ideal para iniciar a los más jóvenes en el fascinante mundo del autor irlandés.

Fuente: Revista Ñ

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