martes, 9 de abril de 2013

Rodrigo de la Serna y Oscar Martínez: Amadeus



Mozart & Salieri

Rodrigo de la Serna y Oscar Martínez se meten en la piel de Wolfgang Amadeus Mozart y su rival, Antonio Salieri, en una imponente versión de Amadeus

Fue una de las producciones teatrales más destacadas de la temporada de 1983. Amadeus, de Peter Shaffer, con dirección de Cecilio Madanes e interpretación de Carlos Muñoz y Oscar Martínez, a poco de su estreno se transformó en un rotundo éxito de crítica y público. Sin dudas ese año fue emblemático. Regresó la democracia al país y el presidente Raúl Alfonsín hablaba al recuperado parlamento argentino mientras los actores se dirigían a hacer una función que pensaban no iba a poder concretarse. La algarabía era mucha en la calle, ¿por qué meterse en un teatro? Sin embargo, sucedió todo lo contrario. La sala estaba colmada hasta en sus galerías más altas.

Quien recuerda esta anécdota es Oscar Martínez. En aquella puesta recreaba a Wolfgang Amadeus Mozart, en tanto que Muñoz se ponía en la piel de Antonio Salieri. Ahora, Martínez se convierte en Salieri y es Rodrigo de la Serna quien adopta la conducta del destacado creador de Las bodas de Fígaro . La dirección es responsabilidad de Javier Daulte y el estreno está previsto para el próximo miércoles, reinaugurando el recuperado Metropolitan Citi, adquirido por Carlos Rottemberg y Pablo Kompel.

"Es la primera vez que vuelvo a hacer una pieza que ya hice -cuenta Martínez-. Muchas veces me pidieron reponer algunas cosas, pero siempre me negué. Me parece que es como salir con una novia con la que ya saliste. Pero en este caso me sorprendió la propuesta. Pasaron tantos años... el personaje es otro. No me acuerdo mucho de los detalles de aquel trabajo, tengo imágenes borrosas. El personaje es atractivo, al igual que la puesta de Daulte, con quien estoy fascinado."

Algo parecido le sucede a De la Serna. Viene de protagonizar junto con Joaquín Furriel Lluvia constante, de Keith Huff, también con dirección de Daulte y este nuevo contacto con el director lo moviliza mucho. "En verdad, es un gran contraste -explica-. Lluvia constante es un texto muy contemporáneo y ahora me estoy metiendo en el siglo XVIII y con un personaje como Mozart, un ser irreverente para su época. Sin dudas es un desafío muy interesante. Y, además, trabajar con Oscar por quien siento un respeto y una admiración enorme. Sé lo que significó aquella puesta de los años 80, que aún está en la memoria de mucha gente, sobre todo por el gran trabajo de Oscar. Él ha tenido la delicadeza y la amabilidad de abrirse completamente. Ha sido muy generoso conmigo."

Peter Shaffer construye este texto a partir de un dato que no ha podido corroborarse nunca, pero con el que a muchos les ha gustado especular. Salieri mata a Mozart porque no tolera la capacidad creativa de ese hombre joven y con un talento descomunal. El punto de partida es interesante, le posibilita al dramaturgo presentar a los dos personajes en una dimensión bien compleja en cuanto a sus conductas, a la vez que va pintando una época social y política.

Martínez cuenta que esta versión (producida por Pablo Kompel, Eloísa Cantón y Bruno Pedemonti) "muestra muy bien la compleja relación de Mozart y Salieri. Entre ellos, hay amor y odio, pero también admiración, envidia. Salieri era un hombre muy virtuoso, incluso en el sentido religioso de la palabra. Era un hombre de valores morales muy altos. Conoce a Mozart y descubre que es un ser procaz, pero cuando escucha su música, reconoce que roza lo sagrado. «Yo que fui un hombre virtuoso y altamente moral, y esta criatura obscena, este engendro, es capaz de escribir esta música», dice en un momento. Salieri es el único que se da cuenta de que Mozart es un genio. Desafía a Dios, usa como chivo expiatorio a Mozart porque siente que Mozart es la criatura favorita de Dios y que a través de él afirma su presencia en la Tierra. Y entonces ahí aparecerá una lucha a muerte".

Refiriéndose a su personaje, Rodrigo de la Serna explica que Mozart en sí mismo es un abismo. "Es una personalidad muy mundana, con muchísimos matices. Una personalidad increíble, de una hondura y un respeto profundísimo por su padre, por la autoridad y también de una rebeldía y un desparpajo inusitado. Una libertad poco común, en aquella época y no sólo a nivel social, sino además creativo. La obra muestra la faceta más mundana de este personaje, pero con sus raptos de inspiración impresionantes que tanto inquietan a Salieri y a la corte de su tiempo, que no está preparada para una sinceridad tan absoluta."

"Mozart hizo mucho por su destrucción -explica Oscar Martínez, quien construyó su conducta en escena hace 30 años-. Era como un rockero autodestructivo. A Salieri no deja de trastornarlo. Cuando escucha su música, se da cuenta de que es lo que él llama la música de Dios. Salieri tiene lo que hoy son los valores más codiciados: fama, mucho dinero y poder. Sin embargo, envidia el genio. Hoy es todo lo contrario, se envidia la fama, el dinero y el poder." El elenco se completa con Verónica Pelaccini (como Constance Mozart), Paula Trucchi, Ana Fontán, Diego Jaraz, Juan Carrasco, León Bara, Jorge Priano, Gerardo Chendo, Guido Botto Fiora y León Bara.

DOS GENERACIONES DE ARTISTAS

Dos puestas, un mismo texto
Consultado acerca de las características de las puestas de Amadeus en 1983 y 2013, Oscar Martínez reconoce: "La visión de Cecilio Madanes era más tradicional, grandilocuente, muy operística. La escenografía era imponente, en cada situación bajaban unos decorados que mostraban el ambiente en el que se desarrollaba la acción. Duraba cerca de tres horas. La actual es una versión reducida. El lenguaje escénico es otro, es muy moderno. Es muy interesante ver cómo un espacio abstracto se va convirtiendo en diferentes ámbitos de un modo muy minimalista, económico en términos expresivos. Esta puesta de Javier Daulte tiene un ritmo más veloz y hasta aparece una música contemporánea. La relación entre Mozart y Salieri presenta mayores complejidades".

Afirmarse sobre el escenario
Si bien Rodrigo de la Serna tiene una prolífica carrera actoral, su labor se ha destacado mayormente en cine y televisión. Ésta es la segunda producción que realiza en teatro comercial y eso lo moviliza sobremanera. "En realidad -dice-, hice teatro entre los 12 y los 20 años de una manera vocacional, underground. Mi vida me fue llevando por el cine y la televisión, y recién volví a hacer teatro con Lluvia constante. Descubrí la actuación a través del teatro. Estar sobre las tablas es un placer que no quiero dejar de tener. Siento que puedo crecer mucho como actor. El verdadero aprendizaje y la verdadera batalla del actor están ahí, en el escenario. En este momento de mi vida, me atrae mucho más hacer teatro que cine."

El deterioro de una sociedad
Oscar Martínez señalaba que hoy se envidia la fama, el dinero y el poder antes que el genio. ¿Por qué sostiene esto? "Creo que estamos viviendo la crisis de una civilización entera, que se derrumba. El pragmatismo económico, el haber convertido el dinero en Dios, es nuestro mayor pecado. Me impresiona ver cómo en los últimos cincuenta años cambió el mundo, cambiaron los valores. Fuimos educados en la cultura del trabajo, la honestidad. El deterioro de la Argentina es trágico, es de una gran tristeza. La educación pública, la salud pública, cuestiones importantísimas en este país hoy son terribles. Sólo se podrá recuperar dentro de cincuenta años y con una clase dirigente intelectualmente muy preparada y honesta."

Fuente: La Nación

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