domingo, 14 de abril de 2013

Amadeus


La genialidad y la envidia

Escrita en los años 70 Amadeus es una pieza emblemática dentro de la producción del inglés Peter Shaffer. Concebida para ser representada en el teatro comercial y utilizando toda la parafernalia efectista que en él puede mostrarse, la pieza propone un imponente despliegue visual de época y hace foco en la relación entre Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri.

Shaffer parte de una anécdota apócrifa que sostiene que Salieri mató a Mozart. El maestro no soportaba la genialidad del artista y repudiaba profundamente su estilo de vida. Desde que lo conoció sintió un enorme desprecio por su figura y más aún por su arte. Y no escatimó esfuerzos en ponerle trabas a su desarrollo como creador, como docente, hasta llevarlo a un declive personal intenso.

El texto tiene una estructura a la que se le nota hoy el paso del tiempo, aunque la versión que se presenta ahora le aporta mayor agilidad. Salieri y dos asistentes son los encargados de ir narrando buena parte de la trama. En tanto, en sucesivas escenas, los protagonistas van mostrando aspectos de esa relación compleja que mantenían y que resulta atractiva dramáticamente por la variedad de matices que presenta. A un Mozart activo, vibrante, decidido, emprendedor y libertino se opone un oscuro Salieri que muestra, por un lado, su rostro cordial, atento y dispuesto a ayudar, a la vez que lo va ganando la ira y el desprecio, hasta exponerlo con sus armas muy bien dispuestas para destruir al otro.

El director Javier Daulte le impone buen ritmo al espectáculo y resulta atractiva su mirada sobre ambos protagonistas: el juego y la libertad con que se expresa Mozart van hundiéndose continuamente bajo el mundo de un Salieri que, con profunda maldad, sabe administrar los condimentos al trabajo general. Es él quien agudiza la intriga, extrema el dramatismo de un sinnúmero de situaciones y torna muy patético ese mundo cortesano donde la simulación es moneda corriente.

Oscar Martínez, quien en la versión estrenada en 1983, dirigida por Cecilio Madanes en el teatro Liceo, componía a un magnífico Mozart, ahora recupera a Salieri con igual intensidad. Es el suyo sin duda un trabajo muy delicado, en el que descubre mínimos detalles para dar a conocer a su personaje en una plenitud conmovedora, más allá de esa profunda maldad que lo caracteriza.

Rodrigo de la Serna construye con severidad, también, la controvertida personalidad de Mozart. Juega muy bien con los variados estados anímicos por los que debe atravesar su criatura. Su labor no es sencilla, con cada personaje de la historia se relaciona con un rostro diferente y, sobre el final, muestra una gran infelicidad.

Verónica Pelaccini no termina de encontrar con la profundidad necesaria a esa esposa de Mozart que se debate entre el amor y el dolor que esa relación le provoca. Aunque con participaciones pequeñas, el resto del elenco consigue construir a sus personajes con destacados aciertos, mostrando un abanico interesante de personalidades muy opuestas.

La escenografía de Alberto Negrín se impone no sólo por su diseño espectacular, sino porque posibilita sintetizar, con mínimos trazos, los diferentes ámbito en los que transcurre la acción.

Fuente: La Nación

Sala: Metropolitan Citi

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